El progresismo de Satanás y la “nueva familia moderna”

Un embrión humano abortado, aún dentro del saco lleno de líquido amniótico. Imagen: drsuparna víaWikimedia Commons.

En nuestros días, el mal objetivo se muestra abiertamente. Su propósito es el de destruirnos alejándonos de Dios. Tiene como su origen a un malicioso Ángel, que quiere nada más y nada menos que nuestra perdición. Su odio por la humanidad ha llegado tan lejos, que la ha atacado en su mismo seno valiéndose del pecado del aborto, el llamado “control de la natalidad”, la clonación, la fecundación artificial , la investigación de células madre, y echando mano a todos los medios de los que se vale, en su intento de redefinir a la vida y al matrimonio tal como lo conocemos, llamándolos ahora “progreso” y nueva “familia moderna”.

Nada puede ni debe escapar de las fuerzas rebeldes del hedonismo y del secularismo en su violento avance por todo el mundo, que trata de obligarnos a creer que la pecaminosidad y la malvada rebelión contra nuestro Creador y su definición de moralidad es “normal” y está plenamente justificada.

Hemos llegado tan lejos, que si no seguimos y avanzamos al ritmo de esta maligna marcha (que busca nuestra propia destrucción), somos descritos como locos, anormales o ignorantes. Hemos llegado tan lejos que hoy en día el bien es malo y el mal es realmente bueno. La gente buena es aburrida y la gente malvada es divertida. Defendemos al criminal y encarcelamos al justo.

Alejados de Dios, en nuestra miseria, enseñamos a nuestros hijos que la magia y los cuentos de hadas son reales y que Dios, sus ángeles y sus santos, no existen, pero de alguna manera todos los humanos y los perros van al cielo. No es de extrañar que nuestro mundo esté tan confundido e ignorante de lo que Dios realmente dice y enseña.

Por lo tanto, no hace falta decir, con toda certeza, que aquellos de nosotros que queremos ser verdaderamente santos y virtuosos, que queremos abrazar de todo corazón la auténtica enseñanza y misión de la Iglesia Católica para salvar almas, viviremos una vida muy difícil. Una vida llena de desafíos y, a veces, sufrimientos reales, pero al mismo tiempo, una vida de inmensas bendiciones y gracias, mismas de las que disfrutan todos los que como Cristo, decidieron cargar con su propia cruz.

Si realmente queremos ser los santos de Dios y parte de su pueblo santo, no debemos temer lo que está por venir pronto o aquello que ya está aquí, no debemos temer a esos lobos disfrazados de ovejas, porque Dios no será burlado o hecho tonto. Al final, todo lo que ha permanecido oculto será revelado. Aquellos que sirvieron al demonio y a sus seguidores, no serán tratados a la ligera, pues para todos ellos, ya sean angelicales o humanos, se creó el infierno, sólo para ellos.

No se engañe. Estamos en medio de una guerra, una guerra entre el bien y el mal, y lo peor que uno puede hacer en cualquier situación de combate, es pretender creer que todo está bien y que los combates que se están llevando a cabo en esta lucha, no tienen nada que ver con nosotros. Esto, tristemente, ha sido la mentalidad de nosotros los humanos, nosotros los cristianos y nosotros los católicos, durante mucho, demasiado tiempo.

En su discurso durante el Congreso Eucarístico de 1976 llevado a cabo en la ciudad de Filadelfia, Pensilvania, con motivo de la celebración del Bicentenario de la firma de la Declaración de la Independencia de EE.UU. el entonces Cardenal Wojtyla (Juan Pablo II) dijo:

“Ahora estamos parados frente a la mayor confrontación histórica que la humanidad ha experimentado alguna vez.
No creo que el gran círculo de la Sociedad Americana, o de todo el amplio círculo de la comunidad cristiana se dé cuenta de esto completamente.

Ahora nos enfrentamos a la confrontación final entre la Iglesia y la anti-iglesia, entre el Evangelio y el anti-evangelio, entre Cristo y el anticristo.
El enfrentamiento se encuentra dentro de los planes de la Divina Providencia. Está, por lo tanto, en el plan de Dios, y debe ser un juicio que la Iglesia debe asumir y afrontar con valentía.

Tenemos que estar preparados para someternos a grandes pruebas en un futuro no muy lejano.
Pruebas que nos obligarán a estar dispuestos a renunciar a incluso nuestras vidas,
A una entrega total de nosotros mismos a Cristo y para Cristo.

A través de sus oraciones y las mías, es posible aliviar esta aflicción, pero ya no es posible evitar que suceda.
¡Cuántas veces la renovación de la Iglesia ha sido a través de la sangre!
No va a ser diferente esta vez”.

 

El Papa León XIII declaró con valentía: “¡Los católicos nacen para el combate!” Entonces, nosotros, los fieles, debemos convertirnos en Santos. Debemos volver a ser la Iglesia Militante: soldados y guerreros de Jesucristo. El diablo ciertamente sabe, hoy más que nunca, que su tiempo es corto y que sería incluso más corto, si la Iglesia Única, Santa, Católica y Apostólica, tomase en serio el llamado a la guerra espiritual y a la santidad auténtica.

La Liturgia de las Horas para los Mártires dice; “Somos guerreros, peleando en el campo de batalla de la fe, y Dios ve todo lo que hacemos; los Ángeles miran y también Cristo. ¡Qué honor, gloria y alegría, luchar en la presencia de Dios y que Cristo apruebe nuestra victoria! “. Armémonos con toda fuerza, con el Rosario en la mano; y preparémonos, por medio de la Adoración Eucarística, para la lucha final con corazones intachables, fe verdadera y coraje inquebrantable.

El venerable obispo Fulton Sheen enseñó: “Cristo exige fuego; exige celo de parte de sus seguidores“. En las Escrituras, Cristo nos ordena salir y predicar el Evangelio, vivir vidas virtuosas y santas, convertir a las naciones y expulsar al mal. Cuando rezamos el “Padre Nuestro“, le pedimos a Dios que nos libre del mal: esta es la petición diaria normal que se dice en la oración más grande de la Iglesia.

¿No creemos que tal vez ha llegado la hora, de hacer esta petición, parte de nuestras acciones diarias y no solo parte de nuestras oraciones?

Orar para ser librados del mal y trabajar en su destrucción, están en el centro de nuestra fe católica, porque cuando actuamos de esta manera, reconocemos que solo Dios puede salvarnos verdaderamente del poder del demonio, quien nos esclaviza con el pecado y el mal .

Así que, estén en paz, no tengan miedo, como nos dice San Pablo, “llevamos las marcas de Cristo en nuestros cuerpos” a través del bautismo y la Sagrada Eucaristía, ya que estamos siendo “enviados al mundo como corderos entre lobos“. Cristo nos aconseja ser “inocentes como palomas pero astutos como serpientes“, donde “la cosecha es rica y los trabajadores son pocos”. Así que alégrate porque “tu nombre está escrito en el cielo” y “como una madre consuela a su hijo, así Dios te consolará ” .

¡Es hora, mis hermanos y hermanas, levantarse y luchar por su Iglesia y su país antes de que ambos se hayan ido!

Fuentes

Artículo escrito por el Padre Daniel E. Doctor Traducido y adaptado de: http://www.courageouspriest.com/satan-exist-2 Por Proyecto Emaús.

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