La Ouija no tiene nada de juego

En febrero de 1891, los primeros anuncios comenzaron a aparecer en los periódicos: “Ouija, el sorprendente tablero que habla“. Mientras tanto, las tiendas de juguetes y novedades de Pittsburgh, Pennsylvania hacían lugar, a un misterioso dispositivo “mágico” capaz de responder preguntas “sobre el pasado, presente y futuro con una precisión maravillosa“.

El “juguete” prometía largas e interminables horas de diversión para todas las edades, por medio del vinculo entre “entre lo conocido y lo desconocido, lo material y lo inmaterial“.
Otro anuncio en un periódico de Nueva York lo promovía como “interesante y misterioso” al precio bastante asequible de $ 1.50.

Este misterioso objeto, capaz de comunicarse e interactuar con quienes lo empleaban, era básicamente lo que se vende hoy día en los pasillos de las tiendas de juguetes: un tablero plano con las letras del alfabeto dispuestas en dos semicírculos por encima números dispuestos del 0 al 9; las palabras “sí” y “no” en las esquinas superiores, “adiós” en la parte inferior; acompañado de una “planchette”, un dispositivo en forma de lágrima, que se usa para maniobrar alrededor del tablero.

La idea era que dos o más personas se sentaran alrededor del tablero, colocaran las puntas de los dedos sobre la tabla, formulasen alguna pregunta y aguardasen la casi inmediata respuesta, que se daba por medio de la “planchette” que se desplazaba sobre los caracteres escritos en el tablero, deletreando así las respuestas aparentemente por sí misma. La única diferencia quizás está en los materiales; el tablero ahora es generalmente de cartón, en lugar de madera, y la bandeja de planta es de plástico.

Un poco de historia

La verdadera historia del tablero Ouija es tan misteriosa como la forma en que funciona. El historiador Robert Murch, lo ha investigado desde 1992 y sostiene que en aquellos días, se sabía realmente muy poco sobre sus orígenes, cosa que le pareció un tanto extraña.

El espiritismo, que había existido durante años en Europa, golpeó duramente a Estados Unidos en 1848 con la súbita prominencia de las hermanas Fox del norte de Nueva York. Estas hermanas afirmaron recibir mensajes de espíritus que golpeaban las paredes en respuesta a sus preguntas.

Con la ayuda de las historias de estas “célebres hermanas” y otros espiritistas, y gracias a la promoción recibida por medio de la prensa nacional, el espiritismo llegó a millones de seguidores durante la segunda mitad del siglo XIX.

Erróneamente, el el espiritismo fue considerado como “compatible” con las enseñanzas cristianas, lo que significaba más comúnmente, que uno podría tener una sesión de Ouija el sábado por la noche y no tener reparos en asistir a la iglesia al día siguiente. Trágicamente, muchos incluso la consideraban como una actividad aceptable e incluso sana de contactar a los espíritus en las sesiones de espiritismo, a manera de “entretenimiento” entre para grupos de amigos. Luego, posteriormente durante la guerra de secesión norteamericana, era frecuentemente empleada por familiares de soldados, en su afán de saber “noticias” de ellos.

Los peligros de jugar Ouija

Este mal llamado “juego”, atrae año tras año a sinnúmero seguidores, muchos de los cuales lo compran, o participan de uno de estos grupos que se forman entre amigos o conocidos por simple y llana curiosidad. Craso error…
De acuerdo al exorcista Gary Thomas de la diócesis de San José, la Ouija abre portales para que los demonios puedan atormentarnos y son tristemente, el punto de partida para el asedio (una de las formas en las que los demonios se manifiestan, en la que las victimas, pueden percibir olores fétidos, ver sombras, etc.) e incluso, para la posesión demoníaca.

Una vez que se haya hecho contacto directo con estos demonios (contrario a lo que comúnmente se cree, no se contacta con espíritus), literalmente, entrarán de manera directa en la habitación donde se juega este dispositivo, iniciando el acoso de la persona más vulnerable, usualmente, aquella más alejada de Dios. El demonio vence al hombre cuando éste se fía de sus propias fuerzas, y a ellas se limita. Pensemos, por ejemplo, en un cristiano que deja la oración, la santa Misa, el sacramento de la penitencia.

Los padres especialmente, deben vigilar de cerca a todos sus hijos mientras crecen en el Señor, y asegurarse de que nunca prueben y experimenten con este tipo de dispositivo demoníaco o cualquiera de los otros dispositivos ocultos que existen.

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