Para nosotros, los católicos, quienes veneramos a María, el Dogma de su Maternidad Divina, aprobado por el Concilio de Efeso en el año 431, basta y sobra, cuando de argumentar se trata, pero no sucede así con los hermanos separados, quienes no desperdician oportunidad alguna, para cuestionarnos al respecto. Aunque en algunos casos, la pregunta proviene de cuestionamiento sincero, la mayoría de las veces, tienen como objetivo, el hacer dudar de su fe, al Católico desprevenido.
Aquí, un sencillo artículo que de manera muy breve, presenta argumentos concisos para defender a María, nuestra Madre.

Evidencia Histórica

Desde los tiempos más antiguos, la Bienaventurada Virgen María, ha sido honrada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles acuden con sus súplicas en todos sus peligros y necesidades.
Mucho antes del Concilio de Efeso, que tuviese lugar en el año 431, los primeros Cristianos ya veneraban a María como la Theotokos, palabra de origen griego que quiere decir “Madre de Dios“.

La primera evidencia al respecto, la encontramos en un pedazo de papiro que data del año 250 aproximadamente. Este, contiene lo que se conoce, como la oración mariana más antigua de la que se tiene evidencia:

La oración mariana más antigua.

La oración mariana más antigua.

Sub tuum praesidium
confugimus,
Sancta Dei Genitrix.
Nostras deprecationes ne despicias
in necessitatibus nostris,
sed a periculis cunctis
libera nos semper,
Virgo gloriosa et benedicta.

En ella, ya se referían a María como “Sancta Dei Genetrix” o “Santa Madre de Dios“. Esto evidencia, no solamente que los primeros cristianos veneraban a la Virgen María, sino que además, se referían a ella como “Madre de Dios”. Puedes leer más sobre la Oración Mariana Más Antigua. Además, si uno es un poco curioso y lee la última linea (Virgo gloriosa… – Virgen gloriosa…), entenderemos, que su virginidad, tampoco estuvo en duda entre los primeros cristianos.

En el Monasterio de Santa Catalina del Monte Sinaí, en Egipto, existe una antigua pintura (siglos V-VI), un icono bizantino, que representa a la Theotokos, la Virgen como “Madre de Dios”, entronizada en el mismo trono de Cristo, escoltados por ángeles, San Jorge y San Teodoro.

theotokos

Así también queda evidenciado en el gran número de antiquísimos iconos marianos, en los que sus autores, identificaban a María por las iniciales MP, [Meter Theou]: Madre de Dios.

mp

Las iniciales “Madre de Dios”

Las iniciales que se muestran arriba, pertenecen al icono de La Virgen Del perpetuo Socorro, mismo que según la tradición, habría sido pintado por el propio evangelista San Lucas (quien sabido es, era además pintor). Aquí puedes leer más sobre el Icono de La Virgen Del perpetuo Socorro.

Argumentos Bíblicos

1.- En el pasaje bíblico de Lucas 1:26-38, también conocido como “La Anunciación“, encontramos que es el mismo arcángel Gabriel, quien anuncia a María, que será Madre del Altísimo:

El ángel le dijo: “No tengas miedo, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás y darás a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús. Será grande y se le llamará Hijo del altísimo; el Señor le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin”.

Gabriel menciona “hijo del Altísimo”, haciendo obvia referencia a Dios. Entonces, el hijo de Dios, es Dios hecho hombre, por lo tanto, María es Madre de Dios. Madre del Altísimo.

2.- Luego, en Lucas 1:42-44, en el pasaje bíblico, también conocido como “La Visitación de María“, encontramos:

…y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?

Más claro, ni el agua.

3.- En el libro de Is. 7,14: encontramos la promesa del Redentor :

Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.

Emmanuel significa “Dios está con todos nosotros” o “Dios entre nosotros”.

Aunque hay muchas más citas bíblicas que pueden ser presentadas para argumentar la Maternidad Divina de María, lo importante aquí, es mantenerlo breve, conciso y faćil de recordar para el Católico de “a pie”.

Por último, no terminemos sin recordar, lo establecido sobre la materia por el Concilio de Efeso del año 431, en donde se definió:

“Si alguno no confesare que el Emmanuel (Cristo) es verdaderamente Dios, y que por tanto, la Santísima Virgen es Madre de Dios, porque parió según la carne al Verbo de Dios hecho carne, sea anatema.”

El Concilio Vaticano II (1962-1965) hace referencia del dogma así:

“Desde los tiempos más antiguos, la Bienaventurada Virgen es honrada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles acuden con sus súplicas en todos sus peligros y necesidades” (Constitución Dogmática Lumen Gentium, 66).