Nuestra Señora de Luján

El origen de la advocación se remonta a 1630. Antonio Farías Sáa, un hacendado portugués radicado en Sumampa (actual provincia de Santiago del Estero, Argentina), quiso erigir en su estancia una capilla en honor de la Virgen. Solicitó a un compatriota suyo, residente en Brasil, el envío de una imagen de la Inmaculada Concepción de María. Para una mejor elección, su amigo le envió dos imágenes. En el mes de mayo de 1630, las imágenes de la Virgen llegaron al puerto de Buenos Aires procedentes de San Pablo y, acondicionadas en sendos cajones, fueron colocadas en una carreta.

Luego de tres días de viaje, la caravana a la cual se incorporó la carreta hizo un alto a 5 leguas de la actual ciudad de Luján, en el paraje de Zelaya, para pernoctar en la Estancia de Rosendo de Trigueros.

Al día siguiente, ya dispuestos a continuar la marcha, los bueyes no consiguieron mover la carreta. Después de intentos fallidos, bajaron uno de los cajones y los bueyes iniciaron la marcha sin dificultad. Intrigados por el contenido del cajón, encontraron al abrirlo una imagen pequeña (38 cm de altura) de arcilla cocida que representaba la Inmaculada Concepción. Los creyentes interpretaron el hecho como providencial, y entregaron la imagen para su custodia a don Rosendo de Oramas, el dueño de la casa ubicada en la actual localidad de Zelaya, del partido del Pilar, a 50 km del actual emplazamiento del santuario. La segunda imagen, que representaba a María con el niño en sus brazos, llegó a destino, y en 1670 se le construyó un santuario donde se la veneró bajo la advocación de Nuestra Señora de la Consolación de Sumampa.

Historia

LA IMAGEN DE LA VIRGEN

La imagen de la Virgen que llegó en 1630 al Río de la Plata es brasileña, hecha en terracota (tierra cocida) en el valle de Paraiba, San Pablo, donde en el siglo XVII, había una importante producción de esculturas de ese material. Mide 38 cm. Está de pie sobre un nimbo de nubes donde aparecen cuatro cabezas de ángeles. A ambos lados de la figura se ven las puntas de la luna en cuarto creciente. Tiene las manos juntas sobre el pecho.

Estaba totalmente policromada, siendo el manto azul cubierto de estrellas, y la túnica roja.

En 1681 –según el historiador Maqueda- ya se veneraba la imagen vestida. El padre De Los Ríos, en una visita canónica a Luján en 1737, dispone que cada tres meses se renovara el vestuario de la Virgen.

En 1904, Juan Nepomuceno Terrero, Obispo de La Plata –Diócesis a la que por ese entonces pertenecía Luján-, ante el evidente deterioro de la imagen a causa de la desintegración de la arcilla con la que fuera construida, mandó hacerle una cubierta de plata, que dejó a la vista solo el rostro y las manos.

Dicha cubierta, de autor anónimo, es de perfil cónico y está compuesta de dos piezas que se unen en el costado de la imagen. La frontal remeda túnica y manto. Ambas están repujadas y cinceladas imitando telas con roleos vegetales y un galón en el borde del manto.

La cubierta de plata sólo se hizo para preservar la figura de María, porque se la siguió vistiendo con trajes de tela. Desde esa época se le superpone el cuarto creciente por delante del manto con que se la viste. Es ya tradición que dicho manto se le cambie una vez al año, en fecha cercana al 8 de mayo, día de la Coronación.

DESCRIPCIÓN DE LA CORONA

Fue mandada a hacer en París por el P. Jorge María Salvaire a la Casa “Poussielgue Roussand”. Un afamado artífice fabricó tan preciosa joya, combinando y enlazando las ofrendas de la piedad argentina con suma inteligencia y maestría. Se necesitaron no menos de 70 días de labor para terminarla.

El estilo de la corona pertenece al gótico, llamado florido, el cual impera generalmente en todas las obras de arte del siglo XIV.

Es toda de oro finísimo con engarces de piedras preciosas. Su peso total es de 500 gramos; mide su diámetro en la parte más prominente unos 13 centímetros y tiene de altura hasta la cúspide de la cruz 14 centímetros.

Su forma es la de Corona Imperial.

Fue bendecida por León XIII el 30 de septiembre de 1886.

La solemne coronación, tuvo lugar el 8 de mayo de 1887 en presencia de unas 40.000 personas.

Fue robada el 15 de septiembre de 1897. Fue encontrada y restaurada en la Casa Gotuzzo y Costa, de la ciudad de Buenos Aires, bendecida y colocada nuevamente sobre las sienes de la Virgen por Mons. Uladislao Castellano, Arzobispo de Buenos Aires, el 7 de noviembre de 1897.

La corona luce 8 escudos: los de Argentina, Uruguay, Paraguay, España, el del Papa Pío IX, quien siendo canónigo en 1824 visitara y diera misa en Luján, el de S.S. León XIII, que bendijera la corona en 1886 y los de Monseñor Aneiros, porteño y Mons. Castellano, cordobés, ya que ambos coronaron la imagen de la Virgen.

La preciosa aureola que circunda la corona que ciñe las sienes de María de Luján está compuesta de doce estrellas a seis puntas y viene a ser como su natural complemento. Sintió el Padre Salvaire, en lo más íntimo de su corazón una voz misteriosa que le recordaba aquella frase apocalíptica de San Juan: “Vi a una hermosa mujer vestida de sol, calzada con la luna y sobre su cabeza una corona de doce estrellas”.

LA ROSA DE ORO

La rosa de Oro es un presente otorgado por el Papa a Naciones, Ciudades, Basílicas, Santuarios, Imágenes… Es bendecida personalmente por Él, el cuarto domingo de Cuaresma, la unge con el Santo Crisma y se la espolvorea con incienso. Esta Rosa consiste en áureo rosal con flores, botones y hojas, colocado en un vaso de Plata renacentista dentro de un estuche de oropel con el escudo del Papa.

Se considera iniciador del rito al Papa León IX en el año 1049.

En América fue concedida a Nuestra Señora de Guadalupe (México), a la Virgen Aparecida de Brasil, y el 11 de junio de 1982, personalmente Juan Pablo II, se la ofrendó a Nuestra Señora de Luján, Patrona de Argentina.

EL MILAGRO

Hacia el año 1630, un cierto portugués, de nombre Antonio Faría de Sá, hacendado de Sumampa, jurisdicción de Córdoba del Tucumán, pidió a un amigo suyo, Juan Andrea, marino, que le trajese del Brasil una imagen de la Concepción de María Santísima con el propósito de venerarla en la Capilla que estaba fabricando en su estancia.

Juan Andrea cumplió el encargo y le trajo no una, sino dos imágenes de Nuestra Señora, que llegaron al puerto de Buenos Aires. Una, según el pedido, era de la Purísima Concepción; la otra, del título de la Madre de Dios con el niño Jesús dormido entre los brazos.

Ambas imágenes fueron colocadas en dos cajoncillos y subidas a una carreta. Al llegar a las orillas del Río Luján, en la estancia de Rosendo, los troperos se detuvieron allí para pasar la noche. Al día siguiente, una clara mañana de Mayo, queriendo proseguir el camino no pudieron mover la carreta. Admirados de la novedad pasaron a individualizar la causa y declaró el conductor del convoy: “Aquí vienen dos cajones con dos bultos de la Virgen, que traigo recomendados para una capilla de Sumampa”.

Cuando abrieron el cajón, hallaron una bella imagen de Nuestra Señora de la Concepción, de media vara de alto y con las manos juntas ante el pecho. Luego de venerar la Santa Imagen la llevaron en procesión a la casa de Rosendo y sus dueños le levantaron un humilde altar. Fue entonces cuando un joven negro llamado Manuel- dijo: “Sáquese de la carreta uno de los cajones y observemos si camina”.

Así se hizo, pero en vano. “Truéquense los cajones”, replicó él mismo. Entonces ocurrió que al cambiar los cajones y al tirar los bueyes la carreta se movió sin dificultad.

Desde luego entendieron los arrieros tal disposición del Cielo de que la imagen de la Virgen encerrada en tal cajón debía quedarse en aquel paraje y así siguieron con la otra a su destino.

LA CONSTRUCCIÓN DE LA GRAN BASÍLICA

El 25 de mayo de 1889, el P. Jorge María Salvaire tomaba posesión como Párroco de Luján y Capellán de la Virgen. Después de vencer muchas dificultades, el 4 de mayo de 1890, trazados ya los planos y elegido el estilo gótico, dieron comienzo las obras de la actual Basílica.

La aprobación alentadora del Arzobispo, que asumió toda la responsabilidad, lo orientaba a no gastar en la construcción, más de lo que entrara. El entusiasmo creado, propagado por la revista -La Perla del Plata-, que había sido fundada el 6 de enero de ese mismo año, fue tal que, sin aportes estatales, con la sola contribución de los fieles, los cimientos se hundieron en la tierra y los nuevos muros empezaron a aflorar y crecer.

Planos, dependencias varias -hornos de ladrillos, herrerías, taller de piedras, carpintería, etc. Todo fue previsto y montado.

Cuando la Comisión objetó los planos por lo grandioso de la construcción, dijo el Arzobispo Aneiros. “La Virgen quiere este templo. Y el Pueblo argentino, cuando sabe de qué se trata, es muy generoso. Sabiendo que se trata de elevar a su Madre del Cielo una iglesia digna de Ella, se mostrará generoso.”

Tres años después, en 1897, León XIII creó el Obispado de La Plata -Monseñores Espinosa y Terrero- continuaron estimulando la colosal empresa. En 1904, en un marco de fervorosa solemnidad, la Sagrada Imagen de Luján fue trasladada desde el Santuario de Lezica al nuevo Camarín.

En 1910, Mons. Terrero bendijo solemnemente las naves de la Basílica, habilitándolas para las celebraciones culturales mientras se continuaba la construcción del resto.

El grandioso órgano de la Basílica, construido en la casa Cavaillé-Coll de París, de 49 registros reales, fue inaugurado a mediados de 1911.

TRICENTENARIO DEL MILAGRO 1630-1930

Con entusiasmo inigualable y en un clima indescriptible de fervor y devoción marianos en todos los niveles, fueron celebrados los trescientos años del Milagro de Luján.

Todo el año 1930 fue dedicado a rememorar y agradecer el evento religioso de 1630. Pero se eligió el mes de octubre como tiempo más apropiado. Se consagró una semana entera de solemnidades y celebraciones.

Las notas y tañidos del sonoro campanario constantemente invitaban a fiesta. Se abrió la -Gran Semana Lujanense del Tricentenario-, domingo 5 de octubre, con la proclamación de Nuestra Señora de Luján como Patrona de las tres Repúblicas del Plata: Argentina, Paraguay y Uruguay.

A principios de 1930, Monseñor Francisco Alberti, Obispo diocesano de La Plata y de Luján, había solicitado en nombre de todo el Episcopado Argentino, Uruguayo y Paraguayo al Papa Pío XI, que se dignara declarar oficialmente a la Virgen de Luján Patrona de las tres Repúblicas.

El 5 de octubre el mismo Obispo platense, en ausencia del Arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Bottaro, postrado por la enfermedad, asumió la representación de todos los Arzobispos, Obispos de los tres países y proclamó (por bula de Pío XI, del 8 de septiembre de 1930), a la Virgen de Luján como Patrona Celestial ante Dios.

Enfrente de la Basílica, colmando la Plaza Belgrano, Monseñor De Andrea, Obispo Titular de Temnos, enardeció a la multitud con su verbo cálido y vibrante y luego, Monseñor Dionisio Napal, tomó el juramento multitudinario, aceptando a María de Luján como Patrona y Celestial Protectora del Pueblo Argentino. Imponente fue el gesto y el grito.

A indicación de Mons. Napal, con la mirada fija en la Basílica y con el brazo derecho en alto, resonó por tres veces el sí juramos de fidelidad a Dios y a la Virgen.

Las campanas (fabricadas en Milán), se echaron a vuelo, y la banda entonó los himnos patrios de las tres Repúblicas.

Junto al trono de la Madre, los venerables Pastores de las Iglesias Argentina, Uruguaya y Paraguaya, para depositar allí los anhelos y votos de sus pueblos. El Nuncio Apostólico, Mons. Felipe Cortesi, Delegado Papal para estas solemnidades, celebró el Pontifical. Mons. Aragone, Arzobispo de Montevideo, ocupó la Cátedra Sagrada. Actuó en la parte coral la Sociedad Polifónica Romana, bajo la dirección de Monseñor Rafael Casimiro Casimiri.

La visita del Legado Pontificio a Luján, el 15 de octubre de 1934, Cardenal Eugenio Pacelli, rubricó un día glorioso en los anales de preclaros peregrinos. “Nuestra Señora de Luján fue declarada Patrona Oficial del XXXII Congreso Eucarístico Internacional”. A la Virgen de Luján le fue dedicado el sábado 13 de octubre.

VISITA DE SAN JUAN PABLO II

“Vengo a orar por todos aquellos que han perdido la vida: por las víctimas de ambas partes; por las familias que sufren, como lo hice igualmente en Gran Bretaña. Vengo a orar por la paz, por una digna y justa solución del conflicto armado”.

ANUNCIO DE LA VISITA PAPAL Era el miércoles 26 de mayo de 1982. Esa mañana a las 8:30 habían llegado de Roma los Cardenales Aramburu y Primatesta con Monseñor Aquiles Silvestrini, Delegado Pontificio.

Los Cardenales Argentinos habían estado pocos días en Roma llamados por el Papa para concelebrar con los Cardenales ingleses por la Paz en el conflicto de Las Malvinas, entonces en plena lucha.

Monseñor Silvestrini venía para anunciar oficialmente a las Autoridades Nacionales la visita del Papa los días 11 y 12 de junio de aquel año. Por la tarde llegaron a Luján para concelebrar y anunciar desde el Santuario de Luján a los Católicos Argentinos tan extraordinaria visita.

Era la primera vez que un Sucesor de San Pedro pisaría tierra Argentina. La carta del Papa al Pueblo Argentino, fechada el día anterior en Roma, prefijaba una visita para orar ante la Madre de los Argentinos.

PREPARATIVOS EN LUJÁN Al día siguiente el Rector de la Basílica, P. Rafael Carli, participó de una reunión de la Comisión Ejecutiva del Episcopado, en la que quedó establecido que el Santo Padre celebraría dos misas en la Argentina, la primera en Luján, el viernes 11 de junio a las 16 horas, y la segunda en Palermo, el sábado 12.

La Basílica asumió la organización. El escenario Papal se armó entre la puerta central de la Basílica y la verja a una altura de casi 4 metros. Se previó el lugar para todos los Obispos, alrededor de 120, y para la multitud de sacerdotes que se darían cita para concelebrar con el Papa.

Era una mañana fría y lluviosa ese 11 de junio. Autoridades Eclesiásticas y Nacionales en pleno estaban aguardando al Mensajero de la Paz. “Bendito sea el Señor que me hace llegar hasta esta querida tierra Argentina”, dijo el Papa en su primer mensaje.”Mi presencia aquí quiere significar la prueba visible de ese amor, en un momento histórico tan doloroso para vosotros como es el actual”.

A las 9 de la mañana aterrizó en Ezeiza el DC 10 de Alitalia que traía al ilustre personaje.

TRASLADO A LUJÁN El Papa partió de la Nunciatura (Av. Alvear 1605 de la Capital Federal) alrededor de las 14 horas y por Avenida Rivadavia se dirigió a Luján en el “Papamóvil” hasta Morón y desde allí en el Tren Presidencial (construido por Alvear cuando fue presidente 1922-1928).

A lo largo de la interminable Avenida Rivadavia y en las estaciones del ferrocarril Sarmiento la multitud alborozada testimonió su adhesión y afecto al Santo Padre.

Entretanto, en la Plaza Belgrano, frente a la Basílica, la multitud expectante vibraba de entusiasmo y coraje. Desde el miércoles anterior empezó a animarse. Jóvenes de muy variados lugares y distancias tendieron sus carpas y bolsas de dormir para esperar.

La multitud fue creciendo y cubrió la plaza, las calles adyacentes y casi la totalidad de la Avenida de Ntra. Sra. de Luján: aproximadamente un millón de personas. La animación de los locutores había comenzado a las 9 de la mañana, y debía sostenerse toda la jornada. Se seguía por radio el itinerario del Papa y se comunicaba por la red de altavoces, noticia que era recibida con aplausos, vivas y estribillos.

EN LA BASÍLICA En la estación de ferrocarril, el Santo Padre fue recibido por el Obispo de Mercedes, Mons. Emilio Ogñenovich.

Al aparecer el Santo Padre sobre la Avenida Ntra. Sra. De Luján se estremeció la multitud y comenzaron a agitarse las banderas y banderines entre vítores y aplausos. Luego, Juan Pablo II fue a postrarse ante la Sagrada Imagen de Luján, bajada expresamente desde su Templete dorado para ser colocada al lado del altar Papal.

Su Santidad oró ante Ella. Luego se acercó a la bendita Imagen y le colocó el estuche abierto que contenía la Rosa de Oro que, con admiración inesperada de todos, como obsequio y distinción excepcional el Santo Padre ofrendaba a Nuestra Señora de Luján.

En la Misa acompañaron a Su Santidad el Cardenal Aramburu, Presidente de la Conferencia Episcopal y Monseñor Ogñenovich, Obispo local. La Escolanía del Socorro, dirigida por el Padre Segade, cantó y apoyó los cantos de la multitud.

La Misa fue televisada para todo el país.

DESPEDIDA DEL PAPA Terminada la Santa Misa, el Santo Padre ingresó a la Basílica -cerrada al público- y quitados los ornamentos acompañó la Santa Imagen de Luján que lucía su corona auténtica y la Rosa de Oro que acababa de recibir de manos de Su Santidad.

El Papa se arrodilló en medio del presbiterio, rodeado de sacerdotes y de Mons. Emilio Ogñenovich. Concluida la oración, el Santo Padre se puso de pie e impartió la Bendición Apostólica.

Mientras en el ambiente y por los medios de comunicación resonaban todavía las palabras de la homilía: “Ante la hermosa Basílica de la Pura y Limpia Concepción de Luján nos congregamos esta tarde para orar junto al altar del Señor”. “A la Madre de Cristo y Madre de cada uno de nosotros queremos pedir que presente a su Hijo el ansia actual de nuestros corazones doloridos y sedientos de paz”. “A Ella, que, desde los años de 1630, acompaña aquí maternalmente a cuantos se le acercan para implorar su protección, queremos suplicar hoy aliento, esperanza, fraternidad…” “En este Santuario de la Nación Argentina, en Luján, la liturgia habla de la elevación del hombre mediante la cruz: del destino eterno del hombre en Cristo Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María de Nazareth…” “Sabed ser también hijos e hijas de esta Madre, que Dios en su amor ha dado al propio Hijo como Madre”. El Papa dejó la impresión de estar muy triste. Se estaba en la batalla final por Las Malvinas. El 14 de junio cesaba el fuego. Desde el 2 de abril se rezó mucho ante la Madre de la Patria por la paz, por los soldados, por las víctimas de tanta crueldad.

Oración por la patria

lujan

Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra. Nuestra Señora de Luján, Patrona de nuestra Patria; hoy alzamos nuestros ojos y nuestros brazos hacia tí… Madre de la Esperanza, de los pobres y de los peregrinos, escúchanos…

Hoy te pedimos por Argentina, por nuestro pueblo. Ilumina nuestra patria con el sol de justicia, con la luz de una mañana nueva, que es la luz de Jesús. Enciende el fuego nuevo del amor entre hermanos.

Unidos estamos bajo la celeste y blanca de nuestra bandera, y los colores de tu manto, para contarte que: hoy falta el pan material en muchas, muchas casas, pero también falta el pan de la verdad y la justicia en muchas mentes. Falta el pan del amor entre hermanos y falta el pan de Jesús en los corazones.

Te pedimos madre, que extingas el odio, que ahogues las ambiciones desmedidas, que arranques el ansia febril de solamente los bienes materiales y derrama sobre nuestro suelo, la semilla de la humildad, de la comprensión. Ahoga la mala hierba de la soberbia, que ningún Caín pueda plantar su tienda sobre nuestro suelo, pero tampoco que ningún Abel inocente bañe con su sangre nuestras calles.

Haz madre que comprendamos que somos hermanos, nacidos bajo un mismo cielo, y bajo una misma bandera. Que sufrimos todos juntos las mismas penas y las mismas alegrías. Ilumina nuestra esperanza, alivia nuestra pobreza material y espiritual y que tomados de tu mano digamos más fuerte que nunca: ¡ARGENTINA! ¡ARGENTINA, CANTA Y CAMINA!

Oración

lujan

¡Oh Inmaculada Virgen María! Que habéis querido ser venerada por los fieles bajo el título de Nuestra Señora de Luján, manifestando en la imagen que os está dedicada en aquel pueblo, vuestro poder, vuestro amor y vuestra gloria; tened compasión de nosotros y líbranos de tantos males como nos rodean.

Haced que reine en las familias el espíritu religioso de nuestros mayores; conservad a la mujer cristiana en la práctica santa de la religión; preservad a la niñez y a la juventud de los peligros del vicio; iluminad a los que gobiernan. Apartad de nosotros toda peste; fecundad con lluvias oportunas nuestros campos; bendecid sus frutos, haciéndolos saludables.

Convertid, Virgen piadosísima, a los pecadores, que atraen sobre las naciones los castigos del cielo.

Escuchad ¡Oh Madre de Clemencia!, el amor que de toda la República llega hasta vuestro glorioso Santuario y colmadnos a todos de vuestras maternales bendiciones.

Payada a la Virgen de Luján

lujan

– ¿Por qué el cautivo en triste soledad,
sollozando con lúgubre gemido
tu nombre invoca, Virgen de Piedad?
– Porque tu eres la vida de este mundo
La estrella del que sufre en este suelo.
Versos sacados de unos antiguos cantares a la Virgen.

Queridos Hermanos:

1. El mejor y el más grande canto que se puede llevar a Dios desde este suelo, es en honor a Nuestra Señora de Luján.

Aquí me pongo a cantar
con cualquiera que se ponga
la mejor, la gran milonga
que se habrá de perpetuar
entre la Pampa y el mar
y el que es mayor que los dos,
cielo estrellado de Dios
donde sus plantas están,
canto a la Flor de Luján,
canto a la Madre de Dios.

2. Dios creó todo lo que hay en la tierra y en los cielos, creó al hombre, su obra mejor, y éste, desobedeciendo, instigado por el Demonio, pecó, alejándose de Dios.

Dios hizo el cielo y el rayo,
hizo el sol, hizo la estreya,
hizo la Pampa sin güeya,
hizo el toro y el cabayo,
hizo al hombre, y aquí cayo,
porque fue su obra mejor,
pero el Mandinga traidor
conoció que era de barro.
Pecó el hombre, rompió un carro
y se le enojó el Criador.

3. Fuera del paraíso, el hombre y la mujer estaban sin posibilidad de salvarse, por haber cometido una ofensa, en cierto modo, infinita. Sólo Dios podía salvar al hombre.

Y lo echaron de la estancia
pa la tierra del infiel,
a tragar miseria y yel el que nació en abundancia.
Pero su mesma ignorancia
le dio compasión al Juez.
Pensó un momento y después
exclamó lleno de ciencia:
“Se ha de cumplir mi sentencia
pero güelta del revés”.

4. Dios se hace hombre y muere en la Cruz para pagar por nuestros pecados. Elige por madre a la Virgen de Luján.

“La muerte que al hombre aterra
Yo a mí mesmo me la aplico:
Yo soy grande y me hago chico
y siendo Dios me hago tierra.
Yo he de vencer esta guerra
con las armas que me dan,
porque vencer de rufián
a Dios no es cosa que cuadre”.
Y eligió para su Madre
a la Virgen de Luján.

5. Los misterios de la encarnación del Hijo de Dios y de la Redención son muy profundos.

Aquí hay misterios muy fieros
y aquí hay un pozo muy hondo;
yo mi ignorancia no escondo
ni me meto en agujeros.
Aquí hasta los más matreros boleados quedarán,
y jamás entenderán,
porque es cencia infinita
y “Eligió para Mamita
a la Virgen de Luján”.

6. La humildad de Jesucristo es inconmensurable. Quiere hacerse hombre para salvar al hombre y ser en todo semejante a nosotros menos en el pecado.

Miren qué humildá, qué empeño
el del Hijo de Dios Padre,
ir a elegir para Madre
en un pago tan pequeño,
El que es de este mundo el Dueño
no se guía por las ropas,
podía ir por las Uropas a elegir las potentadas.
Pudo sacar as de espadas
y robó cuatro de copas.

7. La Virgen de Luján fue madre de Jesús muy buena, cariñosa, linda, habilidosa y muy probada en el dolor. Desde la Cruz, su Hijo nos la dio por madre nuestra del cielo.

Y de que Dios la encontró
güena Madre y cariñosa,
guapa, limpia, habilidosa,
y su corazón probó,
al tiempo que la dejó,
quiso hacer algo que asombre
y le dijo: “Por mi nombre
y estando en esta cruz triste,
Madre de Dios güena juiste:
Yo te hago Madre del hombre”.

8. ¿Adónde iríamos si no tuviéramos a la Virgen por Madre? Nosotros que somos duros para sujetarnos a los mandamientos y muy ignorantes de las cosas de Dios, que estamos huérfanos de Dios, que nos quitan el sólido alimento de la formación cristiana y las sanas tradiciones, llenándonos la cabeza de cosas estériles y tristes, ¡menos mal que tenemos por Madre a la Virgen de Luján!.

Guacho pampa a dónde irías
cuando no tuvieras madre,
vos que sos duro de encuadre
y de pocas tiologías.
Vos que te hayás estos días
guacho en la tierra que hiciste:
te han quitado hasta el alpiste
para darte la instrucción,
te han quitado el corazón
y te dan un libro triste.

9. María de Luján es nuestra Patrona, Protectora y Abogada contra la invasión de sectas y doctrinas extrañas. Única estrella en la hora del peligro. Poderosa en su oración por ser Madre de Dios.

Reina del Plata, Señora
del pobre crioyo olvidado,
techo que nos ha quedado
contra esta lluvia invasora.
Estreyita pa la hora
de la tormenta feroz,
mira que se vuelve a Vos
mi alma que no desconfía,
porque si sos madre mía,
sos también Madre de Dios.

10. Así como es nuestra única esperanza ahora, así lo será en la hora final. Así Ella pedirá especialmente por nosotros en el momento de nuestra muerte, recordando cuántas veces le rezamos la Salve y el Santo Rosario.

Madre de Dios, Madre mía,
y no quiero saber más,
hacéme morir en paz
con Dios y con Vos, María.
Al filo de mi agonía
no recordés mis reveses,
recordá en vez cuántas veces
y ya desde muy guachito yo te recé el “Bendito”,

Oración a la Virgen de Luján

lujan

Virgencita de Luján, andadora de caminos,
danos la humildad del negrito Manuel,
verdadero prócer de esta patria.

Danos honestidad en nuestros corazones,
y sinceridad y caridad en nuestras acciones
haciéndonos esclavos de Tu Hijo Amado.

Ayúdanos a reconocerte en nuestro origen
como verdadera Madre de esta Nación,
bajo Tu Manto, que es nuestra bandera.

Danos amor por el trabajo honesto,
recordando a nuestros padres
que trabajaron esta tierra bendita.

Santa Madre de Dios
ayúdanos a encontrar la unión,
la unión en el amor a Dios.

Virgencita gaucha, danos a Tu Hijo Jesús
intercede ante El para que Luján brille
esperando el glorioso día de Su vuelta.

Oración de los peregrinos

lujan

Nuestras manos se estiran para tocar el manto de nuestra Madre.
Nuestras manos llevan esa gracia que con solo tocar nos deja el alivio por haber llegado hasta Ella, eso solo nos deja en paz y nos da confianza.

El manto que cubre la Imagen, nos cubre como hijos que buscamos protección y sabemos que como Madre, consolará muchas penas que llevamos.

Ante Tu Imagen nuestros corazones de hijos se abren para que lo más escondido se deje perdonar por Dios a través de Sus ojos buenos.

Como Madre ayúdanos a disipar todo temor para continuar con el camino.

¡¡Madre, no nos sueltes de Tu mano!!

Oración para pedir su protección

lujan

Hacer la petición y rezar con mucho fervor a la bendita y milagrosa Virgen de Luján

Oh, Inmaculada Virgen María
que habéis querido ser venerada por los fieles
bajo el titulo de nuestra señora de Lujan
manifestando en la imagen
que os esta dedicada en aquel pueblo
vuestro poder,
vuestro amor
y vuestra gloria
tened compasión de nosotros
y libradnos de todos males
como nos rodean
Haced que reinen en las familias
el espíritu religioso de nuestros mayores
conservad a la mujer cristiana
en la práctica Santa de la religión
preservad a la niñez y a la juventud
de los peligros que hoy tanto nos acechan;
iluminad a los que gobiernan
aparta de nosotros toda enfermedad
fecunda con lluvias nuestros campos
bendecid sus frutos haciéndolos saludables
convertid Virgen piadosisima,
a los pecadores
y a quienes son victimas de algún vicio
Escuchad oh Madre de Clemencia
vuestro glorioso santuario
y colmadnos a todos
de vuestras maternales bendiciones
Conceded oh Santísima Virgen de Lujan
vuestra protección a este siervo vuestro
que gime en medio de este valle de lágrimas
y sólo recibe consuelo celebrando vuestras glorias
ayudadle, protegedle, otorgadle vuestros favores,
a fin de que después de haberos honrado en la tierra
merezca alabaros en el cielo
por los siglos de los siglos
Amén.

La Salve, tres Avemarías, tres glorias

anagrama