¿El Antiguo Testamento Realmente profetizó la venida de Jesús?

Las profecías son una de las tantas y muy interesantes herramientas de las que Dios se vale para revelarse a Sí mismo a quienes le son fieles y para manifestar su Plan Divino. Desde el comienzo del Libro del Génesis, vemos profecías que nos son reveladas, un tema que continúa a lo largo de la totalidad de la Biblia.

De las innumerables profecías presentes en el Antiguo Testamento, la mayoría de ellas nos anuncian la venida de un Mesías. De hecho existen cientos de profecías mesiánicas.

Gracias (en gran medida) al relativismo, hay quienes creen que es justo cuestionarlo todo. Fruto de este pensamiento, algunos incluso han llegado a hacerse la pregunta ¿Cómo sabemos que el nacimiento de Jesús ha dado cumplimiento a las profecías anunciadas y a la promesa de Dios de enviar un salvador a su pueblo?

Si bien es cierto y como ya hemos dicho existen cientos de profecías mesiánicas, hay algunas que se consideran las más claras y más importantes, que prueban definitivamente que Cristo, dio cumplimiento cabal a las profecías del Antiguo Testamento; estas son algunas de ellas, que no solamente profetizaron su venida, sino, que también profetizaron muchos otros aspectos relacionados con la vida de Jesús.

El nacimiento de Cristo

El Antiguo Testamento predice que el Mesías nacerá de una joven virgen y que se llamará Emmanuel, que significa “Dios entre nosotros”. En el Nuevo Testamento, vemos al ángel Gabriel acercarse a María y decirle que concebirá a un hijo, y que Él será llamado el Hijo de Dios.

“Por lo tanto, el Señor mismo te dará una señal; la joven, embarazada ya punto de dar a luz un hijo, le dará el nombre Emmanuel [con nosotros es Dios] “

Isaías 7:14

“Y el ángel le dijo a ella en respuesta:” El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por lo tanto, el niño que nacerá será llamado santo, el Hijo de Dios.”

Lucas 1:35

Isaías también indicó que el Cristo provendría de la línea de David al mencionar específicamente al padre de este: Jesé. Y Jesús, efectivamente, fue descendiente de David (Mateo 1:6, 16; Lucas 3:23, 31, 32). De ahí que antes de que María diera a luz, el ángel Gabriel le dijo sobre Jesús: “Dios le dará el trono de David su padre” (Lucas 1:32, 33; Isaías 11:1-5, 10; Romanos 15:12).

El linaje de Cristo

El Antiguo Testamento dice que Dios librará a Israel a través de un rey de la casa de David. El Libro de Mateo enfatiza que Cristo es el Mesías real colocándolo primero como el Hijo de David, y el Hijo de Abraham como el segundo.

“Pero tú, Belén-Efrata, la más pequeña de las familias de Judá, de ti me saldrá el que va a gobernar en Israel”

Miqueas 5: 2

“El libro de la genealogía de Jesucristo, el hijo de David, el hijo de Abraham”

Mateo 1: 1

Su vida

En cierta ocasión, mientras estaba en la sinagoga de Nazaret, Jesús leyó en público las siguientes palabras de Isaías:

“El espíritu de Yaveh está sobre mí, porque él me ungió para declarar buenas nuevas a los pobres”.

Lucas 4:17-21

Acto seguido, se las aplicó a sí mismo al decir:

“Hoy se cumple esta escritura que acaban de oír”

Isaías 61:1, 2

Isaías dijo también que el Mesías trataría a los enfermos con bondad y sin llamar la atención. Y el Evangelio de Mateo confirma que así resultó ser, cuando dice:

“Muchos también lo siguieron, y los curó a todos, mas con firmeza les ordenó que no le pusieran de manifiesto; para que se cumpliera lo que se habló mediante Isaías el profeta, que dijo: ‘[…] No reñirá, ni levantará la voz, ni […] quebrantará ninguna caña cascada’” (Mateo 8:16, 17; 12:10-21; Isaías 42:1-4; 53:4, 5).

El ministerio de Cristo

El Antiguo Testamento dice que el Mesías curará a los afligidos por la enfermedad, los mudos y sordos, los cojos y los tontos. Uno de los muchos milagros de Cristo, visto a lo largo del evangelio es su curación de los enfermos.

“Los ojos de los que ven no estarán cerrados; los oídos de los que oyen estarán atentos “

Isaías 32: 3-4

“Y cuando el demonio fue expulsado, la persona muda habló. Jesús fue a todas las ciudades y pueblos, enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y dolencia “

Mateo 9:33, 35

 

Su sufrimiento

Otra profecía de Isaías indicaba que la mayoría de los israelitas no solo no aceptarían al Mesías, sino que lo considerarían “una piedra de tropiezo” (1 Pedro 2:6-8; Isaías 8:14, 15). Y eso fue lo que pasó. A pesar de los numerosos milagros que hizo Jesús, los judíos “no pusieron fe en él, de modo que se cumplió la palabra de Isaías el profeta, que  dijo: ‘Yaveh, ¿quién ha puesto fe en la cosa oída por nosotros?’” (Juan 12:37, 38; Isaías 53:1). Aparte de no tener fe, muchos judíos creían equivocadamente que el Mesías los libraría de inmediato del dominio romano y restauraría un reino davídico independiente en la Tierra. Claro, como Jesús sufrió tantas penalidades y al final murió, la mayoría no quiso reconocerlo como el Mesías. Y eso que el libro de Isaías había predicho que el Mesías sufriría antes de ser Rey.

“Mi espalda di a los golpeadores […]. Mi rostro no oculté de cosas humilladoras ni del esputo”, dijo el Mesías proféticamente en el libro de Isaías. Y eso fue lo que ocurrió durante el juicio de Jesús. Mateo cuenta: “Le escupieron en el rostro y le dieron de puñetazos. Otros le dieron de bofetadas” (Isaías 50:6; Mateo 26:67). Además, Isaías escribió:

“Él fue dejando que se le afligiera; no obstante, no abría la boca”. Y cuando Pilato le pidió cuentas a Jesús acerca de las acusaciones de los judíos, él “no le contestó, no, ni una sola palabra, de modo que el gobernador quedó muy admirado” (Isaías 53:7; Mateo 27:12-14; Hechos 8:28, 32-35).

Su muerte

La muerte de Jesús y otros sucesos posteriores también cumplieron profecías de Isaías. Por ejemplo, el profeta había predicho: “Él hará su sepultura hasta con los inicuos, y con la clase rica en su muerte” (Isaías 53:9). ¿Cómo podría cumplirse esta profecía aparentemente contradictoria? Para empezar, Jesús murió clavado en un madero entre dos ladrones (Mateo 27:38). Pero después, José de Arimatea lo enterró en una tumba, propia de la clase alta, que se había mandado construir hacía poco (Mateo 27:57-60). La muerte de Jesús cumplió, a su vez, uno de los aspectos más importantes de las profecías de Isaías. Aludiendo al Mesías, el profeta había dicho: “El justo, mi siervo, traerá una posición de justos a muchas personas; y él mismo cargará los errores de ellas”. Y así fue: con su muerte, Jesús pagó el rescate que libra de la carga del pecado a todos los siervos fieles de Dios (Isaías 53:8, 11; Romanos 4:25).

Estas son sólo algunas de las profecías del antiguo testamento, que nos demuestran que Cristo Jesús, es el mesías prometido y enviado por Dios.

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