La Iglesia Católica ha evitado siempre, ya desde los primeros tiempos, y aún en las mismas persecuciones, todas las prácticas del paganismo, llenas de impiedad y de supersticiones, y conservó de ellas, solamente, todo cuanto tenían algún viso de piedad. Y sobre todo, la Iglesia ruega y ha rogado siempre por los difuntos, como lo demuestran las diversas inscripciones que se encuentran en las Catacumbas. También ya desde un principio, además de rogar por el difunto el día de la muerte o del entierro, los fieles se reunían los días tercero, séptimo y trigésimo, a fin de renovar sus oraciones. Aún hoy, estos tres días tienen especiales privilegios en favor de las almas del purgatorio.