Nuestra Señora, Consoladora de las almas que padecen

Esta historia proviene del diario de la Hermana Dominica Clara de la Santa Cruz, quien murió en aires de santidad en 1897, muestra el valor de la devoción a los Siete Dolores de Nuestra Señora.

La hermana Dominica Clara de la Santa Cruz, fue a menudo favorecida con apariciones de las almas en el Purgatorio. Una de estas almas relató que debía su salvación únicamente a su devoción a Los Siete Dolores de María. Su vida había sido tan perversa que, sin una gracia especial de Dios, posiblemente no podría haber sido salvada, pero María, no deja sin recompensa nada que se haga en su honor.

Durante su vida, esta persona había sentido una tierna compasión por la Madre de la tristeza, y cada vez que veía una imagen representando a la Madre Dolorosa, rezaba el Avemaría siete veces en su honor. Sin embargo, admitió que a menudo, había practicado esta devoción más por costumbre, que por la piedad interior, ya que su piadosa madre la había implantado tan profundamente en su corazón que, a pesar de su vida díscola, siempre había permanecido fiel a ella.

Como recompensa por esta veneración, la Madre de Dios mostró especial preocupación materna por ella en la hora de su muerte, haciéndole recordar la imagen de Sus Siete Dolores de una manera tan vívida que, en sus últimos momentos, tuvo tan grande arrepentimiento y tan profunda contrición por su pecaminosa vida, que fue arrebatada de la condenación. Por esta razón ella obtuvo la remisión de todos sus pecados.

Según la información impartida por esta alma, la pena que sentía por sus pecados, por la intercesión de la Madre de las tristezas, era tan grande, que expiaba no solo sus pecados sino también una gran parte del castigo temporal que se les debía. Además de esta gracia incomparablemente grande, el alma, mientras estaba en el Purgatorio, se consolaba con visitas frecuentes de la Madre de Dios, cada una de las cuales mitigaba sus sufrimientos. Sus tormentos cesaban por completo durante el tiempo en que la Santísima Virgen se hacía presente.

Miles y miles de almas, afirmó, que no habían cometido ni una vigésima parte del mal que ella había cometido, se perdieron eternamente.

“¡Ah!”, Exclamó, “¡qué vivaz es mi sentimiento de gratitud cuando considero lo que nuestra querida Madre Celestial hizo por mí en los últimos momentos de mi vida! De no haber sido por María, yo también debería haberme condenado. Por toda la eternidad, mis labios proclamarán el amor, la bondad y la solicitud de esta dulce Virgen, mi voz la glorificará sin cesar con cánticos de alabanza y acción de gracias “.

La hermana Dominica Clara de la Santa Cruz, escribe además que el tiempo en el Purgatorio, se acorta para quienes acogen especialmente, la devoción a la Madre Dolorosa, y algunos apenas se detienen en ese lugar de expiación y son privados solo por un corto tiempo de la visión de Dios.

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