Mediante un complicado y laborioso proceso, fue posible reconstruir el rostro (de manera digital) de una mujer mediterránea que murió aproximadamente a los cincuenta años.
Empleando imágenes digitalizadas de la que según la tradición sería la calavera de María Magdalena, estos expertos empleando algoritmos matemáticos consistentes con su edad, sexo y ascendencia, fueron capaces de determinar la forma de la nariz, los pómulos y las proporciones de la cara.

El modelo produjo una cara redonda con pómulos altos y una nariz puntiaguda. De los fragmentos de pelo que quedaban en el cráneo, determinaron que tenía cabello castaño oscuro. Para completar la imagen, también utilizaron el cutis típico de la piel mediterránea.