¿Es el Demonio más inteligente que el Ángel Guardián?

La Iglesia enseña que Dios creó a los ángeles muy superiores a nosotros. Con su inteligencia y gran poder, estos puros espíritus, exceden en mucho las cualidades de los hombres más dotados. Al levantarse contra Dios, los ángeles malvados perdieron su virtud, pero no su inteligencia ni su poder.
Habitualmente, Dios restringe sus acciones, algunas veces más y algunas veces menos, de acuerdo con los designios de Su Providencia. Pero, por si mismos y de acuerdo con su naturaleza, estos ángeles siguen siendo mucho muy superiores al hombre.

Mefistófeles y Fausto

Por lo tanto, la Iglesia siempre ha estado de acuerdo con la representación que se hace del demonio como un ser inteligente, astuto y sumamente poderoso y peor aún, lleno de malicia e intrigante. Incluso a manera de notar que el espíritu de la oscuridad puede tomar formas bastantes atractivas con tal de seducir al hombre, ha aprobado que se le presente como un ser de fascinantes encantos.

En nuestra primera imagen, tenemos un ejemplo de esta presentación del demonio. Mefistófeles, con un semblante agudo y astuto de una y penetrante psicología, sugiere pensamientos suaves y profundos de perdición al soñador Doctor Fausto, quien descansa en su silla.

Esta representación se ha hecho tan frecuente que se hace muy difícil concebir al demonio con otro aspecto.

¿Como podemos representar apropiadamente a los ángeles buenos?

Usualmente, los ángeles buenos (aquellos que permanecieron fieles a nuestro Creador) son representados como cándidos seres, felices y eminentemente bien intencionados. Todo esto es en conformidad con su santidad, a la dicha y pureza que poseen en el más alto grado.

Pero sucede que estas representaciones son un tanto excesivas. Intentando acentuar, por un lado, la bondad y pureza de los ángeles fieles, y por el otro, sin saber como expresar su inteligencia, fuerza y admirable majestad, estas representaciones nos pintan seres insípidos sin ningún valor.

En la segunda imagen vemos a una niña cruzando un puente. Su Ángel Guardián le protege.
Esta imagen bastante común y nada pretenciosa, no deja de suscitar simpatías legítimas, ya que evoca con agrado un panorama campestre con el campanario del pueblo en el fondo, escena impregnada de la inocencia de la vida, que se puede conservar más fácilmente en el campo que en las ciudades . Al mismo tiempo, provoca la emocionante idea de una niña que sigue su camino despreocupada y protegida por un príncipe celestial, que la guarda amorosamente.

Pero, consideremos el rostro de este príncipe: ¿No parece carecer por completo de esa fuerza, de esa inteligencia, de esa intensidad y de esa sutileza propia de la naturaleza angélica y con la que Satanás está siempre representado? Prestemos atención al cuerpo atribuido al buen Ángel: una actitud suave, fluida y poco inteligente. Comparémoslo con la esbelta y ágil figura, la fisonomía altamente expresiva de Mefistófeles: ¿Puede haber una mayor diferencia?
He aquí pues que surge un grave inconveniente. Representando al diablo como inteligente, vivo y capaz, y los buenos ángeles como seres blandos, inexpresivos y casi absurdos -una iconografía azucarada-, ¿qué impresión produce esto en las almas de los fieles? La impresión de que la virtud produce seres superficiales y estúpidos y, por el contrario, el vicio forma espíritus inteligentes y viriles.
En esto encontramos otro aspecto de esa dulzura sentimental que el romanticismo ha manejado tan profundamente, y que aún continúa manejando, en muchos medios religiosos.

Fuentes

Publicado originalmente en “Catholicism” n. 41 – Mayo 1954.
Por el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira
Publicado en http://traditioninaction.org/Cultural/D062_Angels.htm
Crédito de las imágenes: traditioninaction.org

Traducido y adaptado por Proyecto Emaús.

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