¿Podemos afectar al no nacido con nuestras palabras y emociones llegando a causar en ellos, incluso traumas?

Este es uno de los aspectos que el Padre Christopher Ngozi, de la diócesis de Nebraska, incluye en lo que describe como “La sanación del árbol genealógico familiar”, pues por lo que parece, podemos efectivamente impactar sobre el no nacido. Este argumento, es empleado por cada vez más sacerdotes.

El padre indica en el mencionado libro, haciendo un enfoque contemplativo a la sanación personal y generacional, que los no nacidos, reaccionan a las palabras y a las circunstancias, tal y como sucede en el episodio bíblico conocido como la Visitación de María a su prima Isabel: “Al escuchar el saludo, el niño saltó de gozo en su vientre”

Frecuentemente, los recién nacidos, reconocen de inmediato la voz de los padres por una simple razón: Ellos pueden escuchar sus voces mientras están en el vientre de su madre. El sonido, es capaz de penetrar fácilmente y llegar hasta ellos. Ellos pueden percibir las emociones y estados de ánimo de sus padres: cuando están trastornados, estos sentimientos les pueden ser transmitidos. Cuan importantes son los padres, no solo después, sino durante del embarazo!

“Ellos sienten el peligro y la paz, ellos saben cuando son amados y cuando no. Una mujer, me compartió que durante su embarazo, cuando ella entraba en la Iglesia para la liturgia dominical, que cada vez que habían cánticos, el niño pateaba y se agitaba en su vientre”. Cuando el niño escucha palabras que transmiten amor y confort, ellos se sienten rodeados por paz y amor. Hay una sensación de protección, seguridad y aceptación que los acompañará el resto de sus vidas. Ellos perciben el amor de Dios a través de sus padres. Un niño existe para recibir amor.”

“Puede usted imaginar el efecto opuesto, el causado por un niño no deseado o incluso por intentar abortar uno? He aprendido mediante mi trabajo con las personas, que un niño no nacido puede convertirse en un adulto violento, si mientras está en el vientre, es expuesto a violencia. Si una mujer embarazada, pasa por experiencia de abuso y violencia, el niño en el vientre, se verá afectado y de adulto, podría convertirse en una persona abusiva y violenta. Investigaciones recientes han encontrado, que mujeres que demuestran una actitud negativa frente a sus embarazos, tienen un riesgo mayor de problemas médicos y frecuentemente, dan a luz a niños con menos del peso promedio y emocionalmente perturbados. Las madres que son ambivalentes, por su parte, inconscientemente transmiten rechazo.”

De acuerdo con el estudio citado por el Padre, aquellas quienes se sientan confundidas o indiferentes con respecto a su embarazo, podrían tener hijos letárgicos y de personalidad blanda. Incluso, existe la probabilidad de que hasta los químicos presentes en los maquillajes, puedan afectar físicamente a nuestros hijos no nacidos.

Nuestro humor también les afecta

Si lo opuesto al confort, paz y amor sor percibidos y experimentados por un no nacido, esto puede llegar a infligir heridas que necesitan ser purificadas. Estas pueden verse reflejadas en nuestras propias vidas, por lo que es necesario pedir a Nuestro Señor mediante la oración, de que si algo nos afectó en el vientre materno, sea purificado.

Las heridas emocionales creadas en no nacidos y niños, pueden ser puertas abiertas a la contaminación espiritual. Digamos que los espíritus malignos se asemejan mucho a las moscas o murciélagos. Los murciélagos prefieren lugares obscuros para evitar ser detectados, y huyen de inmediato, tan pronto la luz se introduce es sus escondrijos. Por su parte, las moscas se sienten atraídas a las heridas abiertas y al olor putrefacto. Estas heridas emocionales, representan lo obscuro y las heridas de nuestro lado espiritual, que es donde a ellas les gusta estar”.

Sabiendo esto, no sería acaso sensato, el frotar el vientre materno, ya sea con agua o aceite benditos durante el embarazo o incluso tomar unos pequeños sorbos de agua bendita, y mantener una imagen de la Santa Madre de Dios en la habitación?

Como afectan los padres

Un investigador llamado Thomas Verny de Toronto, demostró que la calidad de relación que la mujer tiene con su esposo, tiene un efecto decisivo sobre el hijo. Cuando el efecto es negativo, la sanación es requerida. Esta ha darse en la forma de la oración que descubre problemas – aquello que está en la oscuridad – que ha de ser dispersado por el haz de luz que cae sobre ellos. Este es un trabajo no sólo para las madres y los padres, sino también, para los abuelos: orar por la sanación de todo lo que ocurrió antes del nacimiento de sus descendientes, así como cualquier cosa que se prolongue desde las generaciones pasadas; y por supuesto, para el bebé en el útero, si es que hay un embarazo en la familia.

Él nos creo en el útero. Fue el Señor quien lo hizo. Él puede curar cualquier cosa que haya ocurrido antes o después de que naciéramos en este mundo, tan venido a menos y difícil, pero apasionante a la vez.

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Artículo Original – Traducción: Proyecto Emaús