La oración más antigua al Ángel de la Guarda

Mientras que la oración “Ángel de Dios” es una de las oraciones más populares a los ángeles, no es la más antigua. Existe una oración compuesta por San Macario de Egipto que es posiblemente la oración más antigua conocida, dirigida al Ángel Guardián.

San Macario nació alrededor del año 300 y al principio persiguió la vocación del matrimonio. Sin embargo, su esposa murió poco después de la boda, y su muerte fue seguida por la de sus padres. Al sentir el llamado de Cristo a entregar todo en esta tierra, Macario distribuyó sus bienes a los pobres y abrazó la vida ascética.
Sacerdote a los 40 años, se dijo que poseía los dones de la sanación y de profecía. Fue firme opositor a las herejías de Arrio, por lo que, hacia el 374, estuvo exiliado en una isla del Nilo, castigado por el obispo arriano Lucio de Alejandría.

Después de ser falsamente acusado de ser padre de un hijo ilegítimo, Macario huyó al desierto de Egipto y se encontró con San Antonio el Grande. Macario se quedó para aprender de él los caminos de la vida monástica y luego se trasladó al desierto de Scetes y construyó un monasterio. Miles de monjes llegaron a aprender de la sabiduría de Macario, y es considerado como uno de los grandes Padres del Desierto. Murió en 391 después de pasar décadas en el desierto, llevando una devota vida de oración, ayuno y ascetismo.

Aquí está la oración que él compuso a su Ángel Guardián.

Ángel Santo, a cuyos cuidados esta pobre alma y mi miserable cuerpo han sido dados, no me rechaces porque soy pecador, no te apartes de mí porque soy impuro. No cedáis vuestro lugar al Espíritu del Mal; guíame con tu influencia mi cuerpo mortal. Toma mi débil mano y llévame por el camino que conduce a la salvación.

Sí, santo ángel, Dios te ha encargado mi miserable alma y cuerpo. Perdona todo lo que te he ofendido en cualquier momento de mi vida; perdona los pecados que he cometido hoy. Protegeme durante la noche que viene y manténme a salvo de las maquinaciones y los artificios del Enemigo, para no pecar y despertar la ira de Dios.

Intercede por mí al Señor; pídele que me haga temerle cada vez más y que me permita darle el servicio que merece su bondad. Amén.

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