Las palabras finales de la Salve Regina

La composición de la Salve Regina se atribuye tradicionalmente a San Bernardo de Claivaux, el gran doctor de la Iglesia y una de las magníficas figuras de la Edad Media.

Según un relato de las Crónicas de Speyer, mientras el santo actuaba como legado apostólico en Alemania, ingresó en la Catedral de Speyer la víspera de la Navidad de 1146 cantando el himno por primera vez. Mientras cantaba las palabras “O clemens, O pia, oh dulcis Virgo Maria“, hizo tres genuflexiones.

Según otra narración,  el santo compuso y cantó el himno antes de las fechas navideñas, pero agregó esta triple invocación al final, un día que rezaba en esa catedral y entró en éxtasis. Durante el éxtasis, Nuestra Señora se le apareció y él exclamó: “¡Oh clemens, o pia, o dulcis, Virgo María!“. En esa iglesia existe, hasta el día de hoy, una placa de bronce inscrita, en el lugar exacto donde  San Bernardo se habría arrodillado cuando tuvo la visión de la Virgen y exclamó esas palabras.

Las palabras de la Salve Regina fueron tan apropiadas para Nuestra Señora, que con la aprobación de la Santa Sede, el canto se incorporó a las plegarias generales y la liturgia de toda la cristiandad.

“Para que seamos dignos de las promesas de Nuestro Señor Jesucristo”

Algún tiempo después, probablemente un acto de la Santa Sede agregó el versículo: “Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo“. Pero  ¿Cuáles son las promesas de Cristo o a que promesas se refiere exactamente?

Son las promesas que hizo a los que mueren en estado de gracia: que ganarían el Cielo. Son las promesas del Sermón del Monte:

Bienaventurados los puros de corazón, porque ellos verán a Dios.

(Mateo 5: 8)

Las promesas de Cristo no fueron hechas para todos, sino para aquellos que llevan vidas que los hacen dignos de la presencia de Dios, una vida sin pecado, una vida en estado de gracia.

De esta manera, el final de la Salve Regina se completa armoniosamente. Ya que eres tan clemente, tan amorosa y tan dulce, entonces ora por nosotros, oh Virgen María, “para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo”. Es una solicitud final para alcanzar lo mejor que uno puede obtener: el Cielo.

Fuentes

Artículo publicado originalmente en: http://traditioninaction.org/religious/h041rpSalveRegina.html Traducido y adaptado por Proyecto Emaús.

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