Oraciones católicas para el tiempo de Adviento o preparación para la llegada de Nuestro Señor Jesucristo.

También existe una sección especifica en el sitio dedicada a la Preparación, Bendición y Rezo de la Corona de Adviento para los cuatro Domingos de Adviento y Noche Buena.

Oración de Adviento

Dulcísima y amabilísima Madre de Dios y Virgen sacratísima! ya se llega la hora de vuestro bienaventurado parto, parto sin dolor, parto gozoso. Vuestra es esta hora, y nuestra es: vuestra es porque en ella habéis de descubrir al mundo los tesoros divinos que tenéis encerrados en vuestras entrañas, y el sol que le ha de alumbrar, y el pan del cielo que le ha de sustentar, y la fuente de aguas vivas por la cual viven todas la cosas que viven. Y vos, Señora, con este sagrado parto habéis de quedar más gloriosa, pues por ser madre no se marchitará la flor de vuestra virginidad, antes cobrará nuevo frescor y nueva belleza, porque sois la puerta de Ezequiel cerrada, huerto cercado y fuente sellada, y todas las gentes os quedarán obligadas, y os reconocerán y adorarán por Madre de su Señor, y reparadora del linaje humano, y emperatriz y princesa de todo lo criado.

Pero también esta hora es nuestra, no solamente por ser para nuestro bien y principio de nuestro bien, sino porque desde que pecó Adán y Dios le dio esperanza con su promesa que le remediaría, todos los patriarcas la han deseado, todos los profetas la han prometido, todos los santos del Antiguo Testamento han suspirado por ella, todas las gentes la han aguardado y todas las criaturas están suspensas y colgadas de vuestro felicísimo parto, en el cual está librada la suma de la salud y felicidad eterna. Pues ¡oh esperanza nuestra! ¡oh refugio y consuelo de nuestro destierro!; oíd nuestros clamores, oíd los gemidos de todos los siglos y naciones, y los continuos ruegos y lágrimas del linaje humano, que está sepultado en la sombra de la muerte aguardando esta luz, y que vos le mostréis su Salvador, su Redentor, su vida, su gloria y toda su bienaventuranza. Daos prisa, Virgen santísima, daos prisa, acelerad vuestro dichoso y bienaventurado parto, y manifestadnos a vuestro unigénito Hijo, vestido de vuestra carne, para dar espíritu a los hombres carnales y hacerlos hijos de Dios, al cual sea gloria y alabanza en los siglos de los siglos.
Amén.

Oracion para el último sabado de Adviento

Introducción

La familia se reúne en un lugar apropiado de la casa, en torno a una imagen de Santa María.
Todos santiguándose dicen: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Luego el padre o la cabeza de familia explica a todos los presentes el sentido de esta liturgia con las siguientes palabras:

Al dar gracias a Dios que nos ha dado a su Hijo, debemos dar gracias también a la virgen María. Con su “Sí” a las palabras del Arcángel, por obra del Espíritu Santo, se convirtió en la Madre de Dios y en Madre nuestra, y en la noche de Belén “irradió sobre el mundo la luz eterna, Jesucristo nuestro Señor”. Demos gracias a Santa María porque Ella lo dio todo por nuestra reconciliación y pidámosle para que nuestros corazones estén siempre dispuestos a acogerla y con Ella a su Divino Hijo.

Luego la madre de familia dice la siguiente oración:

Gracias por ser Santa María.
Gracias por haberte abierto a la gracia,
y a la escucha de la Palabra, desde siempre.

Gracias por haber acogido,
en tu seno purísimo,
a quien es la Vida y el Amor.

Gracias por haber mantenido
tu “Hágase” a través de todos
los acontecimientos de tu vida.
Gracias por tus ejemplos
dignos de ser acogidos y vividos.

Gracias por tu sencillez,
por tu docilidad,
por esa magnífica sobriedad,
por tu capacidad de escucha,
por tu reverencia,
por tu fidelidad,
por tu magnanimidad,
y por todas aquellas virtudes
que rivalizan en belleza entre sí
y que Dios nos permite atisbar en Ti.

Gracias por tu mirada maternal,
por tus intercesiones,
tu ternura,
tus auxilios y orientaciones.

Gracias por tantas bondades.
En fin, gracias por ser Santa María,
Madre del Señor Jesús y nuestra.
Amén.

Invocación de la Familia

Mirando a la imagen de la Virgen, la familia eleva la siguiente súplica común (otros dos miembros de la familia hacen las invocaciones).

Primer miembro de la familia:

Invoquemos al Señor Jesús, Reconciliador del mundo, recurriendo confiados a la intercesión de su Santa Madre.
Que tu Santa Madre, Señor, interceda por nosotros.

Sálvanos, Señor, por tu anunciación-encarnación,
Que tu Santa Madre, Señor, interceda por nosotros.

Sálvanos, Señor, por tu nacimiento en Belén,
Que tu Santa Madre, Señor, interceda por nosotros.

Sálvanos, Señor, por tu presentación en el templo,
Que tu Santa Madre, Señor, interceda por nosotros.

Sálvanos, Señor, por tu santo bautismo,
Que tu Santa Madre, Señor, interceda por nosotros.

Sálvanos, Señor, por tu pasión y tu cruz,
Que tu Santa Madre, Señor, interceda por nosotros.

Sálvanos, Señor, por tu muerte y sepultura,
Que tu Santa Madre, Señor, interceda por nosotros.

Sálvanos, Señor, por tu santa resurrección,
Que tu Santa Madre, Señor, interceda por nosotros.

Sálvanos, Señor, por tu gloriosa ascensión,
Que tu Santa Madre, Señor, interceda por nosotros.

Sálvanos, Señor, por tu don del Espíritu Santo,
Que tu Santa Madre, Señor, interceda por nosotros.

Sálvanos, Señor, cuando vengas en la gloria,
Que tu Santa Madre, Señor, interceda por nosotros.

Segundo miembro de la familia:

Concede al Santo Padre, el Papa Francisco, y a nuestro Arzobispo (se dice el nombre del Arzobispo u Obispo) vida y salud y renuévalos en su ministerio y en su santidad de vida.
Que interceda por ellos tu Santa Madre.

Ilumina las mentes de los gobernantes en la búsqueda del bien común, de la paz y la reconciliación.
Que interceda por ellos tu Santa Madre.

Escucha el llanto de los que sufren, la oración de los perseguidos a causa de su fe, la invocación de las víctimas inocentes.
Que interceda por ellos tu Santa Madre.

Guía a la conversión a cuantos se han alejado de ti.
Que interceda por ellos tu Santa Madre.

Muestra la luz de tu rostro a cuantos te buscan con sinceridad de corazón.
Que interceda por ellos tu Santa Madre.

Y finalmente, ayúdanos Madre nuestra a que nuestro hogar sea como el de Nazaret, un cenáculo de comunión en el amor.

Oración Final

Y toda la familia reza a continuación la siguiente oración:
Bajo tu protección nos acogemos,
Santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas
que te dirigimos en nuestras necesidades;
antes bien, líbranos siempre de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.

El padre de familia concluye la liturgia con la siguiente oración:
Oh Dios, tú has manifestado al mundo
entre los brazos de la Virgen Madre a tu Hijo,
gloria de Isabel y luz de los pueblos;
haz que en la escuela de María
aprendamos a adherirnos al Señor Jesús
y reconozcamos en Él al único Salvador
del mundo ayer, hoy y siempre.
Él vive y reina por los siglos.
Amén.

Y todos santiguándose dicen finalmente: En el nombre del padre, del hijo y del espíritu Santo. Amén.

Oración al Niño Jesús

Te suplico, Señor, que envíes al que has de enviar, Ven, Señor Jesús, y no tardes; cielos ábranse y dejen que baje su rocío. Divino Niño Jesús, ven a nacer en mi corazón para desterrar de él al pecado y colocar tus virtudes.
Amén.

Adviento, tiempo de esperanza

Adviento,
tiempo de esperanza,
en el seno de María
crece el fermento
de un mundo nuevo,
el hijo del Dios vivo
que llega a compartir
con nosotros.
Nace Emanuel,
Dios-con-nosotros,
hecho niño,
pobre,
pequeño y necesitado.
María nos enseña el camino
para hacer nacer a Jesús
en nuestro tiempo:
confianza,
entrega,
fidelidad,
coraje,
y mucha fe en el Dios de la Vida.
Tiempo de espera,
de atención y cuidados,
de respeto y contemplación.Señor,
hay mucho dolor en nuestro tiempo,
hay sufrimiento e injusticia,
ayúdanos a sembrar
semillas de esperanza.

Descúbrenos la alegría
de la paciente espera,
activa y fecunda,
comprometida por la vida
de los que nos rodean.
Enséñanos a hacer crecer
la esperanza de algo nuevo,
anímanos a entregar nuestras vidas
para la construcción del Reino.Es tiempo de espera, Señor,
pero también es tiempo de donación
y compromiso efectivo.

Contagianos la fe sencilla de María,
que dio su vida
para alumbrar el Reino
y hacer nacer la esperanza
en medio de su pueblo.Salmo de San Francisco de Asís para el tiempo
del Adviento del Señor ¿Hasta cuándo, Señor,
me olvidarás por siempre?
¿Hasta cuándo apartarás tu rostro de mí?
¿Hasta cuándo tendré congojas en mi alma,
dolor en mi corazón cada día?
¿Hasta cuándo triunfará mi enemigo sobre mí?
Mira y escúchame, Señor, Dios mío.
Ilumina mis ojos para que nunca
me duerma en la muerte,
para que nunca diga mi enemigo:
He prevalecido contra él.
Los que me atribulan se alegrarían si yo cayera;
pero yo he esperado en tu misericordia.
Mi corazón exultará en tu salvación;
cantaré al Señor que me colmó de bienes,
y salmodiaré al nombre del Señor altísimo.

María de la Esperanza

María de Nazareth
madre de nuestro Señor,
compañera de nuestras marchas,
ven a visitarnos,
quedate con nosotros.
Te necesitamos, madre buena,
vivimos tiempos difíciles,
atravesamos bajones,
tenemos caídas,
nos agarra la flojera
nos inmoviliza la apatía,
nos da rabia la solidez de la injusticia.María,
virgen de la Esperanza.
Contagianos tu fuerza,
acercanos el Espíritu
que llena tu vida.
Ayudanos a vivir con alegría,
a pesar de las pruebas y las cruces
que encontramos en el seguimiento
de tu hijo.
Que no nos desaliente
la lentitud de los cambios,
que las espinas de la vida
no nos ahoguen la semilla del Evangelio.
Que no perdamos la utopía,
madre buena,
de creer que es posible otro mundo
y otra sociedad.
Que no bajemos los brazos
en la lucha por la justicia
y en la práctica de la solidaridad.
Que no se enturbie nuestra mirada,
al punto que no veamos la luz del Señor
que nos acompaña siempre,
que camina a nuestro lado,
que nos sostiene en los momentos duros.María,
vos creiste y te jugaste la vida.
Y no te fue fácil
También pasaste tiempos de incertidumbre,
de no entender las cosas que pasaban,
de sufrimiento y soledad.
Y saliste adelante,
con buen ánimo y entrega.
Nos enseñaste con tu ejemplo
que para dar vida hay que entregar la vida,
todos los días,
en las buenas,
y en las malas,
y en las más o menos.Siendo un muchacha,
estando comprometida,
corriste el riesgo de decir sí
al plan de Dios.
Confiaste en El
y el sueño de Dios se hizo realidad.Madre,
en nuestros días Dios sigue soñando.
Su Reino de hermanos
está muy lejos de ser realidad.
Y nos pide,
como a vos en Nazareth,
que demos lo mejor de nosotros
para ayudarlo a realizar su Proyecto.
María,
¡cómo cuesta decirle sí al Señor!
Cómo cuesta decir sí más allá de las palabras,
decir sí con los hechos, con actitudes, con gestos…
…¡con la vida!Enseñanos a esperar en el Señor,
a confiar en su palabra,
a dejarnos guiar por su Espíritu,
a llenarnos de su buen humor y alegría.
Enseñanos a escuchar su voz,
en la realidad de todos los días,
en el sufrimiento de tantos,
en las ansías de liberación y cambio,
en la sed de justicia de las mayorías.Enseñanos a orar
para no perder la Esperanza
y para darle raíces sólidas.
Enseñanos a orar
para discernir donde poner los esfuerzos
y descubrir nuestro lugar y misión.
Enseñanos a orar
para no desalentarnos
en las dificultades y contratiempos.María,
camina cerca nuestro,
acompañanos madre buena,
fortalece nuestra esperanza
para que sea el motor de nuestra entrega
el pozo donde beber para seguir,
el refugio donde descansar y retomnar fuerzas.
Anuda nuestra esperanza
al proyecto del Padre.
Danos firmeza y hasta tosudez
para seguir adelante.
Llena nuestros corazones
de la esperanza que libera
para vivir el amor solidario.Lo que se espera
se consigue con esfuerzo,
con trabajo y con la vida.
Nos confiamos en tus manos
para que nos hagas fuertes en la fe
comprometidos en la solidaridad
y firmes, muy firmes,
en la Esperanza del Reino.