Hay quienes creen desairar al hijo al honrar a la Madre. Temen que por exaltar a María, puedan traicionar al hijo. Incluso, no pueden soportar ver gente, prodigando amor a Nuestra Señora, tal y como los Padres de la Iglesia lo hicieran.
Sienten fastidio al ver personas arrodillarse frente a una imagen de María antes de hacer lo propio frente al Santísimo Sacramento, como si estos fueran actos distintos, diferentes entre si.

El verdadero devoto Mariano, cae postrado de rodillas frente a una imagen de Nuestra Señora. Es algo que puede más que la propia voluntad. El devoto mariano humilla a si mismo, se hace humilde como aquella Madre, Madre de Dios, soportó ver caer toda la maldad de la que el hombre es capaz, sobre su Hijo… siempre en silencio.
Y a pesar de todo, estas personas ignoran por completo, que aquellos que rezan a María, están en realidad rezándole a Jesús por su medio. Se enfadan si hablamos seguido de María o incluso, si oramos a Ella.

He aquí algunas de los argumentos que suelen presentar:

“¿Cual es el beneficio de todas estas confraternidades del Rosario y estas muestras exteriores de devoción a Nuestra Señora? Todo esto no solamente denota una gran ignorancia sino que también es una burla a nuestra religión. Es mejor ir directo a Jesús. Esa si es devoción!”

Hay algo de verdad en aquel argumento, pero la ofensa que se hace al intentar prevenir cualquier forma de devoción mariana, es algo insidioso. Es una astuta y sutil trampa del demonio, oculta bajo el pretexto de buscar un bien mayor. Nunca honramos más a Jesús que cuando honramos a su Madre y la honramos simple y llanamente para honrar más perfectamente al Hijo. Nosotros vamos a María pues Ella es el camino que nos lleva hacia nuestro objetivo final: Jesús.

La Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, bendice primero a Nuestra Señora y luego a Jesús: “Bendita eres entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”. Y esto no quiere decir que María sea más importante, o por lo menos igual a Jesús, eso sería una herejía. Pero para poder bendecir a Jesús más perfectamente, es necesario bendecir primero a María.

Digamos como todos los verdaderos devotos de María, libres de todo falso escrúpulo:”Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”.