Los fieles están llamados a resistir la mala doctrina

En el texto que se presenta a continuación, pertenece al sacerdote y apologista español  Félix Sardá y Salvany, conocido como el “padre Sardá” y nos deja en claro que el lego, no sólo tiene el derecho, sino que además también está llamado a  pronunciarse sobre cuestiones importantes de fe, basadas en la razón humana debidamente iluminada por Dios.

Resistirse a la mala doctrina, no va de manera alguna en contra de la fe, muy por el contrario, los laicos también estamos llamados a no permanecer en silencio y es nuestro deber  “ladrar” para denunciar toda falsa enseñanza.

El texto que se muestra a continuación es un extracto de la página 139 de su obra “El liberalismo es pecado”.


Sí, señor; hasta eso es lugar teológico; como se dice en teología; es decir, hasta eso es criterio científico en materia de religión. La fe domina a la razón; ésta debe estarle en todo subordinada. Pero es falso que la razón nada pueda por sí sola, es falso que la luz inferior encendida por Dios en el entendimiento humano no alumbre nada, aunque no alumbre tanto como la luz superior.
Se le permite, pues, y aun se le manda al fiel discurrir sobre lo que cree, y sacar de ello consecuencias, y hacer aplicaciones, y deducir paralelismos y analogía. Así puede el simple fiel desconfiar ya a primera vista de una doctrina nueva que se le presente, según sea mayor o menor el desacuerdo en que la vea con otra definida. Y puede, si este desacuerdo es evidente combatirla como mala, y llamar malo al libro que la sostenga. Lo que no puede es definirla ex cathedra; pero tenerla para sí como perversa, Y como tal señalarla a los otros para su gobierno, y dar la voz de alarma y disparar los primeros tiros, eso puede hacerlo el fiel seglar; eso lo ha hecho siempre y se lo ha aplaudido siempre la iglesia.
Lo cual no es hacerse pastor del rebaño, ni siquiera humilde zagal de él: es simplemente servirle de perro para avisar con sus ladridos. Oportet adlatrare canes, recordó a
propósito de esto muy oportunamente un gran Obispo español, digno de los mejores siglos de nuestra historia.

 

 

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