Herejía

La palabra herejía, se usa para designar un error en materia de fe, sostenido con pertinacia del cual el infractor no se retracta, y que se puede describir como una enseñanza doctrinal que es contraria a la enseñada por la Iglesia. De acuerdo con las Sagradas Escrituras, en 2 Pedro 2:1, se le llama herejía destructora, a la actividad de los falsos maestros, que introducen doctrinas erradas que niegan al Señor. No obstante, el significado literal de herejía, es elección, selección, o partido, y en este último sentido se usa en Hechos 24:14. En Gálatas 5:20, la herejía se enumera entre las “obras de la carne”, significando allí los partidismos que causan divisiones en la Iglesia. En Tito 3:10 dice que, de la persona “herética” o sea, del que cause divisiones. Después de dos amonestaciones, hay que apartarse de ella.

Hubo también en el pueblo falsos profetas, como habrá entre vosotros falsos maestros que introducirán herejías perniciosas y que, negando al Dueño que los adquirió, atraerán sobre sí una rápida destrucción.
Muchos seguirán su libertinaje y, por causa de ellos, el Camino de la verdad será difamado. Traficarán con vosotros por codicia, con palabras artificiosas; desde hace tiempo su condenación no está ociosa, ni su perdición dormida.

2 Pedro 2:1

Blasfemia

El término blasfemia puede usarse en dos sentidos: El primer sentido implica una expresión o acción injuriosa e irreverente o el uso de lenguaje ofensivo en contra de Dios.
Es una herejía cuando en vez de dar honor a Dios, se maldice su nombre. Esto, según Levítico 24:10-16, se castigaba con la muerte.
El mayor pecado que la Biblia registra es la blasfemia contra el Espíritu Santo (Mt 12.31s; Mc 3.28s) que cierra el camino de salvación a la persona.
El segundo sentido en que se usa blasfemia implica hablar mal, injuriar, difamar, maledicencia, como en Efesios 4:31, Marcos 7:22; Col. 3:8 y Tito 3:2. No se puede hablar mal de una persona ya que esta ha sido hecha conforme a la imagen y semejanza de Dios.

“Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que la diga contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el otro”.

Mateo 12:32

Apostasía

La apostasía, es el abandono o retiro voluntario o no, de la fe cristiana por parte de alguien que la profesaba anteriormente. En el Nuevo Testamento este término griego sólo aparece en dos pasajes, Hechos 21:21 y en 2 Tesalonicenses 2:3, donde se enseña que antes de la venida del día del Señor, habrá una rebelión contra Dios, un abandono de la fe, una gran apostasía.
En el lenguaje bíblico, se puede describir a la apostasía, como un volver atrás y no seguir a Jesús (Juan 6:66), o como renegar o abandonar la fe (1 Timoteo 4:1), o ser
arrastrado por el error (2 Pedro 3:17) y como apartarse del Dios vivo (Hebreos 3:12). Las consecuencias de la apostasía son nefastas y se describen en Hebreos 6:4-8 y 10:26-29. Para no caer en el peligro de la apostasía, la Escritura nos motiva a perseverar hasta el fin (Mt 24.13; Lc 8.15), estar firmes y retener la doctrina apostólica (2 Ts 2.15), retener la confianza en Dios (Heb 3.14), y resistir al diablo (1 P 5.9) en la confianza de que Dios fortalece a su pueblo frente a las adversidades que pueden
llevarlo a la apostasía (1 P 5.10; 2 Ts 2.16, 17).

Que nadie os engañe de ninguna manera. Primero tiene que venir la apostasía y manifestarse el Hombre impío, el Hijo de perdición, el Adversario que se eleva sobre todo lo que que lleva el nombre de Dios o es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios.
¿No os acordáis que ya os dije esto cuando estuve entre vosotros? Vosotros sabéis qué es lo que ahora le retiene, para que se manifieste en su momento oportuno.

II Tesalonicenses, 2:3-4