Según un informe publicado por la BBC, se estima que un aproximado de 27 millones de personas, vive en esclavitud, triste cifra que dobla al número original de hombres y mujeres que fueron llevados de África a occidente durante los oscuros días del comercio de esclavos.

Trata de blancas, niños soldado, inmigrantes atados a sus traficantes por dinero adeudado, trabajadores de fabricas con horarios abusivos y sueldos escasos… todas estas son las caras más comunes de la esclavitud en el siglo XXI y la Iglesia Católica esta trabajando para detenerla.

El 7 de Abril, el Observador Permanente de la Santa Sede para las Naciones Unidas, patrocinó una histórica cumbre cuya temática, proponía poner fin a la esclavitud de una vez por todas.
En la cumbre participaron personajes clave en desarrollo internacional y diplomacia y fue co-patrocinada por el “Grupo Santa Marta”, organización fundada por el papa Francisco que tiene como objetivo la abolición del tráfico humano.

En Abril del 2015, Francisco convocó una sesión plenaria de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales con el único propósito de encontrar formas en las que la influencia de la Iglesia Católica, pueda ser empleada para combatir la esclavitud, misma a la que se refirió como “la peste que infesta el cuerpo de la humanidad contemporánea”.

Francisco ha atacado el tema de manera frontal tanto en su encíclica Laudato Si como en su exhortación apostólica Evangeli Gaudium y dedicó su locución del Día Mundial de la Paz del 2015 por completo a este tema, amén de que fue también el punto central de su exposición frente a las Naciones Unidas. Para Francisco, el combatir la esclavitud humana se ha convertido en prioridad principal de la Santa Sede.

Como resultado, la Santa Sede ha jugado un papel crítico en las Naciones Unidas gestionando -a puertas cerradas- la erradicación de la esclavitud y proponiendo objetivos y metas de desarrollo sostenido.
Gracias al papa Francisco y la Santa Sede, en el documento enlazado en el párrafo anterior, podemos leer:

“Tomar medidas inmediatas y efectivas para erradicar el trabajo forzado, poner fin a la esclavitud y al tráfico humano y asegurar la prohibición y eliminación de las perores formas de abuso infantil, incluyendo el reclutamiento de niños como soldados y para el 2015, poner fin al trabajo infantil en todas sus formas”.

¿Cómo, puede una institución que se ha visto envuelta en sus propios abusos y escándalos de prostitución infantil, ser una voz creíble para los esclavos?

Por muchas razones: Los Objetivos del Milenio de la Naciones Unidas fueron alcanzados. Para nadie es un secreto que el proponerse una meta y enfocarse en su logro -una estrategia universalmente eficaz- demostró tener éxito también en este campo.
Luego de haber sido alcanzados los plazos y metas del mencionado programa en el 2015, el informe final lo denominó “el movimiento anti-pobreza más eficaz de la historia”.

Más específicamente, el trabajo concertado de aquellos encargados de la consecución de los objetivos del milenio, dio como fruto una reducción del 50 por ciento en el número de personas que vivían en la extrema pobreza, la tasa de niños que se matricula para asistir a la escuela primaria superó el 90 por ciento, una sorprendente reducción en la tasa de mortalidad materna e infantil (menores de cinco años) , los espectaculares éxitos en la ampliación del acceso al agua potable y en la lucha contra enfermedades como el VIH / SIDA, la malaria y la tuberculosis.

La iglesia al frente de la lucha contra la esclavitud, es totalmente consistente con el énfasis del papa Francisco ha puesto en alcanzar los límites de la sociedad para buscar y ayudar a aquellos “atrapados en la oscuridad de la opresión e injusticia”.

Hay que recordar que la Iglesia católica siempre ha estado al frente de las más importantes luchas por la justicia social. Gracias a sus muchos esfuerzos en el tema de la esclavitud, hay una razón para la esperanza de que millones, serán sacados finalmente de las tinieblas para poder experimentar, como dijera el presidente norteamericano Abrtaham Linclon, “el renacer de la libertad”.

Artículo original publicado en:

Pope Francis leads the charge against 21st century slavery


Ashley McGuire is a Senior Fellow with The Catholic Association.