Paso mucho de tiempo pensando, leyendo y orando sobre como la Iglesia ha declinado en este país. El influjo de inmigrantes de Latino América oculta la cifra del declive. Pero aún con este influjo, todo índice va de caída: Bautismos, confirmaciones, matrimonios, ordenaciones sacerdotales, número de personas religiosas, niños en programas parroquiales, niños en escuelas católicas. Es horrible. ¿Como llegamos a esto?

El mayor error fue el de deshacernos de lo trascendente. Domesticamos a Dios. Nos convertimos en seguidores funcionales del Arrianismo. Esto quiere decir que actuamos como si Jesús fuese meramente humano, como si fuese un Gurú, un maestro de auto-ayuda personal, un trabajador social.
Con esto, no me refiero a todas las parroquias. Pero como Iglesia en este país, hemos perdido el objetivo por completo. La Santa Misa empezó a verse cada vez menos como un acto de adoración a Dios y más como uno de estos nuevos eventos, en los que se inspiran el entusiasmo, la “buena vibra” y la “energía positiva”.

Nuestras Iglesias dejaron de verse como Iglesias Católicas. Pasamos de tener iglesias que exudaban visualmente nuestras creencias católicas, a “espacios sagrados” vacíos que lucen más como teatros.
La Adoración se convirtió en una forma de entretenimiento: Lo que de ella uno pueda sacar, es mucho más importante de lo que en ella pueda uno poner.
Al arrancar lo trascendente del corazón del culto, hemos empequeñecido la Misa.
Por ello, no es de extrañar, que el hecho de creer en la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía se desplomara. Por ello, tampoco es de extrañar, que el número de vocaciones sacerdotales se viniera abajo. Mientras que la generación que amaba todas estas las eliminó, las generaciones subsiguientes huyeron en masa.

Así, con la adoración vaciada de todo aquello trascendente, se abrió el camino para que la vida católica, bien pronto le siguiera. La vida devocional en las parroquias se secó, aunque a pesar de todo, es bastante alentador ver un aumento en la Adoración Eucarística.

Ya habiendo dejado de lado lo trascendente, nuestra conciencia también se desplomó. Las filas para el confesionario desaparecieron y las familias se encogieron debido al uso de contraconceptivos.
El juego y el bullicio de los niños desapareció para dar su lugar a un inmenso mar gris. El establecimiento de la cultura secular se dio en gran parte debido a que nadie le hizo frente. Y así, cuando la falsa idea de justicia social se levantó, las obras de misericordia declinaron.

Des esta manera, se hizo muy fácil que la gente se fuera. Sin lo trascendente, la Iglesia no ofrece nada más allá de lo que cualquier orden fraternal ofrece. Sin lo trascendente, la moralidad objetiva se marchita. Por esto, el 78% de los católicos dejaron de asistir a Misa. Sin su fuente y pináculo que es la Eucaristía, la vida católica simplemente se marchita y se muere. Muere de hambre.

Pero aquellos que se van, aunque no vayan a ninguna otra parte, todavía tienen el anhelo de volver. Muchos identifican la Misa como algo “espiritual, pero no religioso”. Todavía hay un anhelo no correspondido por lo trascendente, y si no pueden encontrarlo con nosotros, entonces buscarán en otra parte. Podemos burlarnos y despreciarlos a nuestro propio riesgo. El hecho de que se sientan atraídos por cualquiera de “las alternativas” existentes allá afuera, es culpa nuestra.

¿Cómo hacemos para dar un giro de 180 grados?

Empecemos por concentrarnos de nuevo en lo trascendente. En nuestras estructuras, nuestra adoración, nuestra música, nuestra predicación y nuestra enseñanza.
Esto no significa que ignoremos lo inmanente. ¡De ningún modo! Las lecciones de lo trascendente deben encontrar un hogar en nuestras vidas. Si Dios ha puesto un anhelo por Él, entonces ese debe ser el foco en la Misa. Si no nos enfocamos en Dios allí, no dejaremos a la gente más opción que buscar en otra parte.

Entonces, después de haber re-establecido la prominencia de Dios en nuestras vidas, disfrutemos el ser contra-culturales. Estamos en el mundo, pero no somos del mundo. Somos la levadura, la luz, la sal y cualquier otra descripción que Jesús emplease para referirse a Su pueblo.
Si miramos y actuamos de la misma manera en que lo hace la cultura secular que nos rodea, entonces, apenas podremos ser testigos de la multitud de personas, que buscan algo para llenar ese agujero que ha dejado la ausencia de Dios en sus almas. Después de todo, San Agustín nos recuerda que nuestros corazones estarán inquietos hasta que descansen en Cristo.
Enfoquémonos nuevamente en nuestro objetivo que es Cristo. No en la congregación. No sólo en el sacerdote. Necesitamos estar en y con Cristo.
Mi deber como sacerdote, como pastor de almas, es estar seguro de que estamos todos enfocados en Él.

Fuentes

El autor de este artículo es el padre Bill Peckman, sacerdote católico de la iglesia de San Clemente en Bowling Green, Missouri. publicado originalmente en Facebook y presentado en el siguiente enlace: https://churchpop.com/2017/05/08/a-priest-explains-the-hard-truth-about-why-the-church-is-in-decline/
Traducido por Proyecto Emaús