El Via Crucis debe su origen a la Madre de Dios

Según las hermosas revelaciones de la santa Catalina de Emerich, Nuestra Señora sobrevivió 15 años a la ascensión de Jesucristo al cielo. De estos, 5 habitó en Jerusalén y los otros 10 en Efeso, junto a San Juan, el discípulo amado.
Estando en Jerusalén, visitaba a menudo los lugares donde padeció su Santísimo Hijo y siguiendo la misma ruta por la que pasara Nuestro Salvador cargando con la cruz a cuestas, se detenía en cada uno de aquellos sitios que ofrecían un recuerdo especial para meditar y considerar la angustia que allí sufriera todo un Dios para salvar a los hombres.
Algunas veces, el gran dolor que inundaba a aquella madre, crecía en tales proporciones, que desvanecía con un desmayo y luego quedaba enferma para largos días. Muchos creían que tarde o temprano, María fallecería a consecuencia de uno de estos desvanecimientos, tan así, que se le preparó una sepultura que no ocupó jamás, pues murió luego estando en Efeso con San Juan.
Allí en Efeso vivía en una pequeña casa adosada a una colina y en este pequeño monte, acomodó una representación de la vía que siguiera Jesús hasta alcanzar el Calvario.
María sabía de memoria el número de pasos entre una y otra de las estaciones que acostumbraba en Jerusalén. Señaló aquí iguales distancias y marcó los lugares a los que correspondían a los que padeciera Jesucristo con sencillos monumentos de piedra que llevaban la inscripción correspondiente al hecho que recordaban.
En lo más alto, excavó una caverna que le sugería la sepultura del Señor. Al igual que la madre de Dios, acudían los cristianos a los Santos lugares de Jerusalén y seguían con piadosa solicitud la vía dolorosa.
Cuando en la edad media palestina calló en manos de los infieles y no podía visitarse aquel país sin riesgo de perder la vida, en algunos rincones del mundo, se comenzaron a erigir lo que luego vino a llamarse Via Crucis, una representación similar a aquella creada por María en Efeso. Se contaban por lo general 14 pasos o estaciones ante cada una de las cuales se pronunciaba una breve meditación. Esta piadosa devoción, fue enriquecida posteriormente por los papas con numerosas indulgencias.

Fuentes:

Adaptación de original disponible en audiocristiandad.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *