¿Son los misterios luminosos del Santo Rosario el choque entre la novedad y la tradición ?

Muchos fervientes católicos se preguntan si estos nuevos misterios fueron introducidos contra el deseo de nuestra Señora como parte de la iniciativa progresista. ¿Fue acaso su implementación llevada en contra las enseñanza de los papas anteriores? El reconocido apologista Atila S. Guimarães, editor del reconocido sitio web Tradition In Action, tratará de responder a estas preguntas y traer algo de luz sobre el tema.

Origen del Rosario

No hay dudas de que Santo Domingo de Guzmán tuvo un papel decisivo en la difusión del Santo Rosario. En el año 1214 recibió una revelación de Nuestra Señora de Toulouse, Francia, pidiéndole que colocase la nueva Orden de Predicadores que había fundado bajo su protección a través de la oración y difusión del Rosario.

Sin embargo, algunos estudiosos discuten si el Rosario de Santo Domingo era o no exactamente el mismo que rezamos el día de hoy. Argumentan que la práctica de glorificar a la Virgen ofreciéndole una “corona espiritual de rosas” o un “conjunto místico de rosas”, o más aún, un “jardín de rosas” (Rosario en latín), ya era una práctica generalizada entre los pueblos medievales antes de Santo Domingo.
Estas “rosas” consistían en la repetición del saludo del Arcángel Gabriel, el Ave María llena de gracia … que constituye sólo la primera parte de la oración actual. El pueblo medieval repetiría ese saludo angelical porque resume todas las alegrías de la Santísima Virgen en su vida. Por lo tanto, para estos eruditos, Nuestra Señora sólo habría pedido a Santo Domingo que siguiera esa práctica ya existente pero incompleta. La segunda parte de la oración – Santa María, Madre de Dios … – habría sido introducida más tarde, junto con las meditaciones sobre las tristezas y las glorias de Nuestra Señora y su Divino Hijo. Sólo en el siglo XV, en una revelación al P. Alain de la Roche, se habrían establecido los 15 misterios en la forma que conocemos hoy. Esta opinión es muy conveniente para los progresistas que promueven los nuevos misterios luminosos, ya que con base en este razonamiento pueden pretender que el Rosario ha sido siempre una oración cambiante y en evolución.

Otros eruditos no están de acuerdo con esta escuela evolutiva y consideran que desde Santo Domingo, la devoción del Rosario era tal como es ahora. Argumentan: Primero, que el origen real de las “coronas de rosas” se estableció como una práctica de las personas sencillas en los pueblos medievales, que no eran capaces de leer y por lo tanto, no podían rezar las Horas del Oficio Divino, también llamado el Salterio de la Virgen María, como era el hábito entre los católicos con preparación académica.

Así, en vez de recitar los 150 Salmos, comenzaron a orar 150 Avemarías en honor a Nuestra Señora como un sustituto del Santo Oficio. De acuerdo con esta escuela, desde el principio, el Rosario incluyó no sólo meditaciones de los momentos de gozo en la vida de Nuestra Señora y su Hijo, sino también, inspirados por los Salmos, meditaciones dolorosas y gloriosas. (1)

En segundo lugar, sostienen que parece ridículo y muy improbable que Nuestra Señora pidiese a Santo Domingo rezar un Rosario que estaba “incompleto” para luego revelar a uno de sus discípulos y a otros católicos que lo que realmente quería era un Rosario “completo”. Dado que ella tenía la intención de darnos el Rosario completo, la oración que es más de su agrado, esta práctica debe tener sólo una forma, no dos.

¿Por qué pues Nuestra Señora, quien es la Sede de la Sabiduría, ocultaría la forma completa del Rosario al fundador dominico para sólo la revelarla en el siglo XV a uno de sus discípulos? Es mucho más probable que ella revelase el Rosario completo a Santo Domingo, y cuando esa devoción comenzó a declinar (como sabemos sucedió), volvió a aparecer para reforzar la práctica de ese mismo Rosario original. Sin embargo, los progresistas consideraron las hipótesis de la escuela evolutiva como “probadas” y comenzaron a tratar a la venerable tradición que dice que Santo Domingo recibió todo el Rosario, como una leyenda. Hoy en día, por desgracia, no es raro encontrar esta interpretación superficial promovida incluso en las instituciones dominicas. Mis simpatías están con la segunda escuela, y tengo serias sospechas con respecto a la primera.

Esta última encaja perfectamente con el método histórico progresista actual de reexaminar y cambiar casi todo lo que ya estaba establecido por la tradición de la Iglesia. También juega con el ecumenismo, que quiere minimizar las devociones marianas tanto como sea posible para complacer al protestantismo. Sabemos que cuando los progresistas y los protestantes no pueden destruir cierta devoción, intentan sabotearla y presentarla como infundada y supersticiosa. León XIII terminó con la discusión.

Santo Domingo recibió el Rosario completo

Además, esta escuela evolutiva y revisionista convenientemente “olvida” que la discusión histórica ya estaba cerrada hace mucho tiempo, cuando el papa León XIII decidió lo contrario de lo que pretende. De hecho, afirmó claramente que fue Santo Domingo quien recibió todo el Rosario con los tres conjuntos de misterios. En la Encíclica Octobri mense, León XIII afirma:

“Nos complace señalar y recomendar fuertemente el Santo Rosario. A esta manera de oración se le dio, en lenguaje común, el nombre de «corona», porque recuerda en nuestras mentes, en una oportuna secuencia, los grandes misterios de Jesús y María: sus alegrías, sus tristezas y sus triunfos”.

En el párrafo siguiente, el Pontífice concluye su pensamiento:

“Que la propia Reina del Cielo ha concedido una gran eficacia a esta devoción se demuestra por el hecho de que fue, por su mandato y consejo, instituido y propagado por el ilustre Santo Domingo , en tiempos particularmente peligrosos para la causa católica “. (2)

Es decir, León XIII considera como históricamente demostrado (por favor, vea la nota 3) que los tres conjuntos de misterios que él describió fueron dados como tales por Nuestra Señora a Santo Domingo. En otras palabras, según este Pontífice, fue por el expreso deseo de Nuestra Señora que los tres conjuntos de misterios fueron establecidos.

La Santísima Virgen confirma los tres conjuntos de misterios

Esta decisión fue confirmada por la Santísima Virgen en varias de sus apariciones. En 1460, más de dos siglos después de esa primera comunicación a Santo Domingo, cuando la devoción del rosario estaba en decadencia, se le apareció a otro dominico, Alain de la Roche, para confirmar su primera intención. Ella le dijo que extendiera la devoción del Rosario con la misma forma: 150 avemarías distribuidas en tres conjuntos de cinco misterios cada uno.

Después de colocar el Rosario alrededor de su cuello, Nuestra Señora le dijo al padre de la Roche:

“Hijo mío, sabes perfectamente la antigua devoción de mi Rosario, predicada y difundida por tu Patriarca y mi Siervo Domingo y por sus hijos espirituales, tus hermanos religiosos. Este ejercicio espiritual es extremadamente agradable tanto para mi Hijo como para mí, y muy útil y santo para los fieles. Cuando mi siervo Domingo comenzó a predicar mi Rosario … la reforma en el mundo alcanzó tales alturas que parecía que los hombres se transformaron en espíritus angélicos y que los ángeles habían descendido del cielo para habitar la tierra. … Nadie era considerado un verdadero cristiano a menos que tuviera mi Rosario y lo rezara. … El prestigio del Santo Rosario fue tal que ninguna devoción me fue o es más agradable después del augusto Sacrificio de la Misa … Deseo, pues, que se vuelva a la devoción del Rosario en la Iglesia por el consuelo de un gran número de almas. Tú serás el que predique mi Rosario, exhortando a todos los fieles a rezarlo devotamente. … El Rosario será el arma más poderosa contra el Infierno; subyugará vicios, destruirá el pecado y conquistará herejías. (3)

En las apariciones de Nuestra Señora de Pompeya en 1884, que fueron elogiadas por Pío XII (véase dos párrafos más adelante), la Virgen dijo: “Si buscas la salvación, promulga el Rosario”.
Ella apareció con el mismo Rosario que oramos.

Si queda alguna duda de que Nuestra Señora quiere el Rosario tal y como se lo entregó a Santo Domingo, podemos ver que en 1858 en Lourdes, enseñó a Santa Bernadette cómo rezar ese mismo Rosario. Así lo afirma el Papa Pío XI en la Encíclica Ingravescentibus malis:

“Y no queremos pasar en silencio el hecho de que la misma Santísima Virgen, en nuestra misma época, ha insistido en recomendar esta forma de oración cuando al aparecérsele a una inocente muchacha en la Gruta de Lourdes, le enseñó la recitación del Rosario “. (4)

En la alocución Venuti come siete, Pío XII también hizo hincapié en que Nuestra Señora, que apareció llevando su propio Rosario en la mano, rezó el Rosario con Bernadette en Lourdes:

“En Lourdes como en Pompeya, María quiso demostrar con innumerables gracias cuán satisfecha esta por esta oración que invitó a su confidente Santa Bernadette a decir, siguiendo los Ave María de la niña mientras deslizaba sus dedos lentamente entre las cuentas de su hermoso Rosario, resplandeciente como las rosas de oro que brillaban a sus pies “.

En Fátima ocurrió algo similar. Allí, en todas las apariciones, Nuestra Señora vestida de blanco, sostenía su Rosario entre sus manos dispuestas a modo de oración y aconsejaba a los niños a rezar el Rosario. Además, en la última aparición del 13 de octubre de 1917, también apareció como Nuestra Señora del Rosario, mostrando el Rosario tradicional. Puesto que en estas apariciones Nuestra Señora siempre expresó su deseo de que el Rosario sea orado tal como lo conocemos, ¿por qué le diría a Santo Domingo que rezara un Rosario diferente? Nada parece menos probable. Si ella le dijo a todos los videntes lo mismo – rezar el Rosario como lo conocemos – ciertamente ordenó lo mismo a Santo Domingo. Por lo tanto, la antigua tradición dominica es correcta al atribuir a Santo Domingo el Rosario completo – los 150 Ave Marías, 15 Nuestros Padres y Glorias y los tres conjuntos de misterios. La escuela revisionista y evolutiva está equivocada. Por lo tanto, Nuestra Señora desea el Rosario como se ha orado desde Santo Domingo, y nada más. Por lo tanto, la innovación de Juan Pablo II no atiende a su deseo explicito . Más bien parece sabotearlo introduciendo otro conjunto de misterios en su propia iniciativa personal.

Los tres conjuntos de misterios y los Papas anteriores

Los Papas también confirmaron con su autoridad la excelencia del Rosario. El Papa Urbano IV en 1261, menos de 50 años después de la introducción del Rosario por Santo Domingo, lo aprobó y dio indulgencias especiales a las Cofradías de la Santísima Virgen que rezaban el Rosario. El Papa Juan XXII (1316-1334) confirmó la excelencia del mismo Rosario de quince décadas y aumentó esas indulgencias.

El Papa San Pío V (1566-1562) ordenó que el Rosario, tal como lo conocemos hoy, sea orado por toda la cristiandad y por todos los combatientes  que luchaban en la batalla de Lepanto. Debido a esta oración, esa batalla fue milagrosamente ganada por la flota católica. En honor de esa victoria, San Pío V estableció el 7 de octubre como la fiesta de Nuestra Señora del Rosario y consideró el Rosario la oración oficial de la Iglesia. Tardaría mucho en contar todos los Papas que alabaron y bendijeron el Rosario tal como lo conocemos. (6) Permítanme reproducir solamente un texto de León XIII donde presenta a cinco Papas que aprobaron el Rosario:

“Después de haber alentado repetidamente  la recitación del Santo Rosario, nosotros, siguiendo el ejemplo de nuestros predecesores, hemos procurado aumentar su importancia hacia un culto más solemne. Sixto V, de feliz memoria, aprobó la antigua costumbre de rezar el Rosario; Gregorio XIII instituyó la fiesta del Rosario, que Clemente VIII después inscribió en el Martirologio Romano, y con Clemente XI se extendió a toda la Iglesia; más tarde Benedicto XIII lo insertó en el Breviario Romano. Así, nosotros, en perpetuo testimonio de nuestro aprecio por esta devoción, hemos decretado que dicha fiesta y su oficio deben celebrarse en la Iglesia universal … consagrando a esta devoción todo el mes de octubre “.

En su Encíclica Fidentem piumque, el Papa León XIII se opone a cualquier cambio en la estructura del Rosario:

“Y ese viejo uso que floreció entre nuestros antepasados debe ser preservado con exactitud religiosa o restaurado, según el cual las familias cristianas, ya sea en la ciudad o en el campo, se considera sagrado el deber de reunirse al final del día, cuando sus labores han terminado, ante una estatua de la Virgen y rezar alternativamente el Rosario “(8).

Conclusión

Por lo tanto, podemos ver que en muchas apariciones importantes, Nuestra Señora pide a los católicos que recen el Sato Rosario como se ha hecho desde siempre: el Credo, el Padre Nuestro Introductorio, tres Avemarías y Gloria; y el cuerpo de 150 Ave Marías, 15 Nuestros Padrenuestros, y 15 Glorias, divididos en tres series de cinco misterios: Gozosos, Dolorosos y Gloriosos. Parece bastante claro que la innovación de Juan Pablo II se opone a la voluntad expresada de Nuestra Señora. Después de exponer las alabanzas y comentarios de muchos Papas, así como referirnos a las indulgencias y bendiciones que se concedieron a la oración del Rosario tradicional, parece bastante claro que rezar un rosario diferente de cuatro conjuntos de misterios hace que este rosario pierda el mérito de esos elogios y bendiciones. En otras palabras, cualquiera que reza los nuevos conjuntos de misterios parece no beneficiarse de las anteriores indulgencias y gracias. En resumen, lejos de ser un beneficio, este nuevo conjunto de Misterios Luminosos causó un serio daño. Subvirtió una augusta práctica devocional de 800 años. La adición de 50 Avemarías adicionales fue una extravagancia que no condujo ni motivó a más personas a adoptar la práctica del Rosario; por el contrario, lo hacía más difícil para los que ya lo rezaban. Esta adición de Juan Pablo II, introducida por un capricho personal, me parece una hipertrofia que está produciendo una atrofia en la devoción del Rosario. Me pregunto si esta atrofia era en realidad la intención de sabotear la devoción del Rosario.


1. Leo XIII, Encyclical Octobri mense of September 22, 1891, § 17
2. Ibid. § 18.
3. Louis Grignion de Monfort, O Segrêdo de Maria & Método de Rezar o Rosário, Rio: Santa Maria, 1953, Preface to the second part, pp. 79-80
4. Pius XI, Encyclical Ingravescentibus malis of September 29, 1937, § 8.
5. Pius XII, Allocution Venuti come siete of October 8, 1941, § 12.
6. The praying of three sets of mysteries as an unchanging practice in the Church was commented on directly by these Popes:
Pope Leo XIII: Encyclical Octobri mense of September 22, 1891. § 17; Encyclical Magna Dei Matris of September 8, 1892, § 5; Encyclical Laetitiae sanctae of September 8, 1893, §§ 6-16; Encyclical Jucunda semper of September 8, 1894, §§ 5-7, 12-14; Encyclical Adjutricem populi of September 5, 1895, § 14; Encyclical Fidentem piumque of September 20, 1986, §§ 8, 9;
Pope Pius XII: Allocution Di gran cuore of October 16, 1940, §§ 5-9; Encyclical Ingruentium malorum of September 15, 1950, § 6.
7. Leo XIII, Encyclical Diuturni temporis of September 5, 1898, § 4.
8. Leo XIII, Encyclical Fidentem piumque of September 20, 1896, § 4.

Fuentes

Este artículo apareció originalmente en : http://www.traditioninaction.org/religious/d018rpLuminousMysteries.html
Su autor original es: Atila S. Guimarães
Traducido y adaptado por Proyecto Emaús.

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