El más débil, para vencer al más fuerte.

Reza un dicho que el cielo se encuentra todo tipo de pecado, menos el de la soberbia, y que el infierno esta lleno de virtudes, menos la de la humildad.
Esta breve frase, nos da a entender algo que los Cristianos bien sabemos: Dios detesta a los soberbios y exalta a los humildes de corazón.

La Biblia esta llena de ejemplos y referencias, en las que el más pequeño, es empleado para vencer al arrogante. La historia de David (un pastor) haciendo frente al arrogante y bravucón Goliath es una de las más conocidas. Pero, sabías que esto se cumplió cabalmente cuando Lucifer fue expulsado del Cielo?
El hecho, es que Lucifer, fue creado por Dios, nada más y nada menos que como un Serafín, un ángel perteneciente al orden más alto, de la jerarquía más elevada, junto con querubines y tronos. Miguel por su parte, fue creado como Arcángel. Los arcángeles son los penúltimos, antes de los propios ángeles (tal y como lo indica el prefijo “arc”, que significa superior).

Este fragmento del libro “Historia del mundo angélico” del Padre Fortea, ilustra el enfrentamiento inicial entre ambos muy bien:

Ante el discurso rebelde de Satanás, la masa de oyentes había quedado atónita, y por tanto silenciosa. Y, entonces, en mitad del estupor que embargó todo el Cielo, ante ese primer discurso de Lucifer, se escuchó una rotunda afirmación, un fuerte grito que se levantó en medio de aquel silencio: ¡Quién como Dios!
Esta afirmación fue como un puñetazo en mitad de la mesa. Tres cortas palabras, pronunciadas con tal gallardía, que valieron por un discurso. Fue como un grito que despertó a todos.

Y así, él, el pequeño Miguel, se plantó justo ante Lucifer y le dijo a la cara: ¡eres un soberbio! En un primer momento, cuando Lucifer todavía era respetado, cuando estaba en la cima de su honor, nadie se hubiera atrevido a hacer eso. Pero él era impávido y las palabras de Miguel poseían tal convicción, que hirieron profundamente a Lucifer.

 

 

Y así, el arrogante Serafín, se rehusó a servir. Su grito de batalla fue “Non Serviam” (No serviré!). Por su parte, el pequeño arcángel Miguel, se postró ante Dios, dispuesto a servirle, reconociéndole como su Dios y Creador, entregándose humildemente con su grito: “Serviam!” (Serviré!).

Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo fuerte. Lo plebeyo y despreciable del mundo ha escogido Dios; lo que no es, para reducir a la nada lo que es.

1 Corintios 27-28

El desenlace, lo encontramos aquí:

Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus Ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos.
Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus Ángeles fueron arrojados con él.

Apocalipsis 12:1-9

Cuando miramos a Cristo en la Cruz, esto, también se cumple a cabalidad. Quizás pudo haber salvado a la humanidad de otra manera, pero el hijo de Dios hecho hombre, se humilló a si mismo, aceptando todo tipo de vejaciones y cargando sobre sí todos los pecados del mundo, hasta ser muerto por nosotros los hombres.

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