perfumersSon experiencias de índole místico o sobrenaturales, aquellas por medio de las cuales, somos capaces de percibir elementos del mundo divino que no son accesibles normalmente a nosotros en este mundo.
Este tipo de vivencias; que no cuentan con ningún tipo de explicación científica,
denotan el alcance de cierto grado de vinculación entre lo sagrado y lo terrenal.
Aunque los tipos de experiencias místicas son por su naturaleza muy diversos: Visiones, éxtasis, fenómenos corporales, olores, etc. tal variedad depende en absoluto de las posibilidades humanas, latentes en la persona misma, capaces de ser activadas por una intervención divina: en el cuerpo, en la mente, en el corazón, en la sensibilidad, en la imaginación, en el entendimiento, en la memoria, etc.

Quizás la experiencia mística más común de todas, sea la percepción de olores o perfumes y una de las formas mas frecuentes de establecer relación con el misterio divino (en este caso, percibir olores) es por medio de la oración.

La percepción de Dios es accesible para todos nuestros sentidos activos y aun por aquellos que todavía no se han activado en el ser humano. El olfato percibe no solo aquellos olores físicos sino que también tiene activa la función secundaria de conocer los diferentes aspectos del universo, su estado y espiritualidad.

Los 3 sentidos espirituales del perfume del Espíritu

El primer sentido del perfume hace referencia a la alegría espiritual. Una de las características de la presencia del Espíritu Santo en el alma es el gozo y la alegría como frutos del Espíritu de Dios.

El segundo sentido hace referencia al perfume como el “lenguaje del amor”, en el que cada diferente olor, tiene una significación distinta.

El tercer sentido del perfume, especialmente en el contexto de fenomenología de orden sobrenatural es el de la manifestación de una presencia, no importa cuál sea. Se alude con frecuencia en experiencias religiosas a presencias de Jesús, de María, de santos o del Paráclito (El Espíritu Santo) en forma de perfumes como olores de incienso, de rosas, de azucenas o de nardos. En estos casos, la percepción de perfumes suavísimos manifiesta y simboliza presencias espirituales de Cristo, de María o de los santos bajo una acción misteriosa del Espíritu divino que les llena.

El perfume del Espíritu significa la santidad que brota del Espíritu de Dios y da valor sobrenatural a las virtudes y dones.

Dentro de este contexto y habiendo eliminado todas las explicaciones naturales y posibles fuentes, el percibir el olor de rosas, incienso y otras flores (como las azucenas), es considerado como una señal inequívoca de presencia o actividad divina.

El perfume de las Rosas se asocia con la presencia de la Santísima Virgen María y el de incienso, con la presencia de nuestro Señor Jesucristo.
El olor a azucenas, representa además, la virginidad y pureza de nuestra Señora (La Santísima Virgen de Lourdes se presentó a Santa Bernardita como “La Inmaculada Concepción”).

Ejemplo muy claro al respecto, podemos obtenerlo en los múltiples cánticos que la iglesia ortodoxa ofrece en honor a la Virgen María. Tomemos para el caso el Himno de San Nectario titulado “Virgen Alégrate”, a la que se refieren en sus letras como “fragante azucena”.

También es bastante común experimentar este fenómeno en forma de olores asociados con algún Santo en particular. Dos ejemplos muy notorios y comunes son los de Santa Teresa de Lisieux (olor a rosas) y El Padre Pio (un suave olor a tabaco de pipa).

Quizás la pregunta que más interese aquí seria la de: Pero qué realmente significa este acontecimiento ?. Muy probablemente, que nuestras oraciones han sido escuchadas, lo que no implica necesariamente una respuesta afirmativa o “SI” a las mismas.
Hay que recordar que estamos llamados a someternos a la voluntad de Dios y que muy bien, una señal de este tipo puede ser un “regalo” que nos otorgue ánimo y esperanza frente a una situación en la que tengamos que esperar por un tiempo aún más largo.
Cómo resulta lógico, este fenómeno, podría recibir una mejor interpretación dentro de un determinado contexto: La madre que perdió a su hijo en un accidente de tránsito, implora a Dios por una señal que le permita saber si su alma fue llevada al cielo. El Señor, contesta inundando la habitación en la que oraba la madre, con un profundo olor a incienso…