La batalla decisiva de Nuestra Señora

guadalupeEn su entrevista de 1957 con el Padre Fuentes, la Hermana Lucía (una de los 3 videntes de Fátima) habló sobre una batalla decisiva que estaría teniendo lugar entre la Santísima Virgen y el diablo.
Aunque no tan evidente como la crisis de la Fe y la negligencia pastoral que podemos apreciar hoy en dia, sobre todo con el surgimiento de diversas sectas y el fortalecimiento de movimientos como el New Age, este tercer tema parece frecuentemente en las comunicaciones de la Hermana Lucía.
Pero, ¿que quiere ella significar con “batalla decisiva”?
En su entrevista con el Padre Fuentes, la Hermana Lucía trata este tema diciendo:

“Padre, la Santísima Virgen no me dijo que nos encontramos en los últimos tiempos del mundo, pero me lo dió a demostrar por tres motivos: el primero, porque me dijo que el demonio está librando una batalla decisiva con la Virgen y una batalla decisiva es una batalla final, en donde se va a saber de que partido es la victoria, de que partido es la derrota. Así que ahora, o somos de Dios o somos del demonio; no hay término medio.

“Lo segundo, porque me dijo, tanto a mis primos como a mi, que dos eran los últimos remedios que Dios daba al mundo: el Santo Rosario y la devoción al Inmaculado Corazón de María; y, al ser los últimos remedios, quiere decir que son los últimos, que ya no va a haber otros.

“Y tercero, porque siempre en los planes de la Divina Providencia, cuando Dios va a castigar al mundo, agota antes todos los medios; y cuando ha visto que el mundo no le ha hecho caso a ninguno de ellos, entonces, como si dijéramos en nuestro modo imperfecto de hablar, nos presenta con cierto temor el último medio de salvación, Su santísima Madre. Porque si despreciamos y rechazamos este último medio, ya no tendremos perdón del cielo; porque hemos cometido un pecado, que en el Evangelio suele llamarse pecado contra el Espíritu Santo; que consiste en rechazar abiertamente, con todo conocimiento y voluntad, la salvación que se presenta en las manos; y también porque Nuestro Señor es muy buen hijo; y no permite que ofendamos y despreciemos a Su Santísima Madre, teniendo como testimonio patente la historia de varios siglos de la Iglesia que con ejemplos terribles nos indica cómo Nuestro Señor siempre ha salido en defensa del honor de Su Santísima Madre.

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