Esta solemnidad (llamada Christus Rex en Latín), fue instaurada por el Papa Pío XI con la carta encíclica Quas Primas el 11 de diciembre de 1925, para ser celebrada en el domingo anterior a la solemnidad de todos los santos. Después del Concilio Vaticano II ha sido colocada el último domingo del tiempo ordinario, como final del año litúrgico, para expresar el sentido de consumación del plan de Dios.
El objetivo de la misma (de la festividad) es recordar la soberanía universal de nuestro Señor Jesucristo. De esta manera, lo confesamos supremo Señor del cielo y de la tierra, de la Iglesia y de nuestras almas.

Entonces Pilato volvió a entrar al Pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Jesús respondió: ¿Esto lo dices por tu cuenta, o porque otros te lo han dicho de mí? Pilato respondió: ¿Acaso soy yo judío? Tu nación y los principales sacerdotes te entregaron a mí. ¿Qué has hecho? Jesús respondió: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, entonces mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; mas ahora mi reino no es de aquí. Pilato entonces le dijo: ¿Así que tú eres rey? Jesús respondió: Tú lo haz dicho. Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.

Juan 18:33-39

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