13 de mayo de 1981. Juan Pablo II recorría la Plaza de San Pedro a bordo de una versión mucho más simple del papamóvil (no contaba con la cúpula protectora antibalas que podemos ver ahora y que se implementó justamente a consecuencia de este atentado) saludando a los peregrinos, fue herido gravemente de bala por los disparos del turco Alí Agca. Este, descargó su arma múltiples veces logrando alcanzar al Papa en 4 oportunidades: dos en su estómago, otra en el brazo derecho y la última en la mano izquierda. Otros disparos terminaron impactando a dos atónitos espectadores, quienes no podían creer lo que estaba sucediendo frente a sus ojos. Entre forcejeos y tirones y debido a la decidida intervención de las personas que se hallaban inmediatamente cerca a Su Santidad, entre ellos una valiente monja, al agresor se le impidió seguir apuntando sobre San Juan Pablo II, hasta que fue finalmente neutralizado por Camillo Cibin, el jefe de seguridad del Vaticano.

Durante su recuperación, Juan Pablo II es advertido por su secretario personal, de que aquel atentado podría guardar profunda relación con los secretos de Fátima. Desde aquel momento, Su Santidad desarrollaría gran interés por el tema; el Papa Wojtyla se acercó más a la devoción por la Virgen de Fátima, convencido de que Santa María lo salvó de morir ese día.
Así lo confirmaría muchos años más tarde -en el 2006- su sucesor Benedicto XVI, a quien Juan Pablo II contase que “sintió haber sido milagrosamente salvado de la muerte gracias, a la intervención de ‘una mano maternal’”.
De hecho, el equipo médico a cargo de los cuidados del papa Wojtyla no podía salir de su perplejidad, pues una las balas había recorrido una trayectoria en la que pasó a tan solo milímetros de la arteria aorta abdominal y de la arteria mesentérica, cuya perforación hubiese significado la muerte segura.

En 1984, el Papa Wojtyla formalizó su devoción y agradecimiento a la Virgen donando al santuario de Fátima la bala que le extrajeron, misma que fue engarzada en la parte inferior de la corona de la Virgen, y cuya imagen podemos ver inmediatamente a continuación.

La bala engarzada en la corona (imagen Creative Commons)

La bala engarzada en la corona (imagen Creative Commons)

Durante su etapa de convalecencia, San Juan Pablo II estudió al detalle los informes de las apariciones de Fátima y al año del atentado, viajó por primera vez a Fátima, Portugal, para “agradecer a la Virgen su intervención para la salvación de mi vida y el restablecimiento de mi salud”.