Las siguientes son palabras de Nuestra Señora  a la Venerable sor María de Agreda, tal y como fueron escritas en su famoso libro “Ciudad Mística de Dios”:

Hija mía, aunque haz descrito a mi esposo, San José, como al más noble entre los príncipes y santos de la Jerusalén celestial, todavía no puedes manifestar adecuadamente su eminente santidad, ni puede cualquier mortal conocerlo completamente antes de que llegue a la visión de la Divinidad, donde con admiración y alabanza del mismo Señor, se harán capaces de entender esta verdad.

En el último día, cuando todos los hombres sean juzgados, los infelices condenados llorarán amargamente por no haber conocido sus pecados, mismos que les impidieron apreciar este poderoso y eficaz medio de salvación y aprovecharse, como fácilmente podrían haber hecho, de este intercesor para ganar la amistad del Justo Juez.

Toda la raza humana ha subestimado mucho los privilegios y prerrogativas concedidos a mi bendito esposo y no se dan cuenta de lo que su intercesión es capaz de hacer con Dios y conmigo. Te aseguro, mi querida hija, que es un personaje muy favorecido en la presencia divina y que tiene un inmenso poder para retener el brazo de la venganza divina.

Y por la noticia y luz que de este sacramento has recibido, deseo que seáis muy agradecidos con la Divina Bondad por haberles dado tanta luz y conocimiento acerca de este misterio, y también, por el favor que os estoy haciendo revelando esto. De ahora en adelante, durante el resto de tu vida mortal, busca avanzar en la devoción y en el amor sincero por mi esposo, y agradece al Señor por haberlo favorecido con tan altos privilegios y por haberme dado tanta alegría en el conocimiento de todas sus excelencias.

En todas tus necesidades, debes aprovechar su intercesión. Deben animar a muchos a venerarlo y ver que tus hijas religiosas, se distingan en la devoción a él. Todo lo que mi esposo pide al Señor en el Cielo, es concedido sobre la tierra, y de su intercesión dependen muchos y extraordinarios favores para los hombres, si no se hacen indignos de recibirlos.

Todos estos privilegios son una recompensa a la perfección amable de este Santo maravilloso y por sus grandes virtudes; pues la clemencia divina es favorablemente atraída por ellas y miró a San José liberalísimamente, dispuesta a derramar sus maravillosas misericordias sobre todos aquellos que se sirven de su intercesión.