Algunos de los pecados más comunes que cometemos están relacionados con el habla: chismes, rumores, mentiras, exageraciones, ataques y comentarios poco piadosos. Con nuestra lengua podemos diseminar el odio, incitar el miedo y la malicia, difundir desinformación, provocar la tentación, desalentar, enseñar errores y arruinar reputaciones.

Al respecto, Santiago 3 : 2-18 nos dice:

Clic para abrir y leer

Si alguno no cae hablando, es un hombre perfecto, capaz de poner freno a todo su cuerpo. Si ponemos a los caballos frenos en la boca para que nos obedezcan, dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves: aunque sean grandes y vientos impetuosos las empujen, son dirigidas por un pequeño timón adonde la voluntad del piloto quiere. Así también la lengua es un miembro pequeño y puede gloriarse de grandes cosas. Mirad qué pequeño fuego abrasa un bosque tan grande.

Y la lengua es fuego, es un mundo de iniquidad; la lengua, que es uno de nuestros miembros, contamina todo el cuerpo y, encendida por la gehenna, prende fuego a la rueda de la vida desde sus comienzos. Toda clase de fieras, aves, reptiles y animales marinos pueden ser domados y de hecho han sido domados por el hombre; en cambio ningún hombre ha podido domar la lengua; es un mal turbulento; está llena de veneno mortífero.

Con ella bendecimos al Señor y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, hechos a imagen de Dios; de una misma boca proceden la bendición y la maldición. Esto, hermanos míos, no debe ser así. ¿Acaso la fuente mana por el mismo caño agua dulce y amarga? ¿Acaso, hermanos míos, puede la higuera producir aceitunas y la vid higos? Tampoco el agua salada puede producir agua dulce.  ¿Hay entre vosotros quien tenga sabiduría o experiencia? Que muestre por su buena conducta las obras hechas con la dulzura de la sabiduría. Pero si tenéis en vuestro corazón amarga envidia y espíritu de contienda, no os jactéis ni mintáis contra la verdad. Tal sabiduría no desciende de lo alto, sino que es terrena, natural, demoníaca. Pues donde existen envidias y espíritu de contienda, allí hay desconcierto y toda clase de maldad. En cambio la sabiduría que viene de lo alto es, en primer lugar, pura, además pacífica, complaciente, dócil, llena de compasión y buenos frutos, imparcial, sin hipocresía. Frutos de justicia se siembran en la paz para los que procuran la paz.

Sí, aunque por la gracia de Dios uno puede vencer el pecado, los asociados con el habla suelen ser los últimos en ser vencidos. Aquí hay una lista de diez pecados de la lengua más comunes.

La lengua mentirosa: Cuando hablamos cosas falsas con la intención de engañar. El Señor detesta los labios mentirosos, pero se deleita en las personas que son dignas de confianza (Proverbios 12:22).

La lengua lisonjera: Exageramos las buenas (o las no tan buenas) cualidades de los demás para congraciarnos con ellos u obtener favores o beneficios, una forma de mentir.

La lengua orgullosa: Reza el viejo dicho que una lengua orgullosa viene con dos oídos cerrados. La lengua orgullosa es jactanciosa y excesivamente segura de lo que dice. Los poseedores de una lengua orgullosa no se corrigen fácilmente y no califican ni distinguen sus propios comentarios como deberían.

La lengua excesiva: Cuando hablamos demasiado, especialmente en lo que respecta a cosas de las que sabemos poco. Usualmente vinculada a la lengua orgullosa. Hablamos solamente pata pretender que sabemos sobre un tema determinado.

La lengua rápida:  Cuando nos apresuramos a emitir un juicio mucho antes de lo que deberíamos, antes de tener toda la información para formar criterio. No te precipites a hablar, ni tu corazón se apresure en pronunciar una palabra ante Dios. Pues Dios está en el cielo, pero tú en la tierra: sean por tanto pocas tus palabras. (Eclesiastés, 5-1)

La lengua que murmura: Hablamos de los demás a sus espaldas, ocasionamos heridas al buen nombre de las personas. Peor aún es la calumnia. Esta tiene lugar cuando mentimos intencionalmente con el fin explícito de  perjudicar la reputación del prójimo. La detracción es cuando intencionalmente exponemos los errores de los demás, igualmente, a fin de dañar su reputación.

La lengua chismosa: Es la lengua que provee información innecesaria (a menudo hiriente) sobre otros. Los portadores de chismes difunden información personal sobre otros que no debería compartirse.

La lengua maldiciente: Es cuando deseamos que el daño llegue a los demás, por lo general que sean condenados. “amó la maldición: sobre él recaiga, no quiso bendición: que de él se aleje”. (Salmos 109-17).

La lengua que horada: Cuando hablamos con aspereza y severidad innecesarias. No reprimas duramente a un hombre mayor, pero exhórtalo como si fuera tu padre. Trata a los hombres más jóvenes como hermanos, mujeres mayores como madres y mujeres más jóvenes como hermanas, con absoluta pureza (1 Tim 5: 1-2).

La Lengua Silenciosa: Cuando callamos en lugar de advertir al prójimo sobre el  pecado y llamarlos al Reino de Dios. Cuando callamos y no anunciamos la Verdad de Jesucristo. En nuestra era, el triunfo del mal y el mal comportamiento ha sido ayudado por nuestro silencio como pueblo cristiano.

Procura entonces que tu lengua no sea como ninguna de estas.

Fuentes

Articulo traducido y adaptado de http://blog.adw.org/2017/10/bite-your-tongue-a-reflection-on-common-sins-of-speech/