Escucha nuestra humilde plegaria, Oh Dios,
por nuestros amigos los animales, tus criaturas.
Especialmente por todos los que están sufriendo
obligados a trabajar más allá de sus fuerzas,
por los que no son alimentados o son tratados cruelmente,
por todas las criaturas cautivas
que golpean sus alas contra los barrotes,
por los que son cazados, perdidos o
abandonados, por los que están asustados
o hambrientos, por aquellos que deben ser sacrificados.
Por quienes deben tratar con ellos pedimos un corazón
compasivo, manos suaves y palabras bondadosas.
Haznos verdaderos amigos de los animales
y dignos seguidores misericordiosos de nuestro Salvador, Jesucristo.
Amén.