15 de Mayo: San Isidro Labrador


San Isidro labrador

San Isidro Labrador


Día celebración: 15 de mayo.
Lugar de origen: Madrid, España.
Fecha de nacimiento: 1082.
Fecha de su muerte: 30 de noviembre de 1172.
Santo Patrono de: Madrid, labradores.


Contenido

– Introducción
– San Isidro labrador, devoto cristiano y buen trabajador
– Caridad de San Isidro Labrador para con el prójimo
– Resucita a su propio hijo
– Muerte y más prodigios
– Glorificado por los reyes de la iglesia
– Oración a San Isidro Labrador


Introducción

El glorioso San Isidro Labrador, patrono de los labradores, tan popular en España donde tantos y tan portentosos milagros ha obrado en favor de sus devotos, nació en Madrid, a fines del siglo XI, de padres muy pobres en bienes de fortuna, pero temerosos del Señor.

Sus enseñanzas y ejemplos movieron desde muy temprana edad al hijo que el Señor les había dado a grande horror al mal y encendido amor a Dios. No pudo darse al estudio por ser de familia pobre; pero el mismo Espíritu Santo quiso alumbrar con su divina luz el alma de aquel santo mancebo que buscaba a Dios con corazón puro y sencillo.

Cuando pudo entregarse a la ruda labor del campo, le pusieron a servir a un caballero de Madrid, llamado Iván de Vargas, para cultivar sus tierras de Carabanchel. Determinó casarse y lo hizo con María Toribia, que era también de muy humilde condición, y servia en casa de una honrada familia de Madrid. Era una virtuosísima doncella, muy digna de tan santo esposo, pues llevó vida muy santa y hoy es venerada, como su esposo, en los altares, con el nombre de Santa María de la Cabeza. La Iglesia española celebra su fiesta el 8 de septiembre.

Vivieron sucesivamente en Torrelaguna y en Madrid, señalándose siempre por su perfecta concordia, gran caridad y singular devoción.

San Isidro labrador, devoto cristiano y buen trabajador

Pasaba San Isidro labrador muchas horas en oración, sin por eso perjudicar a las demás obligaciones de su estado, cumpliéndolas con suma exactitud. Para ello echaba mano de dos medios eficaces. Era el primero levantarse muy de madrugada; así justificaba el proverbio: «Al que madruga, Dios le ayuda», El segundo medio era no perder ni un minuto del día y aplicarse con ardor a todas sus tareas.

Nunca ni por nada dejó las prácticas piadosas que se había impuesto. Los domingos y días festivos los consagraba al Señor, asistiendo muy devotamente a los divinos oficios y oyendo el sermón con avidez y mucho fruto para su alma; no obstante ser aldeano y sin letras, dedicaba esos días largas horas a la meditación de los divinos misterios. a los demás días de la semana, ya desde el amanecer solía visitar tas principales iglesias de Madrid: «ningún día iba al campo sin haber oído misa y orado con gran fervor al Señor y la Virgen María», dice el diácono Juan, su historiador.

Para recuperar el tiempo gastado en ejercicios piadosos, trabajaba luego con más ardor, de suerte que al final de la jornada llevaba buena ventaja en la labor a los demás peones, los cuales, por la envidia que le tenían, quisieron ponerle mal con su amo y fueron a decirle:

«Dignísimo señor, el peón Isidro, que cobra jornal por labrar los campos de vuestra merced, en lugar de ir al trabajo cuando debe, se levanta antes de amanecer y, so pretexto de peregrinaciones y rezos que dice que tiene que hacer, se va a visitar todas las iglesias de Madrid. Ya está muy entrado el día cuando viene a trabajar, y así no hace ni fa mitad de la labor. Mire su merced: si se lo decimos, no es porque malqueremos a Isidro; es para provecho de la hacienda y porque miramos por ella.»

Al oír eso, Iván de Vargas se puso furioso, fue a ver a Isidro y le reprendió severamente. A esto, San Isidro Labrador repuso:

«Dignísimo dueño y señor mio, sirvo a su merced fielmente y me considero muy honrado al tenerle por amo y señor; pero ni puedo, ni quiero descuidar de ningún modo mis obligaciones con Dios y los Santos. Si teme su merced que por acudir yo tarde al trabajo disminuya su hacienda, le indemnizaré con mi salario de todo el daño que al parecer de los demás peones haya ocasionado en las cosechas. Le ruego. pues, porque ya sé que es un hombre honrado, que no se enfade conmigo, porque lo que doy a Dios, no traerá perjuicio a su merced.»

Con este discurso se calmó por entonces el amo; volvió a casa, pero resuelto a seguir mas de cerca a su criado para ver por si mismo lo que pasaba. Por lo que toca a San Isidro Labrador, tenia muy arraigada la devoción para desanimarse por los sucedido. Su ánimo permaneció sereno y sosegado, no interrumpió sus visitas a las iglesias y siguió rezando como solía, pensando en las palabras de nuestro Señor:«Buscad ante todo el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura.»

Caridad de San Isidro Labrador para con el prójimo

Pero si amaba a Dios, mejor dicho, porque amaba mucho a Dios, tenia también grande caridad con el prójimo y más con los pobres. Aunque pobre, se privaba de lo necesario para poder socorrer a otros más necesitados. Tan grata era a Dios su caridad, que antes obraba milagros que consentir en que su siervo no puliese dar limosna.

Un sábado vino un pobre a pedirle limosna después que el Santo había ya dado a otros menesterosos todo lo que tenia de comer. ¿Qué aflicción para el caritativo Isidro! Despediría a aquel en ayunas? Eso no. «Te ruego por Dios, hermana —dijo a su mujer—, que si sobró algo de la olla, des de comer a este pobre.»

Ella, tenía por seguro de que no había sobrado nada, pero fue a la cocina y trajo fa olla para mostrarla ya vacía a su marido, Pero —¡oh maravilla!— donde nada había antes, halló tal provisión de comida que no sólo pudo saciar el hambre del pobre que había recurrido a ultima hora a nuestro bienaventurado, sino fa de otros muchos indigentes, atraídos por tan extraordinario milagro.

De esta manera favorecía el Señor a su siervo, que algunas veces se quedaba sin comer por darlo todo a los pobres. Otro relato descubre el bondadoso corazón de San Isidro Labrador. Un día muy riguroso de invierno, iba a moler trigo al molino; vio desde el sendero en unos árboles gran multitud de palomas torcaces, las cuales parecían muy inquietas por no hallar comida, pues el campo estaba cubierto de nieve, de suerte que aquellas avecillas se morían de hambre.

Movido a compasión, limpió con tos pies y las manos la tierra apartando la nieve, y del trigo que Ilevaba derramé gran cantidad, para que fuesen allí a comer. Un hombre que le acompañaba hizo mucha burla de San Isidro Labrador y le reprendió por malgastar tanto trigo. Pero el Señor juzgó aquella misericordia de muy otra manera; al llegar al molino vieron que no se hallaban faltos los costales del caritativo labrador, sino enteros y llenos.

Pero el milagro que dio mis que hablar fue el que ahora referiremos. El Santo era miembro de una cofradía y, como tal, fue convidado por los cofrades a comer cierto día que tenían costumbre de hacerlo juntos. San Isidro Labrador, en vez de ir inmediatamente a comer, se detuvo en las iglesias, como solía, para cumplir sus devociones, y allí permaneció largas horas. Entretanto comieron los otros, guardando a San Isidro Labrador su parte.

Vino después el Santo y, hallando a la puerta unos pobres que esperaban limosna, los metió consigo. Cuando entraban. habían comido ya los cofrades.

— Pero, hombre —le dijeron—, a quién se le ocurre llegar aquí a estas horas con tantos pobres, sino queda mas comida que la que hemos guardado para ti?

—No hagáis caso —repuso Isidro—; lo que Dios nos diere y eso que me habéis guardado, lo partiremos entre nosotros. Fue la servidumbre a toda prisa por lo que habían dejado en la cocina para el Santo, y quedaron pasmados al hallar no ya la parte de una, sino las ollas llenas de carne, y comida, bastante para todos aquellos pobres y otros tantos que luego llegaron. Acabada la comida, se despidió de todos el Santo y corrió a la iglesia de Santa María Magdalena a dar gracias al Señor por haberle asistido tan misericordiosa y oportunamente.

 

Resucita a su propio hijo

Tenía San Isidro Labrador tan buen corazón, y una fe tan viva e ingenua, que cada vez que deseaba conseguir algo del Señor, no dudada de alcanzarlo. Por grandes y muchos trabajos que tuviese entre manos, nunca quiso dispensarse del ayuno eclesiástico. Guardaba fielmente la castidad conyugal y vivía santamente con su virtuosísima esposa y ambos se edificaban mutuamente en los buenos ejemplos que se daban. El Señor entonces les concedió un hijo, al que criaban en la piedad y virtudes.

Se cuenta que cierto día mientras el padre trabajaba en el campo, aquel pobre cayó en un pozo muy hondo, donde se ahogó. Llegó San Isidro Labrador del trabajo y viendo a su esposa muy llorosa, supo por ella lo que pasaba. También en ese trance triunfó la fe del santo. Arrodillándose los dos esposos junto al  brocal del pozo y oraron fervorosamente. Por cierto que debió ser su plegaria muy aceptada por el Señor, pues al momento creció el agua del pozo hasta el brocal, subiendo al hijo a salvo sobre las aguas. Entonces San Isidro Labrador tomándole por la mano, lo sacó sano y bueno.

Muerte y más prodigios

Finalmente llegó el tiempo en que quiso el Señor premiar la caridad y virtudes de su siervo, el cual cayó malo de grave enfermedad. Conoció que se le acercaba el ultimo día de su vida, se confesó entonces humildemente todas las culpas que creía haber cometido, recibió el santo Viático con extraordinaria devoción, exhorté a su esposa y a su hijo a la perseverancia en la piedad y caridad con los prójimos, y ordené sus cosas que eran pocas y pobres.

Hirió muchas veces su pecho con gran dolor y ternura, juntó las manos, compuso todo su cuerpo y, cerrados los ojos, entregó su espíritu al Creador, siendo ya muy lleno de años y de virtudes. Ocurrió su muerte a 10 de mayo de 1170.

Fue sepultado su sagrado cadáver en el cementerio de la iglesia de San Andrés de Madrid, que era la postrera que solía visitar cada día antes del trabajo. Allí permaneció por espacio de cuarenta años con tanto olvido, que en tiempo de lluvias pasaba como un arroyo de agua sobre su sepultura, llevándose la tierra de ella, de manera que la henchía toda el agua, que casi llegó a descubrir el cuerpo.

Plugo luego al Señor honrar a su siervo y publicar milagrosamente su santidad en el mundo; porque, pasados los cuarenta años de su muerte, se apareció el siervo de Dios a un pariente suyo, sacristán de aquella iglesia; le señaló el lugar preciso donde descansaban sus restos, y le mandó que hiciese desenterrar el cuerpo y trasladarlo a la iglesia de San Andrés.  Pero aquel hombre se acordé que Isidro no había sido sino un pobre labrador, y así no dio crédito a sus palabras, y rehusó publicar esta revelación temiendo no ser a su vez creído.

Su descuido y falta de fe fueron castigadas: le sobrevino una grave enfermedad de la que no sanó hasta el día de la traslación de las reliquias de San Isidro Labrador. Entretanto, el Santo se apareció a una santa y noble matrona de Madrid.y le dio el mismo encargo. Ella, mas obediente, comunicó muy presto que el Santo le había revelado. Todos se acordaron de haberle visto, otros de haber oído contar la vida santa y portentosa del siervo de Dios.

Fueron todos con gran devoción al cementerio, cavaron y descubrieron la sepultura del Santo, y hallaron el sagrado cuerpo integro, sin la menor señal de corrupción: la mortaja estaba también como nueva. Aquellas preciosas reliquias exhalaban suavísima fragancia.

Fue grande la devoción y alborozo que causé a todos aquel prodigio. No pudieron contener en sus pechos la admiración y prorrumpieron en alabanzas al Señor. Trasladaron el sagrado cuerpo a la iglesia de San Andrés y lo depositaron junto al altar del santo Apóstol, en un magnifico sepulcro digno del precioso depósito que en él encerraban. Al tiempo que le trasladaban, tocaron las campanas de la iglesia de San Andrés por si mismas, sin manos de hombres ni otro artificio humano.

Noticiosos de estos prodigios, algunos pobres tullidos y ciegos que solían estar en la calle pidiendo limosna a los transeúntes, se fueron allí como mejor pudieron, acudiendo a la sepultura vacía donde estuvieron las reliquias del Santo y, tomando tierra de ella, tocaron con viva fe sus miembros doloridos y enfermos, con lo cual sanaron milagrosamente.

Con estas maravillas tuvieron todos al siervo de Dios por santo, mucho tiempo antes de que fuese canonizado, y empezaron a decir misa de él, y a dedicarle templo con aprobación de los prelados.
el

Glorificado por los reyes de la iglesia

Más de tres siglos después de estos sucesos, en el año de 1504, al abrir el sepulcro de San Isidro Labrador, ante los legados pontificios, se halló nuevamente su cuerpo entero e incorrupto; también esta vez se exhaló de las sagradas reliquias suavísima fragancia que se esparció por el ambiente.

La iglesia que guarda el precioso tesoro del Santo vino a ser muy concurrido lugar de peregrinación; innumerables milagros ha obrado el Señor en todas las épocas por intercesión de San Isidro Labrador, ya en su sepulcro, ya por el agua milagrosa de que antes hablamos.

Muchas veces alcanzaron los madrileños la cesación de pertinaz sequía por mediación de su santo Patrono. En tales trances, sacaban el sagrado cuerpo, y al son de salmos y otros devotos cánticos lo exponían a la pública veneración delante del presbiterio; luego lo llevaban procesionalmente por las calles, en medio de gran concurso de fieles que acudían a implorar la divina misericordia por los merecimientos de San Isidro Labrador, y muy presto solía enviarles el Señor copiosa lluvia.

Los años de 1275 a 1426, se libró Madrid de una espantosa hambre merced a estas devotas procesiones. Los historiadores del Santo traen el relato de innumerables curaciones y favores de todo género, sacados de los archivos de la iglesia de San Andrés. Los encargados del servicio de dicha iglesia, oyeron muchas veces armonías celestiales sobre su sepulcro.

Pronto fue unánime el deseo de ver al santo labrador glorificado por la Iglesia y puesto sobre los altares. Ya el año de 1545, con aprobación del papa Paulo III, fue encerrado el sagrado cuerpo en un sepulcro nuevo.

Otros reconocimientos de las reliquias de San Isidro Labrador se llevaron a efecto los años de 1567 y 1595. En el intervalo, el año de 1593, a raíz de una carta personal que el rey don Felipe II envió a su embajador en Roma,el arzobispo de Toledo nombró un apoderado que recogiese informes para el proceso de beatificación de San Isidro Labrador

El papa Paulo V, por Breve de 14 de junio de 1619, otorgó el titulo de Beato a este humilde peón labrador. De allí en adelante, su fiesta, que se celebraba el domingo de Cuasimodo, en recuerdo de la primera traslación de sus reliquias, se celebró el día 15 de mayo.

El mes de noviembre del mismo año 1619, el rey don Felipe III, de regresó de un viaje a Lisboa, cayó gravemente enfermo en Casarrubios del Monte. Llevaron de Madrid el sagrado cuerpo de San Isidro Labrador con gran honor y acompañamiento, y lo depositaron en el aposento real. El rey sanó milagrosamente, y pasados algunos días acompañó él mismo las santas reliquias hasta Madrid.

El rey don Felipe III, muy agradecido al Santo por el insigne favor recibido, hizo las últimas instancias para la canonización del bienaventurado San Isidro Labrador, el cual fue finalmente elevado a los altares por el papa Gregorio XV, a 12 de marzo del año 1622, juntamente con San Felipe Neri y tres compatriotas de Isidro, insignes glorias de España, San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier y Santa Teresa de Jesús. Es San Isidro Labrador patrón adecuado para los labradores, de quienes es dechado incomparable.

Oración a San Isidro Labrador

Bienaventurado Isidro, que habitas hoy la celestial morada en justo premio de tu singular piedad, caritativo celo y santidad de vida, sin que para practicar dichas virtudes fueran obstáculo las ocupaciones a que tenías que dedicarte para ganar el necesario sustento, tanto para ti, como para tu venerada esposa, María de la Cabeza:

Te suplicamos que seas nuestro intercesor para con el Altísimo, a fin de que este divino Señor se apiade de nuestras miserias, y, por un acto de su infinita bondad, nos conceda vivir en paz en esta vida, y que gocemos en la otra las eternas delicias de la gloria.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

San Isidro Labrador | Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.