La Stampa . – Las obras planificadas en la Sagrada Familia, tienen el año 2026 como fecha límite para los trabajos que se iniciaran en 1882.
El proyecto de Antoni Gaudí, prevé en su fase final, una gran escalera al lado de la fachada de la “Gloria” que termina en la “Diagonal”, la carretera más grande de Barcelona. En el plan original del genio catalán, se suponía que la entrada principal de la catedral, estaba en ese lado.

Y es ahí donde radica el problema. Para que esto suceda, la zona circundante debe someterse a un complicado proceso de planificación urbana, que involucra cambios, que una ciudad tan concurrida y turística como Barcelona (3,2 millones de visitantes en 2016), no puede permitirse realmente. La intervención más pequeña, implicaría el derribo de al menos 150 apartamentos cuyos residentes deberían ser trasladados.

El Ayuntamiento de Barcelona, encabezado por Ada Colau, aliado catalán de la agrupación política Podemos, lo ha dicho claramente: “Esta intervención no es una prioridad”, lo que usualmente dicen los políticos cuando no quieren emplear un contundente NO.

La decisión no ha tomado a nadie por sorpresa. Que la catedral de Gaudí no estuviera en los planes de un ayuntamiento de izquierda tampoco es noticia, ya que, el concejal de cultura, el socialista Daniel Mòdol, se había referido a ella como “una mona de pascua”, un dulce catalán típico de las fiestas de la Pascua, que no posee una forma definida .

A la espera de instrucciones más precisas, se están concluyendo algunas obras: a finales de este año, han de completarse las dos torres (una de ellas de 175 metros de altura) y la segunda sacristía. Posteriormente será el turno de la basílica inferior. Una cosa sí es segura, no será nada fácil retirar esas grúas.