15 de Enero: San Pablo Ermitaño


San Pablo Ermitaño

San Pablo ermitaño, fue también conocido como Pablo el egipcio o Pablo de Tebas y habría nacido en en Tebaida, una región que queda junto al río Nilo en Egipto y que tenía por capital a la ciudad de Teba. alrededor de 227.

La historia de su vida se cuenta en el libro La vida de san Pablo el primer ermitaño (Vitae Patrum Vita Pauli primi eremitae) fue compuesta en latín por San Jerónimo, probablemente en 375–376.

En el año 250 estalló la persecución de Decio, que trataba no tanto de que los cristianos llegaran a ser mártires, sino de hacerlos renegar de su religión. En estas circunstancias, Pablo  y su hermana perdieron a sus padres. Para obtener la herencia de Pablo, su cuñado buscó traicionarlo entregándolo a los perseguidores. Según el Vitae PatrumPablo huyó al desierto de Tebas.

Allá encontró unas cavernas donde varios siglos atrás los esclavos de la reina Cleopatra fabricaban monedas. Escogió por vivienda una de esas cuevas, cerca de la cual había una fuente de agua y una palmera. Las hojas de la palmera le proporcionaban vestido. Sus dátiles le servían de alimento. Y la fuente de agua le calmaba la sed. Así viviría hasta los  43 años, cuando un Cuervo comenzó a traerle media barra de pan todos los días. Permanecería en esa cueva por el resto de su vida, casi cien años.

Después de pasar allí en el desierto orando, ayunando, meditando, por más de setenta años seguidos, ya creía que moriría sin volver a ver rostro humano alguno, y sin ser conocido por nadie, cuando Dios dispuso cumplir aquella palabra que dijo Cristo: «Todo el que se humilla será engrandecido» y sucedió que en aquel desierto había otro ermitaño haciendo penitencia. Era San Antonio Abad.

Y una vez a este santo le vino la tentación de creer que él era el ermitaño más antiguo que había en el mundo, y una noche oyó en sueños que le decían: «Hay otro penitente más antiguo que tú. Emprende el viaje y lo lograrás encontrar». Antonio madrugó a partir de viaje y después de caminar horas y horas llegó a la puerta de la cueva donde vivía Pablo. Este al oír ruido afuera creyó que era una fiera que se acercaba, y tapó la entrada con una piedra. Antonio llamó por muy largo rato suplicándole que moviera la piedra para poder saludarlo.

San Pablo Ermitaño

San Antonio Abad visita a San Pablo Ermitaño. Wikimedia Commons.

Al fin Pablo salió y los dos santos, sin haberse visto antes nunca, se saludaron cada uno por su respectivo nombre. Luego se arrodillaron y dieron gracias a Dios. Y en ese momento llegó el cuervo trayendo un pan entero. Entonces Pablo exclamó: «Mira cómo es Dios de bueno. Cada día me manda medio pan, pero como hoy has venido tú, el Señor me envía un pan entero.»

Se pusieron a discutir quién debía partir el pan, porque este honor le correspondía al más digno. Y cada uno se creía más indigno que el otro. Al fin decidieron que lo partirían tirando cada uno de un extremo del pan. Después bajaron a la fuente y bebieron agua cristalina. Era todo el alimento que tomaban en 24 horas. Medio pan y un poco de agua. Y después de charlar de cosas espirituales, pasaron toda la noche en oración.

A la mañana siguiente Pablo anunció a Antonio que sentía que se iba a morir y le dijo: «Vete a tu monasterio y me traes el manto que San Atanasio, el gran obispo, te regaló. Quiero que me amortajen con ese manto». San Antonio se admiró de que Pablo supiera que San Atanasio le había regalado ese manto, y se fue a traerlo. Pero temía que al volver lo pudiera encontrar ya muerto.

Cuando ya venía de vuelta, contempló en una visión que el alma de Pablo subía al cielo rodeado de apóstoles y de ángeles. Y exclamó: «Pablo, Pablo, ¿por qué te fuiste sin decirme adiós?». (Después Antonio dirá a sus monjes: «Yo soy un pobre pecador, pero en el desierto conocí a uno que era tan santo como un Juan Bautista: era Pablo el ermitaño»).

Cuando llegó a la cueva encontró el cadáver del santo, arrodillado, con los ojos mirando al cielo y los brazos en cruz. Parecía que estuviera rezando, pero al no oírle ni siquiera respirar, se acercó y vio que estaba muerto. Murió en la ocupación a la cual había dedicado la mayor parte de las horas de su vida: orar al Señor.

Antonio se preguntaba cómo haría para cavar una sepultura allí, si no tenía herramientas. Pero de pronto oyó que se acercaban dos leones, como con muestras de tristeza y respeto, y ellos, con sus garras cavaron una tumba entre la arena y se fueron. Y allí depositó San Antonio el cadáver de su amigo Pablo.

San Pablo murió el año 342 cuando tenía 113 años de edad y cuando llevaba 90 años orando y haciendo penitencia en el desierto por la salvación del mundo. Se le llama el primer ermitaño, por haber sido el primero que se fue a un desierto a vivir totalmente retirado del mundo, dedicado a la oración y a la meditación.

San Pablo Ermitaño

San Antonio y los dos leones entierran el cuerpo de san Pablo Ermitaño. Dominio Público.

San Antonio Abad, regresó entonces  a su monasterio llevando consigo la túnica tejida con hojas de palma que perteneciera a San Pablo Ermitaño. Honró tanto la túnica que solo la usó dos veces al año: en la fiesta de Pascua y en el día de Pentecostés.

San Pablo el ermitaño con su vida de silencio, oración y meditación en medio del desierto, ha movido a muchos a apartarse del mundo y dedicarse con más seriedad en la soledad a buscar la satisfacción y la eterna salvación.

Oración  San Pablo Ermitaño

Oh Señor: Tu que moviste a San Pablo el primer ermitaño a dejar las vanidades del mundo e irse a la soledad del desierto a orar y meditar, concédenos también a nosotros, dedicar muchas horas en nuestra vida, apartados del bullicio mundanal, a orar, meditar y a hacer penitencia por nuestra salvación y por la conversión del mundo. Amen.

San Pablo Ermitaño | Fuentes

https://www.ewtn.com/spanish/Saints/Pablo_Hermita%C3%B1o.htm
https://en.wikipedia.org/wiki/Thebes,_Egypt