12 de Febrero: Los siete santos fundadores


los siete santos fundadores

Contenido

– Los siete fundadores
– El inicio de la Orden
– Su estado de vida
– Abolida y aprobada nuevamente
– Muerte de los fundadores
– Oración a los siete santos fundadores

Los siete fundadores

Los siete santos fundadores de la Orden de los Siervos de María fueron: Bonfilio, Bartolomé, Juan, Benito, Gerardino, Ricovero y Alejo. Siendo mercaderes en Florencia, se retiraron de común acuerdo al monte Senario para servir a la Santísima Virgen María, fundando una Orden bajo la Regla de san Agustín. Son conmemorados en este día, en el que falleció, ya centenario, el último de ellos, Alejo (1310).

Según la tradición hubo siete hombres, muy respetables y honorables, a los que nuestra Señora unió, a manera de siete estrellas, para iniciar la Orden suya y de sus siervos. Los siete nacieron en Florencia; primero llevaron una vida eremítica en el monte Senario, dedicados en especial a la veneración de la Virgen María.

Después predicaron por toda la región toscana y fundaron la Orden de los Siervos de Santa María Virgen, aprobada por la Santa Sede en 1304. Se celebra hoy su memoria, porque en este día, según se dice, murió San Alejo Falconieri, uno de los siete, el año 1310.

El inicio de la Orden

La idea de irse a la montaña a santificarse, les llegó el 15 de agosto, fiesta de la Asunción de la Santísima. Virgen, y la pusieron en práctica el 8 de septiembre, día del nacimiento de Nuestra Señora. Ellos se habían propuesto propagar la devoción a la Madre de Dios y confiarle a Ella todos sus planes y sus angustias. A tan buena Madre le encomendaron que les ayudara a convertirse de sus miserias espirituales y que bendijera misericordiosamente sus buenos propósitos. Y dispusieron llamarse «Siervos de María» o «Servitas».

Cuando estaban ya decididos, por inspiración divina, a reunirse, a lo que los había impulsado de un modo especial nuestra Señora, arreglaron sus asuntos familiares y domésticos, dejando lo necesario para sus familias y distribuyendo entre los pobres lo que sobraba. Finalmente buscaron a unos hombres de consejo y de vida ejemplar, a los que manifestaron su propósito.

Así subieron al monte Senario, y en su cima erigieron una casa pequeña y adecuada, a la que se fueron a vivir en comunidad. Allí empezaron a pensar no sólo en su propia santificación, sino también en la posibilidad de agregarse nuevos miembros, con el fin de acrecentar la nueva Orden que nuestra Señora había comenzado valiéndose de ellos. Por lo tanto, comenzaron a recibir nuevos hermanos y, así, fundaron esta Orden. Su principal artífice fue nuestra Señora, que quiso que estuviera cimentada en la humildad, que fuese edificada por su concordia y conservada por su pobreza.

 

Su estado de vida

En la Monumenta Ordinis Servorum Beatae Maríae Virginis se lee lo siguiente respecto del estado de vida de los Siervos de Santa María Virgen:

“Cuatro aspectos pueden considerarse por lo que toca al estado de vida de los siete santos fundadores antes que se congregaran para esta obra. En primer lugar, con respecto a la Iglesia. Algunos de ellos se habían comprometido a guardar virginidad o castidad perpetua, por lo que no se habían casado; otros estaban ya casados; otros habían enviudado.

En segundo lugar, con relación a la sociedad civil. Ellos comerciaban con las cosas de esta tierra, pero cuando descubrieron la piedra preciosa, es decir, nuestra Orden, no sólo distribuyeron entre los pobres todos sus bienes, sino que, con ánimo alegre, entregaron sus propias personas a Dios y a nuestra Señora, para servirlos con toda fidelidad.

El tercer aspecto que debemos tener en cuenta es su estado por lo que se refiere a su reverencia y honor para con nuestra Señora.

En Florencia existía, ya desde muy antiguo, una sociedad en honor de la Virgen María, la cual, por su antigüedad y por la santidad y muchedumbre de hombres y mujeres que la formaban, había obtenido una cierta prioridad sobre las demás y, así, había llegado a llamarse “Sociedad mayor de nuestra Señora”. A ella pertenecían los siete hombres de que hablamos, antes de que llegaran a reunirse, como destacados devotos que eran de nuestra Señora.

Finalmente, veamos cual fuera su estado en lo que mira a su perfección espiritual. Amaban a Dios sobre todas las cosas y a él ordenaban todas sus acciones, como pide el recta orden honrándolo así con todos sus pensamientos, palabras y obras.

En el monte Senario se dedicaban a hacer muchas penitencias y mucha oración, pero un día recibieron la visita del Sr. Cardenal delegado del Sumo Pontífice, el cual les recomendó que no se debilitaran demasiado con penitencias excesivas, y que más bien se dedicaran a estudiar y se hicieran ordenar sacerdotes y se pusieran a predicar y a propagar el evangelio. Así lo hicieron, y todos se ordenaron de sacerdotes, menos Alejo, el menor de ellos, que por humildad quiso permanecer siempre como simple hermano, y fue el último de todos en morir.

 

Abolida y aprobada nuevamente

Habiendo estos santos varones agregado a sí a muchos compañeros, comenzaron a recorrer las ciudades y aldeas de Italia, principalmente de Toscana, predicando a Jesucristo crucificado, serenando las guerras civiles y atrayendo a muchos desorientados hacia las sendas de la virtud.

En 1243 el dominico Pedro de Verona (San Pedro Mártir), Inquisidor General de Italia, por sus relaciones familiares con aquellos santos y por una visión de María Santísima, recomendó la nueva fundación al Papa. Pero fue sólo en 1249 que la primera aprobación oficial de la orden sería obtenida del cardenal Rainiero Capocci, legado papal en Toscana. Por aquel tiempo, San Bonfilio obtuvo permiso para fundar la primera rama de su orden en Cafaggio, fuera de los muros de Florencia.

En 1267 San Felipe Benicio fue elegido prior general. Sin embargo, en 1274 el Concilio de Lyon suprimió todas las ordenes religiosas aún no aprobadas por la Santa Sede. En consecuencia, el Papa Inocencio V, en carta de 1276, comunicó a San Felipe que la Orden de los Servitas estaba abolida. El santo fue a Roma para defender su causa, pero el Papa falleció.

Finalmente, a instancias de San Felipe y con la opinión favorable de tres abogados consistoriales, el Papa Juan XXI decidió que la orden continuara como antes. La aprobación final sólo vino en 1304, con la bula “Dum levamus”, del Papa Benedicto IX. ya para ese entonces, de los siete fundadores, sólo vivía San Alejo.

 

Muerte de los fundadores

De los fundadores, Hugo y Gerardino, mantuvieron toda la vida entre sí una grande y santísima amistad. Juntos se prepararon para el sacerdocio y mutuamente se animaban y corregían. Después tuvieron que separarse para irse cada uno a lejanas regiones a predicar.

Cuando ya eran muy ancianos fueron llamados al Monte Senario para una reunión general de todos los superiores. Llegaron muy fatigados por su vejez y por el largo viaje.

Aquella tarde charlaron emocionados recordando sus antiguos y bellos tiempos de juventud, y agradeciendo a Dios los inmensos beneficios que les había concedido durante toda su vida.

Rendidos de cansancio se fueron a acostar cada uno a su celda, y en esa noche el superior, San Felipe Benicio, vio en sueños que la Virgen María venía a la tierra a llevarse dos blanquísimas azucenas para el cielo.

Al levantarse por la mañana supo la noticia de que los dos inseparables amigos habían amanecido muertos, y se dio cuenta de que Nuestra Señora había venido a llevarse a estar juntos en el Paraíso Eterno a aquellos dos que tanto la habían amado a Ella en la tierra y que en tan santa amistad habían permanecido por años y años, amándose como dos buenísimos hermanos.

Entre 1257 y 1268 habían fallecido cuatro de ellos. En 1282, al morir Hugo y Sosteño, de los siete primitivos fundadores restó solamente San Alejo.

En 1270 San Alejo tuvo la dicha de ver nacer milagrosamente a la hija de su hermano Clarencio, ya septuagenario, la futura Santa Juliana Falconiere, que fundaría un ramo femenino de la Orden de los Servitas, las Mantelatas.

Alejo, vivio hasta la edad de 110 años. De él dijo uno que lo conoció:

«Cuando yo llegué a la Comunidad, solamente vivía uno de los Siete Santos Fundadores, el hermano Alejo, y de sus labios oímos la historia de todos ellos. La vida del hermano Alejo era tan santa que servía a todos de buen ejemplo y demostraba como debieron ser de santos los otros seis compañeros».

El hermano Alejo murió el 17 de febrero del año 1310.

 

Oración a los siete santos fundadores

Dios, Padre de misericordia, con inefable designio de tu providencia  dispusiste que nuestra Señora, por medio de los siete santos Fundadores, suscitara la familia de los Siervos de María: concédenos que, dedicados plenamente al servicio de la Virgen, te sirvamos a ti y a nuestros hermanos con mayor fidelidad y entrega.

Por nuestro Señor Jesucristo.

Amén

Los siete santos fundadores | Fuentes

http://santopordia.blogspot.com/2014/02/17-de-febrero-siete-santos-fundadores.html https://www.fatima.org.pe/articulo-463-los-siete-fundadores-de-los-servitas-san-alejo https://www.aciprensa.com/recursos/los-siete-santos-4181