Artículo aparecido originalmente en la revista CRUSADE Magazine, edición Mayo/Junio del 2017, compilación y adaptación de Luiz Solimeo de la obra: “Un mensaje más que urgente” de Albert Sakda y David Meesang.
Adaptado y traducido al castellano por Proyecto Emaús.

Parte I | Parte II

Era la noche del 12 de Julio de 1917 y la pequeña Lucía, totalmente extenuada, tanto física como emocionalmente, se acababa de acostar en su pequeña cama.
Sin embargo, a pesar de estar tan agotada, no podía encontrar reposo pues era incapaz de comprender completamente, los acontecimientos de los meses previos.

Ella y sus primos Jacinta y Francisco, habían visto a una hermosa Señora, dos veces ya, en la Cova de Iria. Cuando Lucía le pregunta a la aparición, de donde había venido, la Señora, señalando hacia arriba, respondió:”Yo soy del Cielo”.

Sin embargo, en breve, la duda asaltaría la mente de la pequeña niña. Aquel mismo día, Fray Manuel Marques Ferreira, el párroco de la pequeña iglesia local, había sugerido la hipótesis de que las “supuestas” apariciones de la Virgen María, no eran nada más y nada menos que trucos del demonio. Así se lo hizo saber a la madre de Lucía.
Después de todo el párroco no exageraba. Basta con recordar la advertencia de san Pablo en 2 Corintios 11-14 : “Y no hay que maravillarse pues hasta Satán puede disfrazarse de ángel de luz para engañar al hombre”.
Lucía se estremeció al considerar tal posibilidad. Ahora la duda merodeaba su pequeña cabeza: “¿Y que tal si se trataba verdaderamente del demonio disfrazado?”

Que sufrimiento tan atroz! Por un lado, Lucía sentía una irresistible atracción por la bondad, hermosura, candor y contrastante seriedad de aquella Bella Dama; sus palabras tan llenas de sabiduría y tan conmovedoras. Y por el otro, un pensamiento cruel: ¿Estaría siendo engañada por el demonio?

La ansiedad de Lucía iba en aumento, al punto de llegar a decirles a Jacinta y a Francisco, que no visitaría más la Cova de Iria y que si ellos querían seguir yendo, tendrían que hacerlo por su propia cuenta. Esto desconcertó a la vez que entristeció a sus primos, quienes ahora se preguntaban: ¿Que acaso no sería un pecado el desobedecer a la hermosa Señora, la que explícitamente les había pedido visitar el lugar cada 13 de mes?

Muy por el contrario, para Francisco y Jacinta, no cabía la menor duda de que fue la Santísima Virgen María quien se les apareció. Jacinta estaba especialmente segura, después de todo, la Señora había dicho que venía del Cielo.

Luego de intentar persuadir a Lucía en vano, los dos primos finalmente se despiden prometiendo rezar por ella. Bien pronto tuvieron efecto aquellas oraciones sobre la cansada alma de Lucía, pues cuando el 13 de Julio amaneció, se levantó y vistió velozmente sintiendo grandes deseos de correr a la casa de sus primos.

Cuando Lucía llegó, encontró a Jacinta y Francisco arrodillados al borde de sus camas, rezando. Llena de júbilo se limitó a exclamar: ¡Vamos rápido!” y así, los tres llenos de inmensa alegría, fueron al encuentro con la Señora del Cielo.

Una cita con Nuestra Señora del Rosario

Lucía describe lo que sucedió:

Momentos después de haber llegado a Cova de Iria, a los pies de la encina, en medio de una gran multitud, mientras rezábamos el Rosario, vimos los usuales destellos de luz y luego a nuestra Señora en la cima del árbol.

-“¿Qué es lo que su Gracia desea de mí?” le pregunté.

-“Yo quiero que vengas aquí el día trece del siguiente mes, a continuar diciendo el Rosario en honor a Nuestra Señora del Rosario, para obtener la paz en el mundo y el fin de la guerra.”

-“Yo quería pedirle que nos diga quién es Usted y si puede hacer un milagro para que todos puedan creer que Usted se nos aparece” dije Yo.

-“Continúa viniendo aquí cada mes. En Octubre, yo te diré quien soy, que es lo que quiero, y haré un milagro que todos puedan ver y así creerán”.

Luego, hice algunas peticiones, mismas que ya no recuerdo de que trataban. Lo que si recuerdo, es que nuestra Señora nos dijo que era verdaderamente importante seguir rezando el Rosario para obtener gracias durante el año. Luego nuestra Señora prosiguió:

“Sacrifiquense por los pecadores y digan muy seguido, especialmente cuando hagan algún sacrificio ´Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María.´”