icono2Un extracto del «Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen María – Preparación del reinado de Jesucristo» de San Luis María Grignion de Montfort, cuya versión completa en formato PDF, puede obtenerse en el sitio montfort.org. Su primera publicación se hizo en el año 1843 (127 años después de la muerte de su autor).La verdadera devoción a la Santísima Virgen puede expresarse interiormente de diversas maneras. He aquí, en resumen, las principales:

honrarla, como a digna Madre de Dios, con culto de hiperdulía, es decir, estimarla y venerarla más que a todos los otros santos, por ser Ella la obra maestra de la gracia y la primera después de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre;

meditar sus virtudes, privilegios y acciones;

contemplar sus grandezas;

ofrecerle actos de amor, alabanza, acción de gracias;

invocarla de corazón;

ofrecerse y unirse a Ella;

realizar todas las acciones con intención de agradarla;

comenzar, continuar y concluir las acciones por Ella, en Ella, con Ella y para Ella, a fin de hacerlas por Jesucristo, en Jesucristo, con Jesucristo y para Jesucristo, nuestra meta definitiva.

Más adelante explicaremos esta última práctica.

[116.] La verdadera devoción a la Santísima Virgen tiene también varias prácticas exteriores. Éstas son las principales:

inscribirse en sus Cofradías y entrar en las Congregaciones marianas;

entrar en las Órdenes o Institutos religiosos fundados para honrarla;

publicar sus alabanzas;

hacer en su honor limosnas, ayunos y morti-ficaciones espirituales y corporales;

llevar sus libreas, como el santo rosario, el escapulario o la cadenilla;

rezar atenta y modestamente el Santo Rosario, compuesto de veinte decenas de Avemarías, en honor de los veinte principales misterios de Jesucristo, o la cuarta parte del Rosario, que son cinco decenas, en honor de los cinco Misterios Gozosos (Anunciación, Visitación, Nacimiento de Jesucristo, Purificación, y el Niño Jesús Perdido y Hallado en el Templo); o de los cinco Misterios Luminosos (Bautismo de Jesús, Bodas de Caná, Anuncio del Reino de Dios, Transfiguración, Institución de la Eucaristía y del Orden Sagrado); o Misterios Dolorosos (Agonía de Jesús en el Huerto, Flagelación, Coronación de Espinas, Subida al Calvario Jesús con la Cruz a cuestas, y Crucifixión y muerte de Jesús); o de los cinco Misterios Gloriosos (Resurrección de Jesucristo, Ascensión del Señor, Venida del Espíritu Santo, Asunción, y Coronación de María por las tres personas de la Santísima Trinidad); o una corona de seis o siete decenas en honor de los años que, según se cree, vivió sobre la tierra la Santísima Virgen; o la Coronilla de la Santísima Virgen, compuesta de tres Padrenuestros y doce Avemarías, en honor de su corona de doce estrellas o privilegios; o el Oficio de Santa María Virgen, tan universalmente aceptado y rezado en la Iglesia; o el Salterio Menor de María Santísima, compuesto en honor suyo por el Pseudo Buenaventura, y que inspira afectos tan tiernos y devotos que no se puede rezar sin conmoverse; o catorce Padrenuestros y Avemarías en honor de sus Catorce Alegrías; u otras oraciones, himnos y cánticos de la Iglesia, como la Salve, “Madre del Redentor”, “Salve, Reina de los Cielos”, o “Reina de los Cielos”, según los Tiempos litúrgicos; el himno “Oh Santa María, de Mares Estrella”; la antífona “¡Oh Gloriosa Señora!”; el Magníficat; etc.; u otras piadosas plegarias de que están llenos los devocionarios;

cantar y hacer cantar en su honor cánticos espirituales;

hacer en su honor cierto número de genu-flexiones o reverencias, diciéndole, por ejemplo, todas las mañanas sesenta o cien veces: “Dios Te salve, María, Virgen fiel”, para alcanzar de Dios, por mediación suya, la fidelidad a la gracia durante todo el día; y por la noche: “Dios Te salve, María, Madre de misericordia”, para implorar de Dios, por medio de Ella, el perdón de los pecados cometidos durante el día;

mostrar interés por sus cofradías, adornar sus altares, coronar y embellecer sus imágenes;

10° organizar procesiones y llevar en ellas sus imágenes, y llevar una consigo, como arma poderosa contra el demonio;

11° hacer pintar o grabar sus imágenes o su monograma y colocarlas en las iglesias, las casas o los dinteles de las puertas y entrada de las ciudades, de las iglesias o de las casas;

12° consagrarse a Ella en forma especial y solemne.

[117.] Existen muchas formas de verdadera devoción a la Santísima Virgen inspiradas por el Espíritu Santo a las personas santas, y que son muy eficaces para la santificación. Pueden leerse, en extenso, en “El Paraíso Abierto a Filagia”, compuesto por el Reverendo Padre Pablo Barry, jesuita, quien ha recopilado en esta obra gran número de devociones practicadas por los santos en honor de la Santísima Virgen. Estas devociones constituyen maravillosos medios de santificación, siempre que se hagan con las debidas disposiciones, es decir: 1° con la buena y recta intención de agradar a Dios solo, unirse a Jesucristo, nuestra meta final, y edificar al prójimo; 2° con atención, sin distracciones voluntarias; 3° con devoción, sin precipitación ni negligencia; 4° con modestia y compostura corporal respetuosa y edificante.

La Perfecta Devoción a María

[118.] Después de todo, protesto abiertamente que aunque he leído casi todos los libros que tratan de la devoción a la Santísima Virgen y conversado familiarmente con las personas más santas y sabias de estosúltimos tiempos no he logrado conocer ni aprender una práctica de devoción semejante a la que voy a explicar, que te exija más sacrificios por Dios, te libre más de ti mismo y de tu egoísmo, te conserve más firme y fielmente en la gracia y la gracia en ti, te una más perfecta y fácilmentea Jesucristo, y sea más gloriosa para Dios, más santificadora para ti mismo y más útil al prójimo.

[119.] Dado que lo esencial de esta devoción consiste en el interior que ella debe formar, no será igualmente comprendida por todos: algunos se detendrán en lo que tiene de exterior, sin pasar de ahí: será el mayor número; otros, en número reducido, penetrarán en lo interior de la misma, pero se quedarán en el primer grado. ¿Quién subirá al segundo? ¿Quién llegará hasta el tercero? ¿Quién, finalmente, permanecerá en él habitualmente? Sólo aquel a quien el Espíritu Santo de Jesucristo revele este secretoy lo conduzca por sí mismo para hacerlo avanzar de virtud en virtud, de gracia en gracia, de luz en luz, hasta transformarlo en Jesucristo y llevarlo a la plenitudde su madurez sobre la tierra y perfección de su gloria en el Cielo.

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