Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen y orad por los que os calumnian.

Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues. A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva.

Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman.

Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo.
Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto.

Amad, pues, a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos.

Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.

Oración por los enemigos, de Nikolai de Zica

Bendice a mis enemigos, Señor. Yo también los bendigo y no los maldigo.

Mis enemigos me han llevado a tus brazos más que mis amigos.

Mis amigos me han atado a la tierra, mis enemigos han hecho que me desprenda de ella y han destruido mis aspiraciones en este mundo.

Mis enemigos han hecho que sea un extranjero en los reinos de la tierra y que habite como forastero en este mundo.

Del mismo modo que un animal perseguido por los cazadores encuentra un refugio más seguro que un animal despreocupado, yo, perseguido por mis enemigos, encontré el santuario más seguro oculto bajo tu tabernáculo, donde ni amigos ni enemigos pueden matar mi alma.

Bendice a mis enemigos, Señor. Yo también los bendigo y no los maldigo.

Ellos han confesado mis pecados ante el mundo en mi lugar.

Me han castigado cuando yo he dudado en castigarme.

Me han atormentado, cuando he intentado huir de los sufrimientos.

Me han reprendido, cuando yo me envanecía.

Me han escupido, cuando estaba lleno de arrogancia.

Bendice a mis enemigos, Señor. Yo también los bendigo y no los maldigo.

Cuando me he creído sabio, me han llamado necio.

Cuando me he colocado por encima de los hombres, se han burlado de mí como si fuera un enano.

Cuando he querido ser el primero, me han postergado.

Cuando he corrido a enriquecerme, me lo han impedido con puño de hierro.

Cuando he pensado que podía dormir tranquilo, me han despertado de mi sueño

Cuando he intentado construirme una casa para pasar una vida larga y tranquila, la han derruido y me han echado de ella.

En verdad, mis enemigos me han liberado de las ataduras del mundo y han hecho que alargue la mano para tocar la orla de tu túnica.

Bendice a mis enemigos, Señor. Yo también los bendigo y no los maldigo.

Bendícelos y multiplícalos; multiplícalos y vuélvelos aún más contra mí, para que mi huida hacia ti sea sin retorno, mi esperanza en los hombres se desvanezca como una telaraña, una serenidad total empiece a reinar en mi alma, mi corazón se convierta en la tumba de esas dos malvadas hermanas, la arrogancia y la ira, pueda atesorar mi tesoro en el cielo y por fin me vea libre del autoengaño que me ha enredado en la terrible maraña de esta vida ilusoria.

Mis enemigos me han enseñado lo que casi nadie sabe: que el único enemigo que tiene un hombre en este mundo es él mismo.

Uno sólo odia a sus enemigos cuando no se da cuenta de que no son enemigos, sino amigos crueles.

Me resulta muy difícil decir quién me ha hecho más bien y quien me ha hecho más mal en este mundo: mis amigos o mis enemigos.

Por lo tanto, bendice, Señor, tanto a mis amigos como a mis enemigos.

Un siervo maldice a sus enemigos, porque no entiende, pero un hijo los bendice, porque sí que entiende y sabe que sus enemigos no pueden quitarle la vida. Por eso, anda sin miedo entre ellos y ruega por ellos a Dios.

Bendice a mis enemigos, Señor. Yo también los bendigo y no los maldigo.
Amen

Oracion para nuestros enemigos y para los que nos quieren mal

Dios mío, yo perdono a __________ el mal que me ha hecho y el que ha querido hacerme, así como deseo que tu me perdones, y que él mismo me perdone lo que yo haya podido hacer contra él. Si lo has colocado a mi paso como una prueba, que se cumpla tu voluntad.

Desvia de mí, Dios mío, la idea de maldecirle y todo deseo malévolo contra él. Has que yo no experimente ninguna alegría por las desgracias que pueda tener, ni pena por los bienes que puedan concedérsele, con el fin de no manchar mi alma con pensamientos indignos de un cristiano.

Señor, que tu bondad se extienda sobre él y le conduzca mejores sentimientos respecto a mí.

Inspirame el olvido del mal y el recuerdo del bien. Que ni el odio, ni el rencor, ni el deseo de volverle mal por mal, entren en mi corazón, porque el odio y la venganza sólo pertenecen a los espíritus malos, encarnados y desencarnados.

Por el contrario, que esté pronto a tenderle fraternalmente la mano, a volverle bien por mal y a socorrerle si me es posible.

Deseo, para probar la sinceridad de mis palabras, que se me ofrezca la ocasión de serle útil; pero sobre todo, Dios mío, preservame de hacer nada por orgullo u ostentación confundiéndole con una generosidad humillante, lo que me haría perder el fruto de mi acción, porque entonces merecería que se me aplicasen aquellas palabras de Cristo: “Tú recibiste ya la recompensa”.

Salmo 83 - Oración contra enemigos conjurados

Oh Dios, no permanezcas en silencio;
no calles, oh Dios, ni te quedes quieto.

Porque, he aquí, tus enemigos rugen,
y los que te aborrecen se han enaltecido[a].

Hacen planes astutos contra tu pueblo,
y juntos conspiran contra tus protegidos.

Han dicho: Venid, y destruyámoslos como nación,
para que ya no haya memoria del nombre de Israel.

Porque de corazón han conspirado a una;
hacen pacto contra ti:

las tiendas de Edom y de los ismaelitas,
Moab y los agarenos,

Gebal, Amón y Amalec,
Filistea con los habitantes de Tiro;

Asiria también se ha unido a ellos;
se han convertido en ayuda para los hijos de Lot.

Trátalos como a Madián,
como a Sísara, como a Jabín en el torrente Cisón,

que fueron destruidos en Endor,
que quedaron como estiércol para la tierra.

Pon a sus nobles como a Oreb y Zeeb,
y a todos sus príncipes como a Zeba y Zalmuna,

que dijeron: apoderémonos
de los prados de Dios.

Oh Dios mío, ponlos como polvo en remolino;
como paja ante el viento.

Como fuego que consume el bosque,
y como llama que incendia las montañas,

así persíguelos con tu tempestad,
y aterrorízalos con tu torbellino.

Cubre[h] sus rostros de ignominia,
para que busquen tu nombre, oh Señor.

Sean avergonzados y turbados para siempre;
sean humillados y perezcan,

para que sepan que sólo tú, que te llamas el Señor,
eres el Altísimo sobre toda la tierra.

Oración a Jesús Justo Juez

Señor Jesucristo, Dios de vivos y muertos, Eterno Sol de Justicia, encarnado en el casto vientre de la Virgen María, por la salud del linaje humano, Justo Juez, Creador del Cielo y de la Tierra, y muerto en la Cruz por mi amor. Tu que fuiste envuelto en un sudario y puesto en un sepulcro del que al tercer día Resucitaste vencedor de la muerte y del Infierno. Justo y Divino Juez, oye mis súplicas, atiende a mis ruegos, escucha mis peticiones y dales favorable despacho.

Tu voz imperiosa serenaba a las tempestades, sanaba a los enfermos y resucitaba a los muertos como a Lázaro y al hijo de la viuda de Nahím. El imperio de tu voz ponía en fuga a todos los demonios, haciéndolos salir de los cuerpos poseídos, y dio vista a los ciegos, habla a los mudos, oído a los sordos y perdón a los pecadores, como a la Magdalena y al paralítico de la piscina. Tu te hiciste invisible a tus enemigos, a tu voz retrocedieron cayendo por tierra en el huerto, los que fueron a aprisionarte, y cuando expirabas en la Cruz, a tu poderoso acento se estremecieron los orbes.

Tú abriste las cárceles a Pedro y lo sacaste de ellas sin ser visto por la guardia de Herodes; tú salvaste a Dimas y perdonaste a la adúltera. Te suplico, Justo Juez, me liberes de todos mis enemigos, visibles e invisibles. La sábana santa en que fuiste envuelto me cubra; tu sagrada sombra me esconda, el velo que cubrió tus ojos ciegue a los que me persiguen, y los que me deseen mal ojos tengan y no me vean, manos tengan y no me tienten, oídos tengan y no me oigan, lengua tengan y no me acusen, y sus labios enmudezcan en los tribunales cuando intenten perjudicarme.

Oh Jesucristo, Justo y Divino Juez, favoréceme en toda clase de angustias y aflicciones, lances y compromisos, y has que al invocarte y aclamar al imperio de tu poderosa y Santa voz llamándote en mi auxilio, las prisiones se abran, las cadenas y los lazos se rompan, los grillos y las rejas se quiebren, los cuchillos se doblen y toda arma que sea en mi contra se inutilice; ni los caballos me alcancen, ni los espías me miren ni me encuentren.

Tu Sangre me bañe, tu manto me cubra, tu mano me bendiga, tu Poder me oculte, tu Cruz me defienda, y sea mi escudo en la vida y en la hora de mi muerte.

Ho Justo Juez, Hijo del Eterno Padre, que con El y con el Espíritu Santo eres un solo Dios verdadero; oh Verbo Divino hecho hombre, yo te suplico me cubras con el manto de la Santísima Trinidad, para que libre de todos los peligros y me glorifique tu Santo Nombre. Amén.

Divino y Justo Juez, acompáñame en mi vida, oh Verbo divino hecho hombre, yo te suplico me cubras con el manto de la Santísima Trinidad para que me libres de todos los peligros y me glorifique tu Santo Nombre. Amén.

Divino y Justo Juez, acompáñame en mi vida, líbrame de todo peligro y accidente; defiéndeme de mis enemigos y socórreme en mis necesidades. Amén.

Oración a San Benito Abad

Glorioso Padre Benito, ayúdanos en la lucha contra el demonio, el mundo y la carne. Aleja de nosotros cualquier influencia maligna, las tentaciones, el poder del Mal, los peligros para nuestro espíritu y para nuestro cuerpo.

Ayúdanos a confiar en el Amor de Dios nuestro Padre, en la Fuerza de Cristo nuestro Salvador, y en la Presencia del Espíritu Santo nuestro Defensor. Amén.

Coraza de San Patricio

Me envuelvo hoy día y ato a mi una Fuerza Poderosa, la invocación de la Trinidad, la fe en las Tres Personas, la confesión de la Unidad del Creador del Universo.

Me envuelvo hoy día y ato a mí la fuerza de Cristo, con su bautismo, la fuerza de su Crucifixión y entierro, la fuerza de su Resurrección y Ascensión, la fuerza de su vuelta para el Juicio de la Eternidad.

Me envuelvo y ato a mí la fuerza proveniente de los méritos de todos aquellos que ya están unidos a Dios para siempre en la eternidad, especialmente la fuerza de los méritos de María Santísima, San José, San Juan Bautista y mis Santos Patronos.

Me envuelvo hoy día y ato a mí la fuerza del Espíritu Santo que fortaleció a los Apóstoles en Pentecostés, la fuerza del amor de los Querubines, la obediencia de los Ángeles, el servicio de los Arcángeles, la esperanza de la resurrección para el premio, las Oraciones de los Patriarcas, las predicciones de los Profetas, las predicaciones de los Apóstoles, la fe de los Mártires, las buenas obras de los Confesores.

Me envuelvo hoy día y ato a mí el Poder del Cielo, la luz del sol, el brillo de la luna, el resplandor del fuego, la velocidad del rayo, la rapidez del viento, la profundidad del mar, la firmeza de la tierra, la solidez de la roca.

Me envuelvo hoy día y ato a mí la Fuerza de Dios para orientarme, el Poder de Dios para sostenerme, la Sabiduría de Dios para guiarme, el ojo de Dios para prevenirme, el oído de Dios para escucharme, la Palabra de Dios para apoyarme, la mano de Dios para defenderme, el camino de Dios para recibir mis pasos, el escudo de Dios para protegerme, los Ejércitos de Dios para darme seguridad contra las trampas de los demonios, contra las tentaciones de los vicios, contra las malas inclinaciones de la naturaleza, contra todos los que desean el mal, de palabra, obra y pensamiento, de lejos y de cerca, estando yo solo o en la multitud.

Convoco hoy día a todas las Fuerzas Poderosas, que están entre mí y esos males, para oponerlas contra los encantamientos de los falsos profetas, contra las leyes negras del paganismo, contra las leyes falsas de los herejes, contra la astucia de la idolatría, contra los conjuros de las brujas, brujos y magos, contra todos los que me envidian y planifican cómo destruirme, contra la curiosidad que daña el cuerpo y el alma del hombre.

Invoco a Cristo para que me proteja hoy contra el veneno, el incendio, el ahogo, las heridas, para que pueda yo alcanzar abundancia de premio.

Cristo conmigo, Cristo delante de mí, Cristo detrás de mí, Cristo en mí, Cristo sobre mí, Cristo a mi derecha, Cristo a mi izquierda, Cristo debajo de mí, Cristo en la anchura, Cristo en la longitud, Cristo en la altura.

Invoco a Cristo para que este en el corazón de todo hombre que piensa en mí, Cristo en la boca de todos los que hablan de mí, Cristo en todo ojo que me ve, Cristo en todo oído que me escucha.

Me envuelvo hoy día y ato a mí una Fuerza Poderosa; la invocación de la Trinidad, la fe en las Tres Divinas Personas, la confesión de la Unidad del Creador del Universo.

Del Señor es la Salvación, el Señor es la fuerza de la Salvación, Cristo es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian para servirle con santidad y justicia, en su presencia todos nuestros días. Amén.

Oración a San Miguel Arcángel

Gloriosísimo Príncipe de los Ejércitos Celestiales, San Miguel Arcángel, defiéndenos en el combate contra las principados y potestades, contra los gobernadores de estas tinieblas, contra los espíritus de maldad en los aires ¡ven en auxilio de los hombres que Dios ha hecho a su Imagen y semejanza, y rescatado a tan alto precio de la tiranía del demonio!

Eres tú a quien venera la Santa Iglesia como su Guardián y su Protector; a ti ha confiado el Señor las almas, redimidas para introducirlas en la felicidad del Cielo. Ruega al Dios de Paz que aplaste a Satanás bajo tus pies, a fin de despojarle de todo poder de retener cautivos a los hombres y de perjudicar a la Iglesia.

Dígnate presentar al Altísimo nuestras Oraciones para que prontamente desciendan sobre nosotros las Misericordias del Señor, y vence a la antigua serpiente que es el diablo o Satanás, para precipitarlo encadenado a los abismos, de manera que no pueda ya jamás seducir a las Naciones. Amén.

Oración contra los enemigos de la Iglesia

Oye las atentamente las oraciones de tu Iglesia, te rogamos, Señor; Para que sus enemigos y todas las herejías sean aniquilados, y para que te podamos servir en perfecta seguridad y libertad. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

Oración contra los enemigos dela Iglesia

Oh Espíritu Santo, Creador, sostén misericordiosamente a Tu Iglesia Católica, y por Tu poder celestial, fortalécela y afiánzala la contra los asaltos de todos sus enemigos; Y con tu amor y gracia, renueva el espíritu de tus siervos que has ungido, para que glorifiquen al Padre y su unigénito Hijo , Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración por los enemigos, de Nikolai de Zica, Oración para nuestros enemigos y para los que nos quieren mal, Salmo 83 – Oración contra enemigos conjurados, Oración a Jesús Justo Juez, Coraza de San Patricio, Oración a San Benito Abad, Oración contra los enemigos dela Iglesia, Oración a San Miguel Arcángel, Oración contra los enemigos dela Iglesia II.