Guadalupe, por extraño que parezca, es muy probable que no sea un nombre de origen mexicano. De hecho, ni siquiera es español, aunque originalmente es el nombre de un río en la provincia española de Extremadura.

Según algunos, Guadalupe seria un nombre que tiene su origen en los vocablos árabes “wad-al-hub” , que en conjunto significan “río de amor”. Que el origen sea árabe no ha de ser tomado con sorpresa: hay que tener en cuenta que la Península Ibérica fue ocupada por alrededor de ocho siglos por los moros, musulmanes de habla árabe del norte de África. Según otros, el nombre es una mezcla andaluza de latín y árabe (conocido como “árabe latino”), Wadi-lupe, “el río de los lobos”.

Antes de la milagrosa aparición de San Juan Diego en México, Nuestra Señora de Guadalupe ya era una figura venerada entre los españoles. Según la leyenda, una estatua milagrosa de María con piel oscura -la llamada “Virgen Negra”, -una de las tres veneradas alrededor del mundo y que según cuenta la tradición fue elaborada por San Lucas- fue enterrada cerca del río Guadalupe cuando los moros conquistaron la zona. A principios del siglo XIV, un pastor afirmó que María se le había aparecido y le pidió que cavara en el lugar que le había indicado. La imagen fue consagrada y el lugar se convirtió en un centro de peregrinación y sirvió de inspiración durante la Reconquista Cristiana de España. Esa primera imagen, es más comúnmente conocida hoy como Nuestra Señora de Extremadura, por la región de España donde la imagen fue descubierta.

Por lo tanto, es ciertamente posible que si el nombre con que María se presentó a Juan Diego fue Guadalupe, le hubiese permitido al obispo español reconocerla de inmediato y honrar su titulo.

Pero también existe la posibilidad de que el nombre de Guadalupe se originara del náhuatl, el idioma hablado por algunos de los nativos de México. Juan Diego habló el náhuatl, así como algo de español, y en los relatos de las apariciones, María le habló también en náhuatl. Algunos han sugerido que Juan Diego llamó a la Señora Coatlaxopeuh, Nahuatl para “la que derrota a la serpiente”. O tal vez dijo Tequatlanopeuh, “ella que está en la cumbre rocosa” (refiriéndose a la colina de Tepeyac, donde María apareció por primera vez a Juan Diego). En cualquier caso, el obispo podría haber “oído” la pronunciación fonética de estos nombres y reconocer la palabra Guadalupe.

No hay evidencia contemporánea de que indique o haga pensar que estos nombres hayan sido empleados alguna vez para referirse a la virgen María.
En cambio, los manuscritos y las crónicas de este período colonial temprano, relatan que el pueblo mexicano insistió en dirigirse a la Virgen como Guadalupe desde el primer día.

De una u otra manera, el cristianismo, de hecho, con la ayuda de Nuestra Señora, derrotó a Quetzalcoatl, la “serpiente emplumada” representada por los cultos pre-cristianos.