La catástrofe litúrgica que dio inicio después del Concilio Vaticano II, y todas las almas que se han perdido como resultado. Uno sólo puede imaginar cómo Dios Padre, Dios Hijo y el Espíritu Santo, el Cielo mismo, Nuestra Santísima Madre, San José, todos los Santos y Ángeles y el mismo San Miguel, nos observan con justa indignación por la grave indiferencia y falta de respeto que hemos mostrado al Santo Sacrificio de la Misa y a Nuestro Señor Eucarístico.

Sagrado Corazón de Jesús, ten piedad de nosotros. Inmaculada Corazón de María, ruega por nosotros. San José, ruega por nosotros. San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.