17 de Octubre: Santa Margarita María de Alacoque

 

Santa Margarita de Alacoque, fue la quinta hija de una numerosa familia de nueve, elegida por Cristo para despertar a la Iglesia a la realización del amor de Dios simbolizado por el corazón de Jesús.

Sus primeros años estuvieron marcados por la enfermedad y una dolorosa situación en el hogar. La más pesada de mis cruces fue que no pude hacer nada para aligerar la cruz que sufría mi madre” (enferma con una erisipela en su cabeza que le producía una hinchazón e inflamación muy peligrosas, se veía continuamente cerca de la muerte) . Después de considerar el matrimonio por un tiempo y luego de la muerte de su padre en 1655, fue internada en el pensionado de las religiosas clarisas. Desde entonces empezó a vivir una vida de sufrimiento que supo encauzar hacia Dios: “Sufriendo entiendo mejor a Aquél que ha sufrido por nosotros”, decía.

Un compañera novicia describió a Santa Margarita María de Alacoque como humilde, simple y franca, pero sobre todo, amable y paciente. Tuvo una enfermedad que la inmovilizó durante cuatro años en los que estuvo en cama y de la que se curó milagrosamente por intercesión de la Virgen María: “La Santísima Virgen tuvo siempre grandísimo cuidado de mí; yo recurría a Ella en todas mis necesidades y me salvaba de grandísimos peligros…

Después de mucha dificultades en convencer a sus parientes de su convicción a formar parte de la famosa Orden de las Visitandinas, por fin logró Margarita lo que tanto deseaba, entrar al monasterio de la Visitación de Paray-le-Monial el 20 de junio de 1671.

El 27 de diciembre de 1673, en la festividad de san Juan Evangelista, sor Margarita María, que tenía 25 años, estaba en adoración ante el Santísimo Sacramento. En ese momento tuvo la primera de sus visiones de Jesucristo, que se repetirían durante dos años más, todos los primeros viernes de mes.

En 1675, durante la octava del Corpus Christi, Jesús se le manifestó con el corazón abierto, y señalando con la mano su corazón, exclamó:

“Mi Divino Corazón, está tan apasionado de Amor a los hombres, en particular hacia ti, que, no pudiendo contener en el las llamas de su ardiente caridad, es menester que las derrame valiéndose de ti y se manifieste a ellos para enriquecerlos con los preciosos dones que te estoy descubriendo los cuales contienen las gracias santificantes y saludables necesarias para separarles del abismo de perdición. Te he elegido como un abismo de indignidad y de ignorancia, a fin de que sea todo obra mía”

Durante los siguientes 13 meses, Cristo se le apareció a intervalos. Su corazón humano debía ser el símbolo de su amor divino por el hombre.  Santa Margarita María de Alacoque, lograba compensar la frialdad y la ingratitud del mundo, con la frecuente y amorosa Comunión, especialmente el primer viernes de cada mes, y con una vigilia de oración cada jueves por la noche en memoria de su agonía en Getsemaní. También pidió que se instituyera una fiesta de reparación.

Como todos los santos, Margarita tuvo que pagar un alto precio por su don de santidad. Algunas de sus propias hermanas del convento le eran hostiles. Los teólogos que fueron convocados declararon que sus visiones eran delirantes y le sugirieron que comiera más frecuentemente. Más tarde, los padres de niños a quienes ella enseñaba la tildaron de impostora, una innovadora poco ortodoxa.  Cristo la había  llamado a ser una víctima sacrificial por las deficiencias de sus propias hermanas.

Después de servir como maestra novicia y asistente superiora, en la tarde del 17 de octubre del 1690, habiendo Margarita previamente indicado esta fecha como el día de su muerte, encomendó su alma a su Señor, quien ella había amado con todo su corazón. Muere entre 7 y 8PM. Tenía 43 años de edad y 18 años de profesión religiosa. Sus últimas palabras serían :

“No necesito nada más que a Dios, y perderme en el corazón de Jesús”.

Oración a Santa Margarita María Alacoque

Oh Dios que por una bondad inefable quisisteis manifestar a los hombres los inmensos bienes que en tiempo y eternidad conseguirán por la devoción al Corazón de Jesucristo vuestro Divino Hijo, y os valisteis de vuestra sierva Santa Margarita María para darlo a conocer; os suplico me concedáis por su intercesión que yo la practique amando y desagraviando al Corazón Divino, para que, sirviéndoos fielmente durante mi vida, logre poseeros en la bienaventuranza, donde vivís y reináis con el Hijo y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.
Amén.

 

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