Esta festividad se celebra el domingo siguiente a la Epifanía. Con ella, se cierra el Tiempo de Navidad y da inicio el Tiempo Ordinario.
El bautismo de Nuestro Señor, se da en el año 779 desde la fundación de Roma (año 30 de la era cristiana).
Cuando Jesús está próximo a iniciar su vida publica, sale en busca de Juan, el bautista:

Entonces Jesús llegó de Galilea al Jordán, a donde estaba Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trató de impedírselo, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Y respondiendo Jesús, le dijo: Permítelo ahora; porque es conveniente que cumplamos así toda justicia. Entonces Juan se lo permitió. Después de ser bautizado, Jesús salió del agua inmediatamente; y he aquí, los cielos se abrieron, y él vio al Espíritu de Dios que descendía como una paloma y venía sobre El. Y he aquí, se oyó una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado en quien me he complazco.
Mateo 3:13-17

Su significado

San Máximo de Turín, siglo V nos explica su significación:
«¿Por qué quiso bautizarse, si es santo?» Escucha. Cristo se hace bautizar, no para santificarse con el agua, sino para santificar el agua y para purificar aquella corriente con su propia purificación y mediante el contacto de su cuerpo. Pues la consagración de Cristo es la consagración completa del agua.

Y así, cuando se lava el Salvador, se purifica toda el agua necesaria para nuestro bautismo, y queda limpia la fuente, para que pueda luego administrarse a los pueblos que habían de venir a la gracia de aquel baño. Cristo, pues, se adelanta mediante su bautismo, a fin de que los pueblos cristianos vengan luego tras él con confianza.

Así es como entiendo yo el misterio: Cristo precede, de la misma manera que la columna de fuego iba delante a través del mar Rojo, para que los hijos de Israel siguieran intrépidamente su camino; y fue la primera en atravesar las aguas, para preparar la senda a los que seguían tras ella. Hecho que, como dice el Apóstol, fue un símbolo del bautismo. Y en un cierto modo aquello fue verdaderamente un bautismo, cuando la nube cubría a los israelitas y las olas les dejaban paso.

El Hijo unigénito recibe el Espíritu Santo no para sí mismo, sino para instaurar y restituir a su integridad a la naturaleza entera, ya que, al haberse hecho hombre, la poseía en su totalidad. Puede, por tanto, entenderse –si es que queremos usar nuestra recta razón, así como los testimonios de la Escritura– que Cristo no recibió el Espíritu para sí, sino más bien para nosotros en sí mismo: pues por su medio nos vienen todos los bienes.

Oración

¡Señor, nuestro Dios y nuestro Padre! Te pedimos el conocimiento del misterio del bautismo de tu Hijo. Concédenos comprenderlo como lo comprendió el evangelista Lucas: como lo comprendieron los primeros cristianos. Concédenos Padre, contemplar el misterio de la identidad de Jesús como lo has revelado en el momento de su bautismo en las aguas del Jordán y que está presente en nuestro bautismo.
¡Señor Jesús! Enséñanos en esta escucha de tu palabra qué cosa signifique ser hijos, en Tí y contigo. Tú eres el verdadero Cristo porque nos enseña ser hijos de Dios como tú. Danos una profunda conciencia de la acción del Espíritu que nos invita a una escucha dócil y atenta de tu palabra. ¡Espíritu Santo! Te pedimos que calmes nuestras angustias, los temores, los miedos para ser más libres, sencillos y mansos en la escucha de la voz de Dios que se manifiesta en la palabra de Cristo Jesús, nuestro hermano y redentor. ¡Amén!