Parte I | Parte II

El Día que el Sol Bailó

Una multitud de alrededor de 70,000 personas asistió a la Cova de Iria y presenció el milagroso evento.

El milagro que sucedió en la Cova de Iria el día 13 de Octubre de 1917, cuando el sol “bailó” en el cielo, echando mano de la descripción empleada por un conocido periódico de aquel entonces, fue un extraordinario evento de proporciones bíblicas, comparable a momentos como aquel en el que Moisés, dividiera las aguas del mar Rojo para que los judíos pudieron atravesarlo sin mojarse los pies, o aquel otro, en el que Josué detuviese el sol.

Lo que hizo al evento tan estupendo, quizás más extraordinario, es el hecho de que fuese prometido con tres meses de anticipación a manera de probar que los niños decían la verdad.

El anuncio de un evento espectacular de origen sobrenatural, en momentos en los que el mundo había sido “liberado gracias a la ciencia”, muy seguramente sonó como un verdadero reto. Simplemente, no podía suceder. Sería la negación de la ideología imperante en aquellos días, el “cientificismo pretencioso”, nombre bastante pomposo para un vacío liberalismo y grosero materialismo.

Lucía recuerda esta última aparición en Fátima:

En Octubre 13 de 1917, salimos de casa bien temprano, por si acaso hubiesen retrasos en el camino. La gente había concurrido en masa a pesar de la lluvia torrencial.
Mi madre, temiendo que fuese el último día de mi vida, tenía el corazón dilacerado por la incertidumbre de lo que pudiese suceder, razón por la que decidió acompañarme.
A lo largo del camino, observaba repetidas escenas del pasado, cada vez más numerosas y conmovedoras.
Ni siquiera los caminos llenos de fango evitaron que las personas se pusieran de rodillas en una actitud humilde y suplicante.

Habiendo llegado a Cova de Iria junto a la Encina, guiada por algo en mi interior, le pedí a las personas que cerrasen sus paraguas y que comenzaran a rezar el Rosario. Poco después, vi el destello de luz, y luego, a Nuestra Señora.

-”¿Qué es lo que quiere de mi?”

-”Quiero pedirte que se construya aquí una pequeña capilla en mi honor, pues Yo soy la Señora del Rosario y que se rece el Rosario todos los días. La guerra pronto llegará a su fin y los militares volverán a sus casas.”

-”Tengo muchas cosas que pedirle: Curar algunos enfermos, convertir algunos pecadores,etc.”

-”A algunos sí. A otros no. Necesitan corregirse y pedir el perdón de sus pecados.”

De pronto, y tomando un semblante muy triste, Nuestra Señora dijo:

-”No ofendan más a Nuestro Señor pues ya está muy ofendido.”

Y abriendo sus manos, hizo que se reflejaran sobre el sol. Y mientras Ella se elevaba, la reflexión de su propia luz, continuaba siendo reflejada por el sol.

Esa es la razón por la cual le pedí a las personas que miraran hacia el sol.
Mi objetivo no era llamar su atención hacia el. Lo hice por que algo en mi interior me movió a hacerlo.

Cuando Nuestra Señora despareció en la vasta distancia del firmamento, vimos al lado del sol, a San José con el Niño y a Nuestra Señora, quien parecía ser Nuestra Señora de los Dolores. Nuestro Señor apareció para bendecir al mundo al igual que San José.

Esta aparición también se desvaneció y después me pareció ver a Nuestra Señora del Carmelo.