Circulan desde hace ya algún tiempo en la web, varios folletos en formato pdf que pueden ser descargado e impresos y cuyo contenido ha proliferado bajo la forma de “Las 20 promesas a Santa Brígida”, de tal suerte que muchos sitios dedicados a la temática de las devociones y oraciones, las han reproducido (podemos bien asumir que sin mala fe) como “verdaderas”.

Santa Brígida (1303-1373) es una santa que recibió una serie de revelaciones «privadas» del Señor y de Su Santísima Madre. Debido a lo grande de su número, la santa acudía a sus confesores para discernir si eran verdaderas o alucinaciones.

El catecismo sobre las revelaciones privadas

En el numeral 67 del catecismo de la iglesia Católica, podemos encontrar:

“A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas “privadas”, algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Estas, sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe. Su función no es la de “mejorar” o “completar” la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia. Guiado por el Magisterio de la Iglesia, el sentir de los fieles (sensus fidelium) sabe discernir y acoger lo que en estas revelaciones constituye una llamada auténtica de Cristo o de sus santos a la Iglesia.

La fe cristiana no puede aceptar “revelaciones” que pretenden superar o corregir la Revelación de la que Cristo es la plenitud. Es el caso de ciertas Religiones no cristianas y también de ciertas sectas recientes que se fundan en semejantes “revelaciones”.

El pronunciamiento de Benedicto XIV

El papa Benedicto XIV fue más específico al respecto:
“¿Que se debe pensar de las revelaciones privadas aprobadas por la Santa Sé, las de Santa Hildegarda, Santa Brígida, Santa Catalina de Sienna? Decimos que no es ni obligatorio ni posible darles un asentimiento de fe católica, sino solamente de fe humana, conforme a las reglas de la prudencia, que nos las presenta como probables y piadosamente creíbles.” (De canon.,1 III,c. Liii,n° 15).”

En conclusión

El muy Rvdo. P. Casimir M. Puskorius, CMRI, nos recuerda en una entrada del sitio de la Congregación de María Reina Inmaculada:

Entre las devociones populares de los fieles católicos se encuentran las Oraciones magníficas de Santa Brígida, las cuales deben rezarse ininterrumpidamente por un año entero. Estas quince oraciones se enfocan en la sagrada Pasión de Nuestro Divino Señor, y se cree que fueron reveladas a Sta. Brígida de Suecia (fiesta: 8 de octubre), una gran devota de la Pasión. Desafortunadamente, estas oraciones aparecen algunas veces en libros con las promesas que el Santo Oficio prohibió en 1954. Las oraciones mismas no fueron condenadas, pero más adelante se volverá patente el porqué se colocó una restricción en esas llamadas Promesas magníficas.

De acuerdo a un folleto que publica las pretendidas promesas,5 Nuestro Señor reveló a Santa Brígida que él recibió 5,480 golpes en su Cuerpo Sagrado durante la Pasión. Por tanto, si uno rezara las 15 oraciones diariamente por un año, junto con 15 Padrenuestros y Avemarías, se honraría por ello a cada una de las heridas recibidas (En realidad, 15 veces 365 es 5,475, pero si se considera el año bisiesto, el cálculo es más próximo: 15×365.25 = 5,478.75, que es 5,479 redondeado.)

Esta parte de la revelación no parece ir contra la doctrina católica, pues cuando se consideran las narraciones bíblicas de la Pasión, este número parece ser una estimación razonable. Es muy posible que la ciencia divina, que conoce los más mínimos detalles de la Pasión, decidió comunicarle a Sta. Brígida el número de golpes en total para edificar a los fieles e inspirarlos a un mayor amor por el sufrimiento del Redentor.

Sin embargo, lo problemático son las promesas; algunas de ellas son consistentes con la enseñanza de la Iglesia, pero otras definitivamente no. Aquí están algunas6 de las que no, junto con mis comentarios:

“2. Quince almas de su linaje serán confirmadas y preservadas en la gracia.” ¿Cómo es posible que alguien sea “confirmado en la gracia”? Nadie puede, en este respecto, estar seguro de su salvación, mucho menos puede darse gratuitamente esta seguridad a los descendientes.