En Julio de 1941, dio inicio el conflicto armado entre Perú y Ecuador que sería poco después conocido como “La Guerra del 41”. Como todo conflicto, este enfrentamiento entre países vecinos, acarreo muerte y destrucción. Ambas partes presagiaban una larga y sangrienta guerra. Para el mes de Julio, el conflicto había cobrado la vida de innumerables combatientes.

El Arzobispo de Quito, Carlos María Javier de la Torre, ordenó, en una súplica al Cielo – ya que no parecía haber recurso alguno en la tierra – un triduo (tres días de oración antes de la celebración de Fiestas importantes en honor a Nuestra Señora y a algunos santos) en todas las iglesias de Quito, dirigiéndose a la Santísima Virgen, implorando su intercesión ante Dios, para poner fin a las hostilidades.

El 24 de julio se inició en la Iglesia de la Inmaculada Concepción, en el centro de Quito y frente al Palacio de Gobierno, el Triduo en honor a Nuestra Señora del Buen Suceso.
La imagen milagrosa de Nuestra Señora del Buen Suceso, que por lo general se ubica en el asiento de la abadesa, en el coro superior, fue llevada a reinar sobre el altar principal para que los fieles pudieran unirse a las monjas Concepcionistas en su intercesión.

El 27 de julio, cuando el Triduo estaba llegando a su fin, Nuestra Señora del Buen Suceso realizó un milagro para el pueblo ecuatoriano, ofreciendo una gran esperanza a esta afligida población.

Nuestra Señora baja y levanta los ojos

Eran alrededor de las 9 de la mañana, cuando varias señoras que estaban cerca del altar mayor rezando a Nuestra Señora, observaron que la Estatua de la Virgen del Buen Suceso abrió sus ojos de par en par, los volvió hacia abajo con una mirada de gran compasión y, hacia arriba. Esto sucedió varias veces. Visiblemente conmovidos por el acontecimiento milagroso, permanecieron en oración, varios de ellos llorando, pero no le dijeron a los otros presentes en la iglesia lo que habían presenciado.

Alrededor de las 10 am. Benjamín Rafael Ayra, capellán del convento y canónigo de teología se hizo presente en el lugar. Teniendo una profunda devoción a Nuestra Señora del Buen Suceso, fue primero al altar para encomendarse a la Virgen, antes de la Misa. Cuando se volvió hacia su estatua, fue testigo del mismo milagro.

Profundamente conmovido, pero temeroso de que estuviera experimentando alguna ilusión óptica, fue a decirles a las damas que rezaban tan fervorosamente en la iglesia lo que había presenciado. Lo confirmaron, diciéndole que habían visto el mismo milagro sólo una hora antes.

La noticia se extendió rápidamente por toda la ciudad. Una persona le dijo a otra: “¡Un milagro en la Iglesia de la Concepción!” “¡Date prisa, Nuestra Señora está moviendo los ojos en la Iglesia!”

En poco tiempo, parecía que todos los habitantes de Quito, una ciudad conocida por su piedad y devoción a Nuestra Señora, se dirigían hacia la Iglesia Concepcionista con la esperanza de ver por sí mismos el milagro, a medida que la estatua seguía subiendo y bajando Su mirada a intervalos durante todo el día.

Al conocer sobre este prodigio, un periodista del diario de Quito “El Comercio”, corrió hacia la concurrida plaza para entrevistar a los testigos de esta maravilla. Habló con la distinguida Señora Matilde Chiriboga de Salvador, quien le dijo con gran entusiasmo: “Vi a la Santísima Virgen abrir y cerrar los ojos, como miles de personas lo han visto hoy”.

El señor Hugo Argüello Yépes se enteró del milagro por medio de un amigo y se dirigió inmediatamente a la Iglesia Concepcionista. Rompiendo entre la enorme multitud, se dirigió al pie del altar. Dijo que contempló la estatua por un espacio de 10 minutos y, junto con los muchos otros presentes que llenaron la iglesia, también fue testigo del movimiento de sus ojos.

Muchos testigos dijeron que la cara de la imagen tomaba un color rosado. Entonces, sus párpados, que normalmente estaban medio cerrados, se abrían y ella volvía su mirada hacia abajo sobre la gente. Después, los elevaría al Cielo y luego los bajaría a su posición natural. A lo largo del milagro, la estatua fue impregnada con una luz sobrenatural, que brillaba con una aureola celestial.

Casi todas las personas que vinieron a ver la Estatua – algunas creyentes, otras no – vieron la Virgen milagrosa levantar y bajar los ojos. Sin embargo, unos pocos decían que no podían ver nada, a pesar de su predisposición religiosa, aunque todos los que los rodeaban, hombres, damas y niños, eran testigos de la maravilla.

Por ejemplo, el curioso caso de dos estudiantes universitarios, uno de devota juventud católica y otro socialista, que entraron en la iglesia por simple curiosidad, por el hecho de que todos hablaban al respecto. El católico no vio nada, mientras que el socialista vio el milagro. Lleno de emoción, cayó de rodillas, con el rostro bañado en lágrimas.

Cuando sonó la campana que llamaba a la misa vespertina de las 7 de la tarde y a las oraciones finales del Triduo, varios miles de fieles se desplazaban hacia la iglesia, tratando de entrar para comprobar por sí mismos si la Virgen del Buen Suceso movía sus párpados. La policía fue llamada a mantener el orden y evitar que la gente impaciente dañara las puertas de la iglesia Concepcionista.

Este maravilloso signo materno de la preocupación de Nuestra Señora por su pueblo, continuó durante toda la noche, terminando solamente alrededor de las 3 de la mañana del día siguiente. Miles de personas fueron testigos del milagro.

Claramente, Nuestra Señora había intercedido por el pueblo ecuatoriano, porque en ese día, lunes 28 de julio, se informó de que se había llamado a un alto el fuego. La guerra había terminado. El 29 de julio Perú y Ecuador firmaron el Protocolo de Río y las fuerzas peruanas se retiraron del territorio ecuatoriano. No había duda en la mente de los fieles de que este prodigioso acontecimiento, era una señal de que la Madre de Dios, había oído sus oraciones y venido en su ayuda en ese momento de angustia.

Algunos Testimonios


Los hechos de este prodigioso milagro, fueron publicados en numerosos artículos en todo el Ecuador. Estos informes fueron recogidos por el P. Benjamín Rafael Ayora y Cueva, Doctor en Teología, en un folleto titulado “Nuestra Señora del Buen Suceso de Quito y el Conflicto Internacional con el Perú en 1941”. En su obra encontramos testimonios del milagro de 1941:

El señor Juan Bautista Jaramillo dio cuenta de esto: “Yo estaba escuchando la Misa a las 10 de la mañana en la Iglesia Concepcionista, cuando me di cuenta de que la gente se reunía en multitud alrededor de la estatua de la Virgen del Buen Suceso. Pero entonces vi que algunos lloraban y otros se desmayaban y pregunté por la causa.

“Una señora, señalando hacia la estatua, dijo entre sollozos y lágrimas:” ¿No ves el gran milagro que la Virgen está haciendo? ” Entonces, vi a la Virgen abrir los ojos, girarlos en dirección al altar y luego devolverlos a su posición anterior, era algo sobrenatural y nunca lo olvidaré en toda mi vida”.

Otra señora afirmó que ella, junto con su marido, vio desde una distancia de unos 2 metros el milagro. Explicó que su esposo, era un oficial militar retirado y un masón y que cuando vio los ojos de la estatua moverse, casi se desmayó porque demostró algo en lo que nunca había creído. Fueron bendecidos, afirmó, para ser testigos reales de este gran acontecimiento que había contribuido a la conversión de su marido.

“Al regresar a nuestra casa”, dijo, “juró que haría todo lo posible para convertir a sus compañeros de la Logia a la Religión Católica. Le pedí que orara conmigo, y se arrodilló y oró conmigo”.

Otro testigo, el señor Rafael Pérez, dio este testimonio: “Toda mi vida he sido un incrédulo, nunca creí en los milagros de los santos y siempre pensé que eran invenciones de los sacerdotes para explotar el sentimiento religioso de los creyentes necios. , Lo que vi el domingo por la noche a las 8:30 pm me transformó.
“Llegué a la esquina y vi que la multitud se movía, tratando de entrar en la Iglesia de la Concepción. Una dama me explicó que dentro de la iglesia, la Estatua de la Virgen del Buen Suceso estaba haciendo un milagro. Para confirmar el hecho, me las arreglé para entrar en la iglesia, abriéndome camino con gran dificultad, me situé lo más cerca que pude de la estatua. Allí, experimenté una sorpresa sensacional.
Observé a la Virgen voltear los ojos al Cielo y luego bajarlos varias veces, me pareció que sólo podía ser una ilusión óptica, así que, luego de frotarme los ojos, los volví a fijar en los de la Virgen y después de observar con calma la estatua durante una hora, estaba convencido de la veracidad de este gran acontecimiento y me fui, pensando que las desgracias nacionales e internacionales de la época, podían haber hecho que la Virgen y Dios tuvieran misericordia del Pueblo ecuatoriano, que en ese momento sufría una de las mayores desgracias de su historia”.

Otro testigo confiable, la señora Isabel de Ramírez, afirmó que también vio el milagro de la Santísima Virgen del Buen Suceso. En la noche del domingo 27 de julio, después de escuchar la noticia, fue a la Iglesia Concepcionista con su hermana, dos hijos de su hermana y un criado. Entraron en la iglesia y, tras situarse muy cerca de la sagrada estatua, experimentaron una extraña sensación.

“Un tipo de niebla cubría la estatua, que gradualmente se desvaneció y, entonces, la Virgen se vio rodeada por un esplendor que sólo se podía llamar sobrenatural, su rostro era extremadamente hermoso y bañado en una luz nunca antes vista. “
La señora Isabel continuó: -Después de unos momentos de devota observación, noté con gran asombro que las pupilas de sus ojos, así como sus párpados, volvían a su posición natural … Esta maravilla se repitió varias veces en intervalos de unos pocos minutos. El mismo milagro fue visto por todos los miembros de mi familia que estaban presentes.”

El informe concluye: “Este gran milagro fue confirmado por muchas honorables mujeres de nuestra sociedad, que también lo vieron con gran admiración y emoción, entre ellas Señoras Elvira Chiriboga de Salvador, Lola Lasso de Uríbe, María Lasso de Eastman Cox, Victoria Pérez De Quiñones, María Luisa Muñoz de Mancheno, la Señorita Gangotena Jijón y muchas otras.

Otros testigos incluyen a los canónigos Ayora, Arcos y Andrade, así como a un grupo de guardias y militares.

La aceptación general del milagro

Un diario de Ibarra se entrevistó con el P. J. E. Vázquez, un sacerdote jesuita que vivió en Quito, para confirmar los informes del milagro. Aunque no fue testigo del prodigio, el sacerdote le dijo al reportero que era ciertamente digno de creer, dadas las muchas pruebas creíbles del milagro de Nuestra Señora del Buen Suceso. La entrevista a continuación:

Reportero: Viviendo tan cerca del Convento Concepcionista, Vuestra Reverencia ciertamente puede testimoniar, la verdad de la prodigiosa manifestación de Nuestra Señora del Buen Suceso a finales del pasado mes de julio. Nos gustaría saber aquí [en Ibarra] cómo los sacerdotes y otras personas competentes de la Capital, interpretaron este fenómeno celestial, ya que no todos lo comprenden y lo admiten de la misma manera.

Fr. Vázquez: “No me enteré de todos los hechos hasta el día siguiente. Aquí en la casa, oímos noticias de lo que estaba ocurriendo en la Iglesia Concepcionista, pero ninguno de nosotros pudo entrar en la Iglesia cuando las puertas se abrieron esa noche, porque la multitud era demasiado grande… La última palabra sobre esto, como en cualquier milagro o cosa sobrenatural, recae estrictamente en la autoridad eclesiástica y en nosotros, según el decreto oficial.
Pero, mientras tanto, ciertamente podemos aceptar el testimonio de tantas personas de mente sana, buen juicio y fe confiable que relataron lo que vieron y perseveraron en sus declaraciones, a pesar de algunas pocas diferencias en detalles, como ha sucedido en tantas otras apariciones, desde la de Nuestro Señor Jesucristo a San Pablo, hasta la de la Santísima Virgen en Lourdes y, más recientemente, el milagro de nuestra Madre Dolorosa en el Colegio de los Jesuitas.
Manifestaciones semejantes demuestran que María, Augusta Madre de Dios, a cuyo santo Sagrado Corazón nuestra República está consagrada, no nos ha abandonado y que, gracias a su poderoso patrocinio, debemos esperar buenos resultados en nuestros esfuerzos y en nuestras empresas, que no se aparten de la santa Ley de Dios, y de las enseñanzas de la Iglesia “.

Las Profecías Aprobadas por la Iglesia

Para aquellos que dudan de la verdad de las apariciones de Nuestra Señora del Buen Suceso, y de la maravillosa vida de Madre Mariana de Jesús Torres, presentamos extractos del prólogo del libro titulado: “El Mensaje Profético de la Sierva de Dios Madre Mariana Francisca de Jesús Torres” , Escrito por el postulador para su causa de beatificación, Mons. Luis E. Cadena y Almeida. El objetivo de su obra es mostrar que las muchas profecías de Nuestra Señora a la Madre Mariana se han cumplido, incluso en los detalles minuciosos. El libro tiene el imprimatur del Vicario General de la Arquidiócesis Gabriel Díaz Cuevo.

En el Prefacio, describe a los biógrafos franciscanos de la Madre Mariana, el misterioso silencio que envolvió a las profecías durante tres siglos y, finalmente, el surgimiento del conocimiento de Nuestra Señora del Buen Suceso, y las profecías a principios del siglo XX. Explica cómo se estableció una comisión eclesiástica, para estudiar el libro “La Vida Admirable de Madre Mariana” por el P. Manuel Sousa Pereira, y la encontró “auténtica y digna de creer”.

Con la iniciación en nuestros días de la Causa de Beatificación de la Sierva de Dios, Mariana Francisca de Jesús Torres y Berriochoa, conviene conocer su edificante vida y las profecías que recibió de la Santísima Virgen del Buen Suceso. Con este fin, confiamos en la incalculable contribución franciscana, los frailes que dedicaron sus servicios a hacer conocer a esta gran hermana religiosa. Esta monja está llamada a brillar – desde el pedestal dorado de los altares – por su práctica ejemplar de las virtudes y su generosa correspondencia con los dones recibidos de la liberalidad divina.

Entre los sacerdotes franciscanos que han ayudado a darla a conocer, están el P. Antonio Jurado, P. Francisco Anguita, y el P. Juan de la Madre de Dios Mendoza, quienes como Directores Espirituales de Madre Mariana de Jesús Torres, la obligaron a escribir su autobiografía. Se dieron cuenta de los grandes retornos de la espiritualidad y el ascetismo que el conocimiento de su vida, produciría en el suelo del privilegiado monasterio de la Inmaculada Concepción, que alimentó esta preciosa flor en su pecho materno.

A la muerte de Madre Mariana, el 10º Obispo de Quito, el austero y erudito Mons. Pedro de Oviedo, predicó en la misa fúnebre de la santa religiosa. Con conocimiento íntimo del funcionamiento de su alma, la alabó y agradeció a Dios, “el Dador de todos los bienes”, por este maravilloso regalo a su Diócesis, y al Continente Americano. Este mismo obispo testificó la heroica virtud de la Madre Mariana, las apariciones de la Santísima Virgen del Buen Suceso, su carisma de profecía y los muchos milagros realizados por esta Sierva de Dios.

Después de su muerte, hubo otros franciscanos, como el P. Martín Ochoa, que escribieron las biografías, no sólo de Madre Mariana, sino también de la Madre fundadora, para que su memoria y sus nombres perduren a través de los siglos.

Pasó un siglo, y en los años 1760-1770, otro franciscano conocido por su virtud y sabiduría, el P. Bartolomé Ochoa de Alcano y Gamboa, al tener a mano nuevos datos y abundante documentación, lanzó al público la biografía de la Rev. Madre Mariana Francisca de Jesús Torres y Berriochoa, obra que fue bien recibida no sólo por los monjes franciscanos, hermanas y miembros de la tercer orden, sino también, por diversos círculos religiosos de España, Portugal y, desde luego, Quito y América del Sur.

En el año 1790, este ciclo de historiadores confiables y venerables, cerró con broche dorado. Fr. Manuel Sousa Pereira, un franciscano con una incalculable riqueza de hechos, información y documentación, escribió una biografía inspirada por un espíritu sobrenatural. Fr. Pereira dejó un manuscrito en la Biblioteca del Gran Monasterio de San Pablo de Quito y otro a los religiosos del Monasterio de la Concepción. Se tituló “La Admirable Vida de la Rev. Madre Mariana de Jesús Torres”, española y una de las fundadoras del Real Monasterio de la Inmaculada Concepción de la Ciudad de San Francisco de Quito.

Luego, desde 1790 hasta los primeros años del siglo XX, el nombre y la memoria de la Sierva de Dios estaban envueltos en un manto de terrible silencio, escondido y no revelado, un silencio tan pesado como su lápida.

De repente, el 8 de febrero de 1906, 271 años después de su muerte, el cuerpo virginal e incorrupto de esta bendita esposa de Cristo, fue encontrado en su primera tumba que estaba en uno de los muros del coro inferior del Convento. El cuerpo fue removido y colocado en un sarcófago de cristal a los pies de su Madre Santísima, en la pequeña capilla de la Virgen del Carmen, donde permanece hoy.

Desde mediados de este siglo, ya se ha dicho mucho tanto a favor como en contra de las apariciones de la Santísima Virgen del Buen Suceso a su hija, la Madre Mariana de Jesús Torres, Madre Fundadora y elegida Abadesa del Real Monasterio de la Inmaculada Concepción de Quito en el año 1593 a la edad de 30 años. Algunos, los crédulos y débiles de corazón, fueron conmocionados por los mensajes proféticos de la Madre de Dios, muchos de los cuales se habían cumplido con fechas verificables en la Historia. Otros, escépticos e incrédulos, sacudían la cabeza y rechazaban las profecías, no queriendo saber cosas que pudieran agitar las aguas estancadas de sus conciencias.

Para responder a estas objeciones, entró en escena el cardenal Carlos María de la Torre, prelado conocido por su espíritu lúcido, sereno y su ardiente devoción a la bienaventurada Virgen María. El Cardenal nombró una Comisión, formada por sacerdotes eruditos versados en Historia y Teología, para estudiar el manuscrito original de las apariciones y profecías, escritas por el P. Manuel Sousa Pereira, OFM, titulado “La Admirable Vida de la Venerable Madre Mariana Francisca de Jesús Torres.”

Nuestra Señora del Buen Suceso y Nuestra Señora de Fátima: Profecías para nuestros tiempos

A finales del siglo XVI, Nuestra Señora se apareció a una hermana Concepcionista de Quito, Ecuador, entonces colonia de la Corona Española, bajo el título de Nuestra Señora del Buen Suceso, y ordenó que se le hiciera una estatua. Ella deseó que esto hiciera un gran bien, no sólo al convento y la nación ecuatoriana, sino también, a todo Occidente, e incluso al mundo entero. Lo deseaba porque el convento tendría especial necesidad de su protección en los primeros días de la Colonia, pero también porque deseaba intervenir durante una gran crisis en la Iglesia y en la sociedad, que se produciría en el siglo XX.

La imagen reina de Nuestra Señora del Buen Suceso, con su majestuosidad y aire sobrenatural, no es una estatua común. Fue milagrosamente completada en el año 1611 por los Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael.
También cuenta la asombrosa historia de la Madre Mariana, quien le ofreciera sus sufrimientos y su vida, por la crisis en la Iglesia que se le dio a ver y que ocurriría en el siglo XX.
La Madre Mariana fue una hermana Concepcionista que viajó desde España al Nuevo Mundo a la edad de 13 años, a fin de ayudar a fundar el Real Convento de la Inmaculada Concepción (una rama franciscana) en Quito. Favorecida con muchos dones, singulares regalos del cielo, a esta alma elegida le fueron dados a conocer muchos eventos futuros, relacionados con la situación de la Iglesia en nuestros días.

En el presente artículo, no vamos a contar acerca de su extraordinaria vida ni de las muchas pruebas y sufrimientos que tuvo que padecer. Más bien, presentamos a continuación, algunas de las profecías que le fueran reveladas y que se refieren a nuestro propio tiempo y que armonizan perfectamente, con las profecías más conocidas que Nuestra Señora hiciera en Fátima en 1917.

Nuestra Señora le dijo a Madre Mariana que en nuestros lamentables tiempos, las herejías abundarían, la corrupción de costumbres sería casi completa, y la luz de la Fe estaría casi extinguida. Para expiar las muchas blasfemias y abusos y acelerar el día de la restauración triunfal, se pidió a esta religiosa del siglo XVII, que se convirtiera en víctima expiatoria de nuestro tiempo. Así, de manera especial, la vocación de Madre Mariana la vincula a la crisis de la Iglesia y de la sociedad, que pocos negarían que estamos presenciando el día de hoy.

Nuestra Señora advirtió a la Madre Mariana, que los sacramentos serían maltratados y dejados a un lado, que las vocaciones perecerían debido a la mala formación y educación en las escuelas y monasterios católicos, que la impureza inundaría las calles como aguas sucias del océano de modo que “casi no habría almas vírgenes”.

Pero hay un vínculo aún más profundo con el mensaje de Fátima. Nuestra Señora le dijo a la Madre Mariana, que su nombre sólo se conocería a finales del siglo XX.

El tercer secreto de Fátima debía ser revelado al mundo a más tardar en 1960 o a la muerte de la hermana Lucía, lo que ocurriese primero. Misteriosamente, esto no se cumplió.
En 1960, el Papa Juan XXIII dio un incomprensible mensaje en total y directa oposición con el mandato de la Madre de Dios: “Questo non è per i nostri tempi”. Por “el bien de la Iglesia y el bienestar de la humanidad”.

Sin embargo, el mensaje de Nuestra Señora en Quito, advierte repetidamente de una profunda crisis dentro de la Iglesia y el clero, tanto secular como regular. ¿Podría ser ésta la tercera parte del mensaje de 1917, todavía no revelado hasta el día de hoy: la apostasía en el clero, la extinción general de la luz de la fe, una conspiración contra la Iglesia, el dominio de Satanás?
Es la opinión, de muchos expertos en el tema como el Dr. Atila Sinke Guimarães , que Fátima y Quito son “dos caras del mismo arco gótico: es el mensaje de la Reina del Universo para los católicos del día de hoy, en nuestra actual coyuntura”.

Profecías de Nuestra Señora del Buen Suceso y Nuestra Señora de Fátima

Un profeta es una persona con un mensaje para el futuro, un intercesor con un mensaje del Cielo que suplica la cooperación del hombre con la gracia. Cuando Dios envió profetas en el Antiguo Testamento, fue para recordar a los hombres que volvieran a la verdad. En el siglo XX, nuestro Señor envió a su Madre, la Reina de los Profetas: “Vete a la tierra y destruye las herejías”. Los Padres de la Iglesia han escrito que Nuestra Señora, es el martillo de las herejías.

Si uno se toma la molestia de estudiar el mensaje de Nuestra Señora en Fátima, encontrará que parte fundamental del mismo, es el llamado a la conversión y a la oración, -especialmente el rezo del Santo Rosario- y también encontrará las muchas advertencias contra las herejías y los errores de nuestros tiempos. El mensaje de Nuestra Señora en Quito, es confirmado en Fátima casi 300 años después.

1. Necesidad de víctimas expiatorias

Concluido el siglo XX, el siglo del hombre ha abrazado todos los placeres y adoptado la máxima de la Revolución de los años 60: Sólo está prohibido prohibir. Es conveniente que los mensajes de Fátima y Quito hablen al hombre de la necesidad de víctimas expiatorias y del amor por la Cruz.

Es muy interesante ver que en la primera aparición de Nuestra Señora en Fátima, María les pregunta a los niños: “¿Quieren ofrecerse a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él puede escoger enviarles, como un acto de reparación de los pecados por los que está ofendido y como una súplica para la conversión de los pecadores?” Pide la cooperación del hombre en el plan divino, y los niños están de acuerdo. Lucía dijo: “Sí, lo queremos”. “Entonces van a sufrir mucho, pero la gracia de Dios será su consuelo.”
De la misma manera, en Quito, Nuestra Señora pidió la cooperación de Madre Mariana en su gran misión, misma que ha conectado el pasado con nuestros días.

En 1582, cuando la Madre Mariana rezaba ante el Santísimo Sacramento, por primera vez se le dio a ver la herejía, la blasfemia y la impureza que inundaría el mundo como castigo en el siglo XX. Nuestra Señora le preguntó: “Hija mía, ¿te sacrificarás por la gente de este tiempo?” La Madre Mariana respondió: “Estoy dispuesta.” Debido a lo violento del impacto emocional que supuso prever los horrores de nuestros días, la Madre Mariana cayó muerta. La evidencia histórica esta bien documentada y registra que esta santa religiosa verdaderamente murió en 1582 y resucitó posteriormente. Estando ante el tribunal divino, se le dio la opción de permanecer en el cielo o volver a sufrir en el mundo. Siguiendo el ejemplo de Nuestra Señora, que dejó las glorias del cielo para proteger a sus hijos durante esos difíciles primeros años de la incipiente Iglesia, la Madre Mariana optó por volver a la vida, para expiar los grandes pecados de nuestros tiempos.

Parece que también hay un mensaje muy especial para nosotros, que se encuentra presente en la forma en que los niños de Fátima y la Madre Mariana, aceptaron y abrazaron voluntariamente la cruz. El misterio de la cruz es una gracia muy especial que la Sabiduría Eterna, sólo otorga a Sus mejores amigos. “Es una mayor felicidad para San Pedro”, escribe San Juan Crisóstomo, ” el ser encarcelado por causa de Jesucristo, que estar con Él en Su gloria en el Monte Tabor, es una mayor gloria para él llevar las cadenas de prisionero, que llevar en sus manos las llaves del Paraíso “.

San Luis de Montfort dice, porque el número de tontos es infinito, es decir, el número de quienes no conocen el valor de la Cruz y la llevan muy a pesar de sí mismos. Debes emocionarte de alegría, dice, “porque la cruz que llevas es un regalo tan precioso, que despertaría la envidia de los Bienaventurados si fueran capaces de envidiar”.

2. La existencia del infierno

El Primer Secreto de Fátima rompe el mito, la mentira del siglo XX, de que el infierno no existe. El 13 de julio de 1917, Nuestra Señora dijo a tres niños, de edades de 10, 8 y 7 años, que “oren, oren mucho porque son muchas las almas que van al infierno”.
Entonces Nuestra Señora abrió sus manos y mostró a los tres niños un agujero en el suelo. Ese agujero, dijo Lucía, “era como un mar de fuego en el que vimos las almas de formas humanas, hombres y mujeres, quemándose, gritando y llorando en desesperación”. María dijo a los niños: “Acaban de ver el infierno, donde van los pecadores cuando no se arrepienten “.

Durante su vida, La Madre Mariana rogó a Nuestro Señor que salvase el alma de una hermana insubordinada en el convento. Él estuvo de acuerdo en que esta hermana rebelde fuese salvada, aunque se le requeriría permanecer en el purgatorio hasta el fin del mundo. En recompensa, la Madre Mariana tuvo que sufrir cinco años en la tierra los dolores del infierno. Durante cinco años sufrió todas las torturas de los sentidos reservados a las almas en ese terrible lugar y el más intenso sufrimiento de todos: el sentimiento de la pérdida de Dios.

Parece muy claro que Nuestra Señora quería que el hombre del siglo XX se diera cuenta, de las “teorías” de la salvación universal de von Balthasar, -que han tenido una enorme influencia sobre los Papas postconciliares y nuestro actual Papa. El infierno existe: Es un lugar, y NO está vacío.

3. El Libertinaje

Durante la estancia de Jacinta en el orfanato de Nuestra Señora de los Milagros en Lisboa en 1920, Nuestra Señora le dijo: “Los pecados que llevan más almas al infierno son los pecados de la carne”. Había otras profecías que ella reveló a la niña: “vendrán modas que ofenderán mucho a Nuestro Señor, las personas que sirven a Dios no deben seguirlas, la Iglesia no tiene modas, nuestro Señor es siempre el mismo”. Ella dijo que los pecados de la impureza serían tan grandes, que casi no habría almas vírgenes. Dijo ademas, que muchos matrimonios no son buenos, que no agradan a Nuestro Señor y no son de Dios. Finalmente, Jacinta repitió continuamente a Lucia y a la Madre Godinho: “Oren mucho por los sacerdotes y los religiosos, ¡los sacerdotes deben ser puros, muy puros!”

Tres siglos antes, en Quito, Ecuador, el 20 de Enero de 1610, Nuestra Señora se apareció llevando un báculo en su mano derecha y a su Divino Hijo en su brazo izquierdo, para “que todos sepan que soy misericordiosa y comprensiva. Déjenlos venir a mí, porque yo los conduciré a Él”.

Nuestra Señora dijo además a la Madre Mariana, que en el siglo XX: “las pasiones se desbordarán y que habrá una corrupción total de las costumbres, pues Satanás reinará casi por completo a través de las sectas Masónicas. Se enfocarán particularmente en los niños para lograr esto. ¡Ay de los hijos de estos tiempos!”. Obviamente, ella está hablando de la revolución humanista secular sobre la cual tanto se ha escrito y que ha invadido completamente las instituciones seculares y religiosas de nuestros tiempos.

(Es sorprendente escuchar a Nuestra Señora, refiriéndose a la masonería ya a principios del siglo 17. Fue recién en este siglo, que la masonería ve el surgimiento de la estructura que se ha filtrado hasta nuestros días. Sin embargo, la masonería estaba estrechamente conectada con el Rosicrusianismo, y puede ser rastreada incluso, en sectas que existían ya en la Edad Media.)

Nuestra Señora continuó describiendo los abusos que atacarían cada uno de los Sacramentos: “¡Ay de los hijos de estos tiempos porque será difícil recibir el sacramento del Bautismo y también el de la Confirmación”. Advirtió que el diablo, trataría asiduamente de destruir el sacramento de la Confesión y de la Santa Comunión. Ella lamentó los muchos sacrilegios y abusos del Santísimo Sacramento que ocurrirían. El Sacramento de la Extrema Unción sería poco estimado y muchas personas morirían sin recibirlo.

El Sacramento del Orden Sagrado, sería ridiculizado, oprimido y despreciado. El demonio laboraría incesantemente para corromper al clero y tendría éxito con muchos de sus miembros. Y estos “sacerdotes depravados, que escandalizarán al pueblo cristiano, incitarán al odio de los malos cristianos y de los enemigos de la Iglesia romana, católica y apostólica, a caer sobre todos los sacerdotes.” Este aparente triunfo de Satanás traerá enormes sufrimientos a los buenos Pastores de la Iglesia “.

Sobre el sacramento del matrimonio, que simboliza la unión de Cristo con su Iglesia, dijo: “La masonería, que entonces estará en el poder, promulgará leyes inicuas con el objetivo de acabar con este Sacramento, facilitando a todos vivir en pecado … El espíritu cristiano se desintegrará rápidamente, extinguiendo la preciosa luz de la Fe, hasta llegar al punto de que habrá una corrupción casi total y general de las costumbres. En estos tiempos desgraciados, habrá un lujo desenfrenado que conquistará innumerables almas frívolas que se perderán. La inocencia casi no se encontrará en los niños, ni la modestia en las mujeres. En este momento supremo de necesidad, la Iglesia, aquellos que deberían hablar, permanecerán en silencio”.

Esta advertencia resuena en voz alta en los oídos de aquellos quienes han seguido las apariciones de Fátima: “En este momento supremo de necesidad de la Iglesia, aquellos que deberían hablar, permanecerán en silencio”.

Es imposible dejar de preguntarse: ¿Por qué el tercer secreto de Fátima no fue revelado en 1960 según el mandato de la Reina del Cielo? ¿Por qué los papas conciliares y postconciliares permanecieron en silencio ante el mandato del Cielo? Además, frente a tantas blasfemias y flagrantes abusos – ¿por qué tener a tantas personas en posiciones de autoridad que permanecen en silencio? ¿Dónde está la saludable reacción frente a tantas violaciones contra la tradición, el Magisterio y hasta el básico sentido común?.

La crisis en la Iglesia

Finalmente, llegamos a una de las apariciones más importantes de Nuestra Señora del Buen Suceso a la Madre Mariana en 1634, un año antes de su muerte.
Mientras la Madre Mariana oraba ante el Santísimo Sacramento el 2 de febrero (la Fiesta de la Purificación – Presentación), vio que la luz del santuario se extinguía, dejando completamente oscuro el altar. Esto es en sí mismo muy significativo para aquellos de nosotros que tenemos razones para creer que, de hecho, en muchas iglesias en todo el mundo, la luz del Tabernáculo, literalmente, ha sido extinguida.

Sin embargo, habría almas, prometió, que permanecerían fieles y preservarían el tesoro de la Fe y las virtudes. Pero éstas sufrirían un cruel, indecible y prolongado martirio. “Para liberar a los hombres de la esclavitud de estas herejías, aquellos escogidos por el Hijo Santísimo a fin de llevar a cabo la restauración, necesitarán gran fuerza de voluntad, constancia, valor y confianza en Dios. Para poner a prueba la fe y la confianza de los justos, habrá ocasiones en que todo parecerá estar perdido y paralizado. Entonces, será el feliz comienzo de la restauración completa. ”

Estas almas elegidas, que restaurarán la salud de la Iglesia, parecen ser muy similares a los apóstoles de los últimos tiempos predichos por San Luis María Grignion de Montfort.

El segundo significado: La crisis en el clero, tanto secular como regular.

Se perderían muchas vocaciones, la injusticia y la iniquidad entrarían en los conventos y monasterios bajo el disfraz de “falsa caridad, causando estragos en las almas”.
“El clero secular”, dijo, “dejará mucho que desear, pues los sacerdotes se descuidarán en sus deberes sagrados y, al carecer de la brújula divina, se desviarán del camino trazado por Dios para el ministerio sacerdotal, y se apegarán a las riquezas, las que se afanarán indebidamente por obtener.

“¡Cómo sufrirá la Iglesia en esta oscura noche! […] [A falta de un prelado y de un padre que los guíe con paternal amor, mansedumbre, fortaleza, sabiduría y prudencia, muchos sacerdotes perderán su espíritu, poniendo sus almas en gran peligro”.

El tercer significado: impureza impregnará la atmósfera y casi no habrá almas vírgenes en el mundo.

Ya hemos mencionado esta profecía, así que continuaremos con la siguiente.

El cuarto significado: “Las sectas masónicas, habiendo infiltrado a todas las clases sociales, introducirían sutilmente su enseñanza en ambientes domésticos para corromper a los niños”, advirtió.

Es la invasión del humanismo secular de la Francmasonería y los errores del comunismo. Pero Nuestra Señora, prometió que habrían “comunidades religiosas e individuos que trabajarían con valentía y celo desinteresado por la salvación de las almas, contra los que los impíos, emprenderían crueles guerras”.

El quinto significado: “La razón por la que se extingue la lámpara”.

El quinto significado es muy interesante: Nuestra Señora dijo: “La quinta razón por la cual se extinguió la lámpara, es la laxitud y la negligencia de aquellos que poseen grandes riquezas, quienes indiferentemente observaran la opresión de la iglesia, la virtud siendo perseguida, y el triunfo del demonio, sin emplear piadosamente sus riquezas, en combatir a este mal, ni en la restauración de la fe.
La Reina del Cielo señaló también, que la extinción de la luz del Tabernáculo, se debería a la indiferencia del pueblo al permitir que el Nombre de Dios, se extinguiese gradualmente y al adherirse al espíritu del mal, entregándose libremente a los vicios y pasiones.

Fátima y Quito: Mensajes que se confirman mutuamente

Sería muy oportuno que esta historia de Nuestra Señora del Buen Suceso ,y de Madre Mariana de Jesús Torres sea más conocida por el público hispanoparlante. Porque allí, tal como lo hizo en Fátima, Nuestra Señora pidió oración y sacrificio para reparar los muchos atropellos y abusos de este infeliz siglo. Pero también en Quito, tal como lo hiciera en Fátima, nos asegura su feliz intervención y triunfo.

El mensaje de Nuestra Señora del Buen Suceso, es como el de Nuestra Señora de Fátima, un mensaje de gran esperanza. Prometió que un grupo de almas fieles, llenas de confianza ayudarían a efectuar la feliz Restauración. Prometió su intercesión en el mismo momento en que el mal apareciera triunfante, y cuando la autoridad abusase de su poder. Esto significaría, como Ella dijo, “la llegada de mi hora, cuando, de una manera maravillosa, destronaré al soberbio y maldito Satanás, pisándolo bajo mis pies y atándolo en el abismo infernal”. Estas palabras armonizan perfectamente con el mensaje de esperanza que Nuestra Señora entregó a los tres niños en Fátima en 1917: “Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará”.

Éste es el secreto del éxito de la Contrarrevolución: estar convencidos de la victoria prometida por Nuestra Señora. No es suficiente, simplemente mantener la firme resolución de sufrir … es necesario tener algo que es tanto más oneroso como afable. Es mantener la convicción de que al final las cosas terminarán teniendo éxito.

Para ser dignos del éxito de la victoria que Nuestra Señora predijo, necesitamos una confianza sobrenatural. Necesitamos estar completamente convencidos de esa victoria; la promesa de Nuestra Señora de Fátima en 1917: “Al final Mi Corazón Inmaculado triunfará”. Necesitamos estar completamente convencidos de la feliz restauración: las palabras de Nuestra Señora en Quito en 1634: “Para poner a prueba esta fe y la confianza de los justos, habrá ocasiones en que todo parecerá perdido y paralizado. Esto, entonces, será el feliz comienzo de la restauración completa. ”

Que todos los que recurran a ella bajo este título, sientan su maternal bondad y reciban “buen suceso” en todos sus buenos esfuerzos y necesidades. Que el conocimiento de esta devoción, apresure el día en que será conocida y honrada en todas partes como Reina del Cielo y de la Tierra, tal y como ella ha profetizado – en Quito y en Fátima.

Fuentes

Adaptado de una serie de documentos publicados originalmente en http://www.traditioninaction.org/OLGS/olgshome.htm

Traducción y Adaptación por Proyecto Emaús.