En una carta escrita en 1932, el Vicario General de la Diócesis de Lieria, Monseñor Joao Quaresma, relata una de las apariciones de Nuestra Señora en Cova de Iria en 1917, de la que él mismo fue testigo ocular:

En una hermosa mañana de Septiembre, salimos (El padre Manuel do Carmo Góis, el padre Manuel Pereira da Silva y Monseñor Joao Quaresma) de Leiria, en un destartalado carruaje, tirado por un viejo caballo, rumbo al lugar donde las tan mentadas apariciones, habrían tenido lugar. El Padre Góis encontró un punto privilegiado desde el que se podían observar los eventos sin necesidad de acercarse al lugar donde los niños esperaban a la aparición.

Al mediodía, había completo silencio. Uno sólo podía escuchar el barullo de las oraciones. De pronto, ruidos de júbilo y voces alabando a la Santísima Virgen. Los brazos se levantaban apuntando hacía algo en el cielo.

-“Mira. ¿No lo ves?”
-”¡Si. Lo veo…!”

No había una sola nube en el azul del cielo. Yo también levanté los ojos y escudriñe el firmamento en caso de que pudiese distinguir aquello que otros más afortunados que Yo, proclamaban haber visto.
Con gran sorpresa vi claramente, una esfera luminosa, la cual se movió de este a oeste, planeando, lentamente, de manera majestuosa a través del espacio.
Mis amigos también lo vieron, fueron afortunados de poder disfrutar de aquella misma visión. De pronto, el globo con su extraordinaria luz, desaparecieron.

Cerca de nosotros, había una pequeña niña, vestida como Lucía, y más o menos de la misma edad la que gritó: “¡Lo veo!, ¡Lo veo!, ¡Está bajando ahora!”.
Después de unos minutos, casi el mismo tiempo que duró la aparición, la pequeña niña, apuntando hacia el cielo, comenzó a exclamar: “¡Está subiendo otra vez!”, y siguió al globo con la mirada, hasta que se perdió en dirección al sol.

“¿Que piensas de la esfera?” pregunté a mi compañero, el que parecía entusiasmado por lo que acababa de ver. “¡Esa fue Nuestra Señora!” respondió sin hesitar.
Esa fue, sin duda alguna, mi convicción también. Los niños habían contemplado a la mismísima Madre de Dios, mientras que al resto de nosotros, se nos permitió ver el medio de transporte que la trajo del Cielo a las baldías tierras de Serra do Aire.

Fuentes

Revista Crusade Mayo/Junio 2017
Traducido y adaptado por Proyecto Emaús.