Este es el misterio central del Cristianismo, sólo hay un Dios conformado en tres personas, aunque distintas con relación a su origen y distintos en sus relaciones entre sí, tal y como lo declaró el Cuarto Concilio de Letrán: El Padre. Es increado e inengendrado, el Hijo. No es creado sino engendrado eternamente por el Padre y el Espíritu Santo. No es creado, ni engendrado, sino que procede eternamente del Padre y del Hijo.

Oración a la Santísima Trinidad

Adoración al Padre Eterno.

Os adoro, oh Padre eterno, con toda la corte celestial, por mi Dios y Señor, y os doy infinitas gracias en nombre de la santísima Virgen, vuestra Hija muy amada, por todos los dones y privilegios con que la adornasteis, especialmente por aquel poder con que la enaltecisteis en su gloriosa Asunción a los cielos.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Oración al eterno Hijo

Os adoro, oh eterno Hijo, con toda la corte celestial por mi Dios, Señor y Redentor, y os rindo gracias infinitas en nombre de la santísima Virgen, vuestra muy amada Madre, por todos los dones y privilegios con que la adornasteis, especialmente por aquella suma sabiduría con que la ilustrasteis en su gloriosa Asunción al cielo.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Adoración al Espíritu Santo

Os adoro, Espíritu Santo paráclito, por mi Dios y Señor, y os doy infinitas gracias con toda la corte celestial en nombre de la santísima Virgen, vuestra amántísima Esposa por todos los dones y privilegios con que la adornasteis, especialmente por aquella perfectísima y divina caridad con que inflamasteis su santísimo y purísimo corazón en el acto de su gloriosísima Asunción al cielo; y humildemente os suplico en nombre de vuestra inmaculada Esposa, me otorguéis la gracia de perdonarme todos los gravísimos pecados que he cometido desde el primer instante en que pude pecar; hasta el presente, de los cuales me duelo infinitamente, con propósito de morir antes que volver mas a ofender a vuestra divina Majestad; y por los altísimos méritos y eficacísima protección de vuestra amantísima Esposa os suplico me concedáis  el preciosísimo don de vuestra gracia y divino amor, otorgándome aquellas luces y particulares auxilios con los cuales vuestra eterna Providencia ha predeterminado salvarme, y conducirme a sí.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Oración en súplica a la Santísima Virgen María por su intercesión

Os reconozco y os venero, oh Virgen santísima, Reina de los cielos, Señora y Patrona del universo, como a Hija del eterno Padre, Madre de su dilectísimo Hijo, y Esposa amantísima del Espíritu Santo; y postrado a los pies de vuestra gran Majestad con la mayor humildad os suplico por aquella divina caridad; de que fuisteis sumamente llena en vuestra Asunción al cielo, que me hagáis la singular gracia y misericordia de ponerme bajo vuestra segurísima y fidelísima protección, y de recibirme en el número de aquellos felicísimos y afortunados siervos que lleváis esculpidos en vuestro virginal pecho. Dignaos, oh Madre y Señora mía clementísima, aceptar mi miserable corazón, mi memoria, mi voluntad, y demás potencias y sentidos míos interiores y exteriores; aceptad mis ojos, mis oídos, mi boca, mis manos y mis pies, regidlos conforme al beneplácito de vuestro Hijo, a fin de que con todos sus movimientos tenga intención de tributaros gloria infinita. Y por aquella sabiduría con que os iluminó vuestro amantísimo Hijo, os ruego y suplico me alcancéis luz y claridad para conocerme bien a mí mismo, mi nada, y particularmente mis pecados, para odiarlos y detestarlos siempre, y alcanzadme además luz para conocer las asechanzas del enemigo infernal y sus combates ocultos y manifiestos. Especialmente, piadosísima Madre mía, os suplico la gracia… (mencione aquí la gracia que se desea alcanzar).

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Más oraciones a la Santísima Trinidad

Oración de Santa Catalina de Siena

¡Oh Trinidad eterna! Tú eres un mar sin fondo en el que, cuanto más me hundo, más te encuentro; y cuanto más te encuentro, más te busco todavía. De ti jamás se puede decir: ¡basta! El alma que se sacia en tus profundidades, te desea sin cesar, porque siempre está hambrienta de ti, Trinidad eterna; siempre está deseosa de ver tu luz en tu luz. Como el ciervo suspira por el agua viva de las fuentes, así mi alma ansía salir de la prisión tenebrosa del cuerpo, para verte de verdad…

¿Podrás darme algo más que darte a ti mismo? Tú eres el fuego que siempre arde, sin consumirse jamás. Tú eres el fuego que consume en sí todo amor propio del alma; tú eres la luz por encima de toda luz…

Tú eres el vestido que cubre toda desnudez, el alimento que alegra con su dulzura a todos los que tienen hambre. ¡Pues tú eres dulce, sin nada de amargor!

¡Revísteme, Trinidad eterna, revísteme de ti misma para que pase esta vida mortal en la verdadera obediencia y en la luz de la fe santísima, con la que tú has embriagado a mi alma!

Oración de la Beata Isabel de la Trinidad

¡Oh Dios mío, trinidad adorable, ayúdame a olvidarme por entero para establecerme en ti!

¡Oh mi Cristo amado, crucificado por amor! Siento mi impotencia y te pido que me revistas de ti mismo, que identifiques mi alma con todos lo movimientos de tu alma; que me sustituyas, para que mi vida no sea más que una irradiación de tu propia vida. Ven a mí como adorador, como reparador y como salvador…

¡Oh fuego consumidor, Espíritu de amor! Ven a mí, para que se haga en mi alma una como encarnación del Verbo; que yo sea para él una humanidad sobreañadida en la que él renueve todo su misterio.

Y tú, ¡oh Padre!, inclínate sobre tu criatura; no veas en ella más que a tu amado en el que has puesto todas tus complacencias.

¡Oh mis tres, mi todo, mi dicha, soledad infinita, inmensidad en que me pierdo! Me entrego a vos como una presa; sepultaos en mi para que yo me sepulte en vos, en espera de ir a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas.

Oración contra todo mal

Amorosísimo Dios, Trino y Uno:
Padre Hijo y Espíritu Santo,
Trinidad Santísima en quién creo,
en quién espero,
y a quién amo con todo mi corazón;
humildemente pido protección y ayuda.
Santísima Trinidad bendíceme,
ampárame, ayúdame, líbrame de mal y peligro
y de toda mala hora.

Paz Cristo, Cristo Paz.

Que el enemigo que venga en mi contra
en el momento sea vencido:
que tengan ojos y no me vean,
que tengan oídos y no me oigan,
que tengan manos y no me alcancen,
que con solo nombrar a la Santísima Trinidad
sean vencidos todos mi enemigos.

(Hacer la Señal de la Cruz)

Con el manto de la Santísima Trinidad sea envuelto mi cuerpo,
con el Escapulario de la Virgen del Carmen
me vea cubierto,
para no ser visto, ni oído, ni preso, ni por los malos vencido.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo +.

La Santísima Trinidad esté conmigo:
el Padre me guarde,
el Hijo me guíe,
el Espíritu Santo me ilumine y me acompañe
donde quiera que yo vaya.
La Santísima Trinidad esté conmigo en todo momento,
y me libre para siempre de todo mal y peligro.

(Hacer la Señal de la Cruz)

Cruz Santa, Cruz Digna, Cruz Divina:
por Nuestro Señor que murió en ti,
cosa mala no llegué a mí.
En el nombre Del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo +.
En el Nombre de la Santísima Trinidad,
para que en ésta hora y momento
nuestro Padre Eterno,
nuestro Señor Jesucristo
y El Espíritu Santo me iluminen la mente,
para que todas mis cosas me salgan perfectas
y la Paz de Nuestro señor Jesucristo
reine en mi hogar, en mi trabajo
y donde quiera que yo pise.

(Hacer la Señal de la Cruz)

Amén.

Rezar tres Credos y Gloria.