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Santa Madre de Dios,
que para inspirarnos una confianza sin límites
te has querido llamar para nosotros
Madre del Perpetuo Socorro.

Te pido que me socorras en todo tiempo y en todo lugar,
en mis dificultades, y en los problemas de cada día,
especialmente en los momentos tristes y oscuros de la vida.

Concédeme, Madre del amor,
la confianza de acudir siempre a ti,
como mediadora de la salvación que nos entrega tu Hijo Jesucristo,
y experimentar tu ayuda maternal.

Alcánzame el don de seguir de cerca los pasos de tu Hijo,
de escuchar el Evangelio y meditarlo en mi corazón,
como hacías tú, en tu vida sencilla entregada a Dios,
para que pueda compartir, junto contigo,
la esperanza de la salvación.

Amén.

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