Ejercicio para el Mes de Agosto en honor al Inmaculado Corazón de María

Devoción al Inmaculado Corazón de María para practicarla todos los días del mes de Agosto.

En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo.

V. Dígnate que yo te alabe, Virgen sagrada.
R. Dame fuerza contra tus enemigos.


V. Oh Dios, venid en mi auxilio.
R. Señor, daos prisa en socorrerme.


V. Gloria al Padre…
R. Como era en el principio… Amén.

Acto de contrición breve.
Dios mío, me arrepiento sinceramente con todo mi corazón de mis pecados y los odio y detesto por ser un ultraje a vuestra Divina Majestad y causa de la muerte de vuestro Divino Hijo y de mi ruina espiritual. No quiero cometerlos más en adelante y estoy dispuesto a evitar las ocasiones. Señor, misericordia, perdonadme.

I

Virgen inmaculada que, concebida sin pecado, enderezasteis hacia Dios todos los movimientos de vuestro Purísimo Corazón, siempre dócil a su divino querer; alcanzadme que, aborreciendo de todo corazón la culpa, aprenda de Vos a vivir resignado en la voluntad de Dios.

Ave María.

II

Admiro, oh María, aquella profunda humildad con que se conturbó vuestro bendito Corazón, al anunciaros el Arcángel san Gabriel, que habíais sido escogida por Madre del Hijo del Altísimo, haciendo protestas de que erais su humildísima esclava; y, confundido a la vista de mi soberbia, os pido la gracia de un corazón contrito y humillado, para que, conociendo mi miseria, pueda llegar a conseguir aquella gloria prometida a los verdaderos humildes de corazón.

Ave María.

III

Virgen bendita, que en vuestro Corazón dulcísimo conservabais el precioso tesoro de las palabras de vuestro Hijo Jesús, y meditando los sublimes misterios no sabíais vivir sino para Dios, ¡cuánto me confunde la frialdad de mi corazón! ¡Ah. Amada Madre mía, alcanzadme la gracia de que, meditando constantemente la ley santa de Dios, procure imitaros en el fervoroso ejercicio de las cristianas virtudes.

Ave María.

IV

¡Oh gloriosa Reina de los Mártires!, cuyo Corazón sagrado, durante la pasión del Hijo, fue acerbamente traspasado por aquella espada que había profetizado Simeón, alcanzad a mi corazón una verdadera fortaleza y una santa paciencia para soportar las tribulaciones y las adversidades de esta vida y para que, crucificando mi carne con sus concupiscencias, me muestre verdadero hijo vuestro en el seguimiento de la mortificación de la cruz.

Ave María.

V

¡Oh mística Rosa, María!, cuyo amabilísimo Corazón, ardiendo en las llamas de la más viva caridad, nos aceptó por hijos al pie de la Cruz, llegando a ser de esta manera nuestra tiernísima Madre, ¡ah!, haced que sienta la dulzura de vuestro Corazón maternal y la fuerza de vuestro poder ante Jesús, en todos los peligros de mi vida y, particularmente, en la hora terrible de mi muerte, y que mi corazón, unido al vuestro, ame siempre a Jesús, ahora y por los siglos de los siglos. Así sea.

Ave María.

Letanías al Inmaculado Corazón de María

Señor, ten piedad.
Cristo, ten piedad.
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.
Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.
Santa María, ruega por nosotros.
Corazón Inmaculado de María,
Corazón de María, lleno de gracia,
Corazón de María, vaso del amor más puro,
Corazón de María, consagrado íntegro a Dios,
Corazón de María, preservado de todo pecado,
Corazón de María, morada de la Santísima Trinidad,
Corazón de María, delicia del Padre en la Creación,
Corazón de María, instrumento del Hijo en la Redención,
Corazón de María, la esposa del Espíritu Santo,
Corazón de María, abismo y prodigio de humildad,
Corazón de María, medianero de todas las gracias,
Corazón de María, latiendo al unísono con el Corazón de Jesús,
Corazón de María, gozando siempre de la visión beatífica,
Corazón de María, holocausto del amor divino,
Corazón de María, abogado ante la justicia divina,
Corazón de María, traspasado de una espada,
Corazón de María, coronado de espinas por nuestros pecados,
Corazón de María, agonizando en la Pasión de tu Hijo,
Corazón de María, exultando en la resurrección de tu Hijo,
Corazón de María, triunfando eternamente con Jesús,
Corazón de María, fortaleza de los cristianos,
Corazón de María, refugio de los perseguidos,
Corazón de María, esperanza de los pecadores,
Corazón de María, consuelo de los moribundos,
Corazón de María, alivio de los que sufren,
Corazón de María, lazo de unión con Cristo,
Corazón de María, camino seguro al Cielo,
Corazón de María, prenda de paz y santidad,
Corazón de María, vencedora de las herejías,
Corazón de María, de la Reina de Cielos y Tierra,
Corazón de María, de la Madre de Dios y de la Iglesia,
Corazón de María, que por fin triunfarás,

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, perdónanos Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, escúchanos Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten misericordia de nosotros.

V. Ruega por nosotros Santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar la promesas de Nuestro Señor Jesucristo.

Oremos.
Oh Dios, que nos has preparado en el Corazón Inmaculado de María una digna morada de tu Hijo Jesucristo, concédenos la gracia de vivir siempre conformes a sus enseñanzas y de cumplir sus deseos. Por Cristo tu Hijo, Nuestro Señor.

Amén.

Acto de Consagración al Inmaculado Corazón de María

(Compuesto por Pío XII – para el 22 de agosto)

¡Oh Reina del Santísimo Rosario, auxilio de los cristianos, refugio del género humano, vencedora de todas las batallas de Dios! Ante vuestro Trono nos postramos suplicantes, seguros de impetrar misericordia y de alcanzar gracia y oportuno auxilio y defensa en las presentes calamidades, no por nuestros méritos, de los que no presumimos, sino únicamente por la inmensa bondad de vuestro maternal Corazón.

En esta hora trágica de la historia humana, a Vos, a vuestro Inmaculado Corazón, nos entregamos y nos consagramos, no sólo en unión con la Santa Iglesia, cuerpo místico de vuestro Hijo Jesús, que sufre y sangra en tantas partes y de tantos modos atribulada, sino también con todo el Mundo dilacerado por atroces discordias, abrasado en un incendio de odio, víctima de sus propias iniquidades.

Que os conmuevan tantas ruinas materiales y morales, tantos dolores, tantas angustias de padres y madres, de esposos, de hermanos, de niños inocentes; tantas vidas cortadas en flor, tantos cuerpos despedazados en la horrenda carnicería, tantas almas torturadas y agonizantes, tantas en peligro de perderse eternamente.

Vos, oh Madre de misericordia, impetradnos de Dios la paz; y, ante todo, las gracias que pueden convertir en un momento los humanos corazones, las gracias que preparan, concilian y aseguran la paz. Reina de la paz, rogad por nosotros y dad al mundo en guerra la paz por que suspiran los pueblos, la paz en la verdad, en la justicia, en la caridad de Cristo. Dadle la paz de las armas y la paz de las almas, para que en la tranquilidad del orden se dilate el reino de Dios.

Conceded vuestra protección a los infieles y a cuantos yacen aún en las sombras de la muerte; concédeles la paz y haced que brille para ellos el sol de la verdad y puedan repetir con nosotros ante el único Salvador del mundo: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

Dad la paz a los pueblos separados por el error o la discordia, especialmente a aquellos que os profesan singular devoción y en los cuales no había casa donde no se hallase honrada vuestra venerada imagen (hoy quizá oculta y retirada para mejores tiempos), y haced que retornen al único redil de Cristo bajo el único verdadero Pastor.
Obtened paz y libertad completa para la Iglesia Santa de Dios; contened el diluvio inundante del neopaganismo, fomentad en los fieles el amor a la pureza, la práctica de la vida cristiana y del celo apostólico, a fin de que aumente en méritos y en número el pueblo de los que sirven a Dios.

Finalmente, así como fueron consagrados al Corazón de vuestro Hijo Jesús la Iglesia y todo el género humano, para que, puestas en El todas las esperanzas, fuese para ellos señal y prenda de victoria y de salvación; de igual manera, oh Madre nuestra y Reina del Mundo, también nos consagramos para siempre a Vos, a vuestro Inmaculado Corazón, para que vuestro amor y patrocinio aceleren el triunfo del Reino de Dios, y todas las gentes, pacificadas entre sí y con Dios, os proclamen bienaventurada y entonen con Vos, de un extremo a Otro de la tierra, el eterno Magníficat de gloria, de amor, de reconocimiento al Corazón de Jesús, en sólo el cual pueden hallar la Verdad, la Vida y la Paz.

anagrama

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