11 de Marzo: San Eulogio de Córdoba


San Eulogio de Córdoba
San Eulogio de Córdoba fue uno de los mártires de Córdoba. Vivió durante los reinados de los emires cordobeses Abd-er-Rahman II y Muhammad I (mediados de Siglo IX). Su nombre significa «Bien hablado» o de «Buen hablar».


Día celebración: 11 de marzo / 9 de enero.
Lugar de origen: Córdoba, España.
Fecha de nacimiento:  Antes del año 819.
Fecha de su muerte: 11 de marzo de 857.
Patronazgo: Caldereros y carpinteros.


Contenido

– Contexto
– Vida temprana
– Sacerdocio
– Persecución
– Encierro
– Muerte
– Oración a San Eulogio de Córdoba


Contexto

En el siglo IX, los conquistadores musulmanes de España hicieron de Córdoba su capital. Permitieron a los cristianos vivir en relativa paz y, sujetos a un impuesto mensual (Yizia). Se les permitía practicar su fe siempre que no hicieran apología o dañaran al islam en modo alguno. Algunos, como el hermano menor de San Eulogio de Córdoba, incluso ascendieron a altos cargos en el gobierno.

Durante este tiempo, los fieles podían, es verdad, adorar libremente y retener sus iglesias y propiedades con la condición de pagar un tributo por cada parroquia, catedral y monasterio; con frecuencia ese tributo se incrementaba a voluntad del conquistador, y con frecuencia los vivos tenían que pagar por los muertos. Muchos de los fieles huyeron al norte de España; otros se refugiaron en los monasterios de las Sierras, y así el número de cristianos finalmente se redujo a pequeñas proporciones.

Bajo Abd-er Rahman II se produjo un cambio en la actitud de los gobernantes árabes, que resultó en una feroz persecución contra los cristianos, durante la cual muchos fueron acusados de abusar de la memoria de Mahoma, de entrar en mezquitas y de conspirar contra el Gobierno.

 

Vida temprana

No es seguro en qué fecha o en qué año del siglo noveno nació; debió haber sido antes de 819. Ya en 848 era un sacerdote muy estimado entre los cristianos de Cataluña y Navarra, y el sacerdocio se confería solo a hombres de treinta años de edad.

La familia del santo era de la clase senatorial y tenía tierras en Córdoba desde la época romana. El santo, como sus cinco hermanos, recibió una excelente educación de acuerdo con su buen nacimiento y bajo la tutela de su madre Isabel. El más joven de los hermanos, José, ocupó un alto cargo en el palacio de Abd-er-Rahman II; otros dos hermanos, Alvaro e Isidoro, fueron comerciantes a gran escala y sus operaciones mercantiles llegaban hasta Europa Central. De sus hermanas, Niola y Anulona, la primera permaneció con su madre; la segunda fue educada desde la infancia en un monasterio donde luego se convirtió en monja.

Su biógrafo lo describe así en su juventud:

«Era muy piadoso y muy mortificado. Sobresalía en todas las ciencias, pero especialmente en el conocimiento de la Sagrada Escritura. Su rostro se conservaba siempre amable y alegre. Era tan humilde que casi nunca discutía y siempre se mostraba muy respetuoso con las opiniones de los otros, y lo que no fuera contra la Ley de Dios o la moral, no lo contradecía jamás.

 

Su trato era tan agradable que se ganaba la simpatía de todos los que charlaban con él. Su descanso preferido era ir a visitar templos, casas de religiosos y hospitales. Los monjes le tenían tan grande estima que lo llamaban como consultor cuando tenían que redactar los Reglamentos de sus conventos. Esto le dio ocasión de visitar y conocer muy bien un gran número de casas religiosas en España».

Sacerdocio

Después de completar sus estudios en el monasterio de San Zoilo, San Eulogio de Córdoba continuó viviendo con su familia para cuidar mejor a su madre; también, tal vez, para estudiar con maestros famosos, uno de los cuales fue el abad Esperaindeo, un ilustre escritor de la época. Se distinguió por su virtud y su aprendizaje y, al ser nombrado sacerdote, fue colocado al frente de la principal escuela eclesiástica en Córdoba.

Mientras tanto, encontró un amigo en el célebre Álvaro de Córdoba, un compañero de estudios, y cultivaron juntos todas las ramas de la ciencia a su alcance. Álvaro  se casó, pero San Eulogio  de Córdoba prefirió la carrera eclesiástica, y finalmente fue ordenado sacerdote por el obispo Recafredo de Córdoba.

 

Persecución

En el año 850 estalló la persecución contra los católicos de Córdoba. El gobierno musulmán mandó asesinar a un sacerdote y luego a un comerciante católico. Los creyentes más fervorosos se presentaron ante el alcalde de la ciudad para protestar por estas injusticias, y declarar que reconocían como jefe de su religión a Jesucristo y no a Mahoma. Enseguida los mandaron torturar y los hicieron degollar.

Murieron jóvenes y viejos, en gran número. Algunos católicos que en otro tiempo habían renegado de la fe por temor, ahora repararon su falta de valor y se presentaron ante los perseguidores y murieron mártires.

Todas las ejecuciones fueron recogidas en una única fuente escrita por San Eulogio de Córdoba, que fue uno de los dos últimos ejecutados. En Oviedo se conservó un manuscrito de su Documentum martyriale tres libros del Memoriale sanctorum y el Liber apologeticus martyrum, que son los únicos escritos conservados de este clérigo, cuyos restos fueron trasladados a la capital asturiana en 884. Se recogen 48 ejecuciones entre 850 y 859, de cristianos, 38 hombres y 10 mujeres.

Dos años más tarde, otros cristianos fueron martirizados. Aquel mismo año, el Concilio de Córdoba prohibió entregarse espontáneamente a los perseguidores. El sucesor de Abderramán ( Abd-er-Rahman II) llevó adelante la persecución con mayor violencia que su padre; ello no hizo sino acrecentar el celo de san Eulogio, quien evitó que apostatasen muchos cristianos débiles y alentó a muchos otros al martirio.

 

Encierro

Cansadas de la actividad de San Eulogio de Córdoba, las autoridades musulmanas deciden llevarlo a  prisión. Es aquí donde escribe sus obras principales: el Memorial de los Mártires, para ejemplo dé los más débiles, el Documento Martirial, para sostener el ánimo de dos vírgenes cristianas, Flora y María, encerradas en un calabozo, y el Apologético, para defender la fe cristiana.

 El santo aprovecha este tiempo para dedicarse a la oración, la meditación y el estudio. Al salir de prisión, San Eulogio de Córdoba, encuentra que los templos locales y la escuela donde el enseñaba habían sido destruidos, y que la persecución contra los cristianos lejos de haberse detenido, persistía. Así llega hasta él una joven musulmana de nombre Lucrecia, a quien por ser hija de musulmanes, acusaron de apostasía. No tardaron los musulmanes en dar con su paradero, y el juez decretó la pena de muerte para ella y para San Eulogio.

Muerte

San Eulogio es entonces llevado al  más alto tribunal de la ciudad. Allí, uno de los fiscales en privado le dice:

«Que el pueblo ignorante se deje matar por proclamar su fe, lo comprendemos. Pero Tú, el más sabio y apreciado de todos los cristianos de la ciudad, no debes ira sí a la muerte. Te aconsejo que te retractes de tu religión, y así salvarás tu vida».

A lo cual San Eulogio valientemente respondió:

«Ah, si supieses los inmensos premios que nos esperan a los que proclamamos nuestra fe en Cristo, no sólo no me dirías que debo dejar mi religión, sino que tu dejarías a Mahoma y empezarías a creer en Jesús. Yo proclamo aquí solemnemente que hasta el último momento quiero ser amador y adorador de Nuestro Señor Jesucristo».

Acto seguido, se puso a predicar el evangelio a todos los presentes, cosa que motivo a uno de los jueces a sentenciarlo de inmediato a muerte. Fue aprehendido por un soldado quien le abofeteó la mejilla derecha y el santo le presentó la mejilla izquierda y fue nuevamente abofeteado. Luego lo llevaron al lugar de suplicio y le cortaron la cabeza. Poco después martirizaron también a Santa Lucrecia.

Oración a San Eulogio de Córdoba

Señor y Dios nuestro: tú que, en la difícil situación de la Iglesia mozárabe, suscitaste en san Eulogio de Córdoba un espíritu heroico para la confesión intrépida de la fe, concédenos superar con gozo y energía, fortalecidos por ese mismo espíritu, todas nuestras situaciones adversas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

San Eulogio de Córdoba | Fuentes
https://en.wikipedia.org/wiki/Eulogius_of_C%C3%B3rdoba
https://www.wikiwand.com/es/M%C3%A1rtires_de_C%C3%B3rdoba
https://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_4792