“Cuantas lágrimas se derraman cada 5 segundos en nuestro mundo, cada una es diferente, pero juntas forman un océano de desolación que clama por piedad, compasión y desolación.”

Dijo el papa Francisco recordándonos que en los momentos de dificultad, jamás estamos solos. Mientras más grande es el sufrimiento, más cerca estamos de Dios.

Recalcó Su Santidad que las lágrimas más amargas:

“son aquellas causadas por la maldad del hombre: las lágrimas de aquellos que han tenido que ver a un ser querido violentamente separado de ellos, las lágrimas de los abuelos, madres y padres, niños cuyos ojos fijos en la puesta del sol, encuentran difícil el ver el amanecer de un nuevo día”.

Francisco recordó además el pasaje bíblico de la muerte de Lázaro, en el que Jesús llora por la muerte de su amigo. El Papa recalcó que Cristo no pudo contener las lágrimas al ver a María de Betania llorando. El fue conmovido profundamente y también se puso a llorar.

Sentimos una poderosa necesidad de sentir a alguien cerca a nosotros, la necesidad de sentir compasión. Experimentamos lo que es sentirse desorientado, confundido, más allá de lo que pensábamos posible experimentar. Miramos a nuestro alrededor viendo si podemos encontrar a alguien que realmente entienda nuestro dolor.

Concluyó su meditación recordando que el poder del amor, convierte el sufrimiento en la certeza de la Victoria de Cristo y de cómo algún día, estaremos juntos nuevamente para siempre contemplando el rostro de la Santísima Trinidad. Su Santidad hizo mención del pasaje de la Carta a los Romanos en la que San Pablo dice que “Nada puede separarnos del amor de Dios.”