13 de Mayo: San Roberto Belarmino, Arzobispo


San Roberto Belarmino,

San Roberto Belarmino, Arzobispo


Día celebración: 13 de mayo / 17 de setiembre
Lugar de origen: Montepulciano, Italia.
Fecha de nacimiento: 4 de octubre de 1542. 
Fecha de su muerte: 17 de septiembre de 1621.
Santo Patrono de: Canonistas, catequistas, catecúmenos.


Contenido

– Introducción
– El colegio y la vocación
– Vida religiosa | Estudiante y profesor
– En Lovaina | Triunfos del predicador
– En Roma | Las «Controversias»
– Viaje a Francia
– Cardenalato
– Dos cónclaves | Postreros años y muerte
– Su causa de beatificación
– Oración a San Roberto Belarmino


Introducción

San Roberto Belarmino fue natural de Montepulciano de Toscana, donde nació el 4 de octubre del año 1542. Le bautizaron el mismo día, y le llamaron Roberto Francisco Rómulo, por su padrino Roberto Pucci, obispo de Pistoya y Cardenal, por San Francisco de Asís, cuya fiesta era ese día, y por un tío suyo llamado Rómulo.

Escuela de virtudes fue para el Santo su propia familia. Su padre Vicente era honesto y moderado gentil hombre y cristiano ferventísimo, entregado totalmente a sus deberes de ciudadano y de padre. La madre de Roberto se llamaba Cintia Cervini; era hermana del cardenal Marcelo Cervini el «cardenal de Santa Cruz», que después fue el papa Marcelo I.

Tuvo Cintia doce hijos, que crió en la virtud y temor de Dios. Roberto nació el tercero. Mucho temieron por su vida durante la niñez, pues era de complexión débil y enfermiza. Merced a las lecciones y ejemplos de piedad que le daban sus progenitores, creció muy luego en el corazón de Roberto el gusto por las cosas espirituales. Ya sus primeras inclinaciones y aficiones daban que seria andando los años.

Le gustaba referir la historia de la Pasión de Nuestro Señor delante de su madre y hermanos, y aun los labriegos de los alrededores acudían muchas veces a oírle, atraídos por la elocuencia de aquel inocente predicador de solos seis años de edad. El Espíritu Santo reinaba en su alma y le inspiraba fuerte inclinación a la piedad, trabajo y penitencia.

«Roberto me encargó que pusiera cada noche junto a su camita cuanto necesitaba para encender él mismo ta lamparilla»—refiere su hermana Camila. El Oficio parvo de la Virgen María y la meditación, cuando supo hacerla, eran los primeros ejercicios de San Roberto de Belarmino cada mañana.

Visitaba a menudo al Santísimo, dando ya en su temprana edad señales de una devoción que guardó toda la vida. También observaba los ayunos de Cuaresma, Adviento y vigilias, aunque no estaba obligado a ello y aun con peligro de su delicada salud, mostrando así desde su niñez grande amor a la Iglesia y respeto sumo a las leyes eclesiásticas.

 

El colegio y la vocación

A los catorce años de edad entró San Roberto Belarmino en el colegio de los Jesuitas de Montepulciano, el año de 1555, dos años después de muerto su tío el papa Marcelo II, cuyo pontificado solo duró veintidós días.

Por malquerencia y envidia trataban por entonces algunos enemigos del colegio de desacreditar la enseñanza de los Padres. El niño San Roberto Belarmino, cuyo agudo ingenio y afición a la poesía eran notorios, se entendió con algunos de sus condiscípulos y se ofreció para tener examen público y lucha escolar en toda regla con los alumnos sobresalientes de las demás escuelas de Montepulciano, como así se hizo, logrando los alumnos de los Jesuitas señalado triunfo en presencia de sinnúmero de espectadores.

La fama e influencia del santo joven crecieron sobremanera desde aquel día. Varias veces tuvo que hablar en la junta de los señores principales de la ciudad. «Vamos —decían—, vamos a oír predicar a un ángel».

El, de por si, solía echar mano de todas las ocasiones de ser apóstol. Se representó un drama en el colegio cierto día de carnaval, y a San Roberto Belarmino le tocó personificar a la Iglesia. Habló con tanta energía y tan encendida elocuencia contra las peligrosas diversiones de aquellos días, que muchos decían que aquel año «el carnaval se convirtió».

Acabados sus estudios en el colegio de Montepulciano, pensaba Roberto seguir los cursos de la Universidad de Padua, pero el Señor le llamó a la Compañía de Jesús. Esta vocación imprevista desbarataba de tal manera los designios de don Vicente, que al principio negó a su hijo la licencia necesaria; sólo al cabo de un año de respetuosas instancias pudo San Roberto Belarmino obedecer al divino llamamiento.

El año de 1560 ingresó en el Colegio Romano, fundado en Roma hacia nueve años por San Ignacio de Loyola, con la ayuda pecuniaria del duque de Gandia, que fue luego San Francisco de Borja.

Vida religiosa | Estudiante y profesor

Fruto de las últimas luchas que tuvo que sostener el valeroso mancebo, fue el desasirse más y más del siglo y purificar como en crisol los afectos de su corazón. Por eso juzgaron los Superiores poder abreviar para el joven San Roberto Belarmino el tiempo de probación. Le dedicaron luego a los estudios; se dio a ellos el joven religioso con toda su alma, no obstante las graves enfermedades que padeció por entonces, siendo para él esta época de su vida continuo martirio. Felizmente, compensaba su extraordinario ingenio la falta de salud, y logró aventajar a los demás en los estudios.

El año de 1563, le enviaron a enseñar retórica en el colegio de Florencia. Pesada carga era ésta para el enfermizo religioso; a vista de su flaqueza fue a postrarse a los pies de Jesús Sacramentado: «Señor —le dijo—, no quisiera morir todavía, por cuanto aun deseo trabajar en servicio vuestro». Al punto oyó Nuestro Señor la suplica de su siervo.

Se levantó San Roberto Belarmino como trocado en otro hombre, lleno de vigor y fortaleza. Viéndose ya con salud suficiente para darse al trabajo conforme a los anhelos de su ardiente celo y, dando gracias al Señor por aquel beneficio, se entregó totalmente al servicio de sus alumnos, y fue por espacio de cuatro años, primero en Florencia y luego en Mondovi, desde noviembre del año 1564, dechado perfecto de profesores cabales.

En Lovaina | Triunfos del predicador

En más dilatado campo de apostolado iba a trabajar en breve el sabio y santo jesuita. Dos años estuvo estudiando en Padua; pero aun antes de que acabase la Teología, fue elegido por San Francisco de Borja, General de la Compañía de Jesús, para ir a predicar a la ciudad de Lovaina, muy amenazada entonces de caer en la herejía protestante.

Tres mil estudiantes frecuentaban las aulas de la famosa Universidad, adonde llegó San Roberto Belarmino por el mes de mayo de 1569. Cerrar el paso a la herejía y reparar los estragos ya causados por ella, tal era la misión de Belarmino; difícil misión por ser canciller de la Universidad Miguel Bayo, el cual, si bien no era hereje declarado, enseñaba doctrinas semejantes en muchos puntos a las de Lutero y Calvino.

Insospechado fruto logró el Santo con su predicación y enseñanza. Pueblo y estudiantes acudían en tropel a la iglesia de San Miguel para oír sus sermones, contándose por miles sus oyentes. Pronto fueron también de las ciudades vecinas, y aun de Holanda e Inglaterra. Muchísimos herejes se convirtieron; no pocos estudiantes se convencieron de la vanidad y peligros del siglo, al cual abandonaron para abrazar la vida religiosa.

El señor obispo de Lieja ordenó al padre San Roberto Belarmino de menores y sub-diácono; el de Gante le confirió el diaconado, y el Sábado Santo del año 1570, el presbiterado. El mismo año profesó en la Compañía con los tres votos religiosos, y pasados dos años, le admitieron a los cuatro votos.

Era el padre Belarmino tan pequeño, que para predicar mandaba poner una tarima en el púlpito, pero aun de ello sacaba la ventaja, para él preciosa, de pasar inadvertido entre el publico, y aun a la vista de sus ordinarios oyentes.

En Roma | Las «Controversias»

Día tras día iba extendiéndose la fama del sabio y santo jesuita. San Carlos Borromeo lo pedía para la ciudad de Milán; el célebre Colegio Clermonte de París, lo deseaba también para profesor; pero los Superiores juzgaron que seria de mas provecho en Lovaina. Por espacio de seis años (1570-1576) comentó a Santo Tomas de Aquino. Pidió luego ir a Roma, donde le dieron la cátedra de controversias, recién fundada por Gregorio XIII, en el Colegio Romano.

Desempeño este nuevo cargo con tan extraordinaria maestría y provecho, que tos Superiores le mandaron publicar sus lecciones. Toda la obra era una defensa a toda luz de la Iglesia Católica, de su constitución, jefe y doctrina, y a la vez impugnación y refutación de la herejía protestante.

Tuvo salida extraordinaria. En treinta años se agotaron veinte ediciones. Católicos y protestantes hablaban del padre Belarmino; aquéllos, con admiración y gratitud; éstos, con despecho y espanto.

«Belarmino mereció llamarse Martillo de los herejes, por haber reducido a polvo el error con sus escritos» —dijo el papa Benedicto XIV. Y San Francisco de Sales, a quien Roberto conoció y hubiera nombrado Cardenal si él fuera Papa, decía: «Cinco años prediqué en Chablais, sin más libros que la Biblia y Belarmino.

Los cardenales Perrón, César Baronio, y Ubaldini, legado del Papa en Francia, y el padre Cornelio Van den Steen (Cornelio a Lápide), se hacían lenguas hablando de San Roberto Belarmino. Por lo que a los protestantes se refiere, sus palabras y obras pregonaban en cuánto tenían las Controversias del Santo. «Este es el libro que nos ha herido de muerte» —declaraba Teodoro de Beza refiriéndose a la obra publicada por el padre Belarmino.

La reina Isabel de Inglaterra fundó una cátedra para impugnar la doctrina del ilustre jesuita, pero fue en balde. Entonces prohibió con pena de muerte las Controversias a quienes no eran Maestros en Teología.

Esta severidad no impidió que el libro se vendiera; un librero protestante de Londres solía decir: «Este jesuita solo, me hace ganar más dinero que todos nuestros doctores juntos», Finalmente, el padre Cotón asegura que así en Francia como en Inglaterra, los herejes solían llamar a los católicos indistintamente papistas o belarministas.

El año de 1587, nombraron a San Roberto Belarmino consultor de la Sagrada Congregación para la revisión de la Vulgata.

Viaje a Francia

El Sumo Pontífice fundador de la cátedra de Controversias, atento siempre a procurar el bien general de la Iglesia, se interesaba por entonces en la contienda movida entre la Liga y Enrique de Borbón, después del asesinato de Enrique III. El año de 1590, el papa Sixto V, partidario al principio de la Liga, envió como legado suyo al cardenal Gaetani, para que examinase el estado religioso de aquella nación. Al mismo tiempo nombró para acompañarle en calidad de Teólogo al padre San Roberto Belarmino, con el cual había colaborado para editar las obras de San Carlos Borromeo.

Nuestro Santo trabajó para apartar el peligro del cisma y, examinadas todas las circunstancias, se declaró en favor del rey protestante Enrique de Navarra. Padeció mucho en Francia, y mas durante el sitio de París por los bearneses; pero de todo ello se consolaba al ver la religiosidad de los franceses, cuya piedad y devoción solía encomiar y ponderar.

Cardenalato

Peleando contra el protestantismo gasté San Roberto Belarmino sus mejores años; pero todavía no había llgado para el ilustre apóstol la hora del descanso. Al volver a Roma lo nombraron confesor del Colegio Romano; allí dirigió y confesó a San Luis Gonzaga, le ayudé a morir santamente y trabajé luego con denuedo en su beatificación.

Fue rector de dicho Colegio desde el mes de diciembre de 1592, y después provincial de Nápoles desde 1594. A todos, superiores e inferiores, edificaba constantemente con su afabilidad, sencillez, discreción e incansable caridad. El papa Clemente VIII le volvió a llamar a Roma, donde nuevamente desempeño el cargo de rector del Colegio Romano. Lo nombró teólogo pontificio, y en 1599 le elevó al cardenalato. En esta ocasión hizo el Papa el elogio del ilustre jesuita con estas palabras:

«Lo hemos elegido, porque en la Iglesia de Dios y tocante a ciencia no hay quien le iguale».

Más adelante, el nuevo príncipe de la Iglesia, fue miembro de las Congregaciones del Santo Oficio, Ritos e Índice, y de otras dos Congregaciones romanas fundadas para la revisión del Breviario romano y el examen del matrimonio de Enrique IV; digna de mención es la memoria que envió a Clemente VIII, acerca de los abusos que había que cortar en la Iglesia.

El mismo Sumo Pontífice le nombró arzobispo de Capua, y le consagró el 21 de abril del año 1602. Sólo tres años ocupó aquella silla, o sea hasta la muerte de Clemente VIII, 3 de marzo de 1605. En el desempeño de aquellos altos cargos, ya en Roma, ya en la diócesis de la que momentáneamente fue pastor, San Roberto Belarmino supo hermanar las conveniencias de su estado con las exigencias de su profesión religiosa.

Como era de conciencia delicadísima, sabia prevenir las vanas complacencias del amor propio dándose a mayores privaciones y austeridades. No quiso nunca ceder a las importunas solicitaciones de sus deudos, los cuales pretendían tener derecho a que les ayudase mostrándose liberal con ellos. «Los bienes de la Iglesia son de la Iglesia y de los pobres —solía contestarles—; yo soy únicamente administrador de los mismos».

Dos cónclaves | Postreros años y muerte

Como miembro del Sacro Colegio, asistió San Roberto Belarmino a los dos Cónclaves del año 1605 para la elección de los papas León XI (Octaviano de Médicis) y Paulo V (Camilo Borghese); el mismo Santo tuvo no pocos votos favorables. Paulo V le retuvo en Roma y le nombró miembro de una Congregación recién fundada y encargada de estudiar la cuestión de la predestinación, muy controvertida por entonces.

En aquel tiempo intervino también el cardenal Belarmino con sus escritos en defensa de los derechos de la Santa Sede en materia temporal, contra la república de Venecia y contra Inglaterra; sobre este asunto publicó en Roma un tratado, que fue prohibido el año 1610 por el Parlamento de París. Otro tratado publicó a ruegos del Papa con la firma de un teólogo de Colonia, pero lo quemaron sus enemigos el año 1613.

Los postreros años de su vida gozó de mayor tranquilidad y sosiego. Los aprovechó para dar a la publicidad algunas obras ascéticas; tomó parte en el proceso de Galileo; estudió ta doctrina de la Inmaculada Concepción de María, doctrina a la que llamó «piadosa y santa».

Mucho deseaban los herejes que desapareciese aquel temible adversario, en quien veían, junto con la austeridad e inocencia de vida, incesante actividad que gastaba en los grandes negocios de la Iglesia. Pero con mas vivas ansias anhelaba el Santo dejar este mundo «para vivir con Cristo».

Movido de su ardiente devoción al insigne patriarca San Benito, emprendió la peregrinación al monasterio de Subiaco. Tuvo que ir a caballo parte del camino, y antes de llegar se cayó del caballo y recibió graves heridas, de las que sanó al poco tiempo. Logró de Gregorio XV licencia para retirarse a la casa de San Andrés, que era el noviciado de los Padres Jesuitas de Roma. A los tres días de llegar tuvo que acostarse por sentirse enfermo.

Entendió con esto que se acercaba su muerte. Pidió el Viático, y, a pesar de hallarse sumamente debilitado, quiso recibirlo de rodillas. A los pocos días, el 17 de septiembre de 1621, festividad de las llagas de San Francisco, entregó su espíritu al Señor, mientras repetía el dulcísimo nombre de Jesús.

Gozaba de tan universal fama de santidad, que su entierro antes fue una manifestación de culto popular que un funeral; los soldados mandados para mantener el orden no pudieron contener a la muchedumbre e impedir piadosos hurtos. Fue enterrado su sagrado cuerpo en el Gesú: —iglesia de la Compañía dedicada al Santísimo nombre de Jesús—, primero en el sepulcro de los sacerdotes de la Orden, y luego en la cripta donde descansaba el cuerpo de San Ignacio.

Su causa de beatificación

Los informes preparatorios para la introducción de la causa empezaron a juntarse en Roma inmediatamente, en Montepulciano desde el año 1622, en Capua y en Napoles al año siguiente. El papa Urbano VIII señaló el día 12 de diciembre de 1626 para la introducción de la causa de la beatificación de San Roberto Belarmino, pero detuvo el proceso el famoso decreto del mismo Papa, que exigia un plazo de cincuenta años después del fallecimiento de quien moría en olor de santidad, para introducir la causa.

Se llevó adelante el proceso el año 1675, pero a poco lo estorbó otra vez la muerte de Clemente X. También detuvo su curso el papa Inocencio X, por haberse declarado contra ta heroicidad de sus virtudes diez cardenales de los treinta y ocho que estudiaban la causa. A principios del siglo XVIII, siendo promotor de la fe Próspero Lambertini, que después fue papa con el nombre de Benedicto XIV, la causa de beatificación de San Roberto Belarmino volvió a estudiarse en Roma.

El día 5 de mayo de 1753, a los trece años del pontificado de Benedicto XIV, con su asentimiento se celebró la sesión definitiva de la Sagrada Congregación de Ritos sobre la heroicidad de sus virtudes: de los veintisiete votantes, veinticuatro dieron voto favorable. Fue un triunfo magnifico; pero con el fin de evitar la indignación de los parlamentos europeos por entonces jansenistas o regalistas, Benedicto XIV aplazó la publicación del decreto «a causa de las tristes circunstancias de la época». Nuevos obstáculos impidieron durante el siglo XIX llevar adelante esta causa.

La guerra europea de los años 1914 a 1918, que derribó tronos, sistemas filosóficos y muchos idealismos humanos, no estorbé para nada el paso progresivo de la Iglesia de Cristo. Benedicto XV mandé proseguir la causa del magno y santo apologista, y a 22 de diciembre del año 1920 proclamó la heroicidad de virtudes de San Roberto Belarmino. El Papa, en su discurso, propuso al siervo de Dios como dechado de cardenales, obispos, profesores, religiosos y seglares que se dedican a la Acción Católica.

La ceremonia de beatificación se celebré siendo Sumo Pontífice Pio XI, el 13 de mayo de 1923, y por esto se celebra su fiesta en este día. A su beatificación asistieron los miembros del Sacro Colegio, aunque de ordinario, sólo asisten a ceremonias de esa clase los miembros de la Sagrada Congregación de Ritos.

A 21 de junio del siguiente año, festividad de San Luis Gonzaga, por deseo expreso del Pontífice se trasladó solemnemente el cuerpo del Beato Roberto Belarmino a la iglesia de San Ignacio. Este traslado fue un triunfo. A el asistieron cardenales y muchísimos obispos y prelados. El año santo de 1925 y a 25 de noviembre, el mismo Sumo Pontífice firmó el decreto para llevar adelante la causa del Beato.

Finalmente fue canonizado a 29 de junio de 1930, junto con otros ocho Jesuitas —San Juan de Brebeuf y sus siete compañeros— y un Franciscano, San Teófilo de Corte.

Oración a San Roberto Belarmino

Señor, tú que dotaste a san Roberto Belarmino de santidad y sabiduría admirable para defender la fe de tu Iglesia, concede a tu pueblo, por su intercesión, la gracia de vivir con la alegría de profesar plenamente la fe verdadera. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

Amén.

San Roberto Belarmino | Fuentes
El Santo de cada día por EDELVIVES.

https://www.aciprensa.com/recursos/oracion-a-san-roberto-belarmino-3311