El día de hoy, la página web católica francesa, Riposte Catholique, hizo referencia a Tradinews, otro sitio web católico francés, que publicó una importante carta de carácter confidencial escrita 1966 por el Cardenal Alfredo Ottaviani, Pro-prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida a todos los Presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo. Por medio de esta carta, el cardenal Ottaviani intentó evitar la propagación de interpretaciones erróneas del Concilio Vaticano II. Esta carta es pues significativa porque demuestra que la confusión doctrinal había empezado a propagarse inmediatamente después del cierre formal del concilio. El cardenal Ottaviani tenía todas las razones para preocuparse ya que había estado luchando durante la totalidad de los procedimientos del concilio por la preservación de la fe católica en su integridad. Como escribió el Washington Post de manera tendenciosa (y progresiva) en 1979, a su muerte:

El Cardenal Ottaviani se opuso amargamente a los esfuerzos del Papa Juan XXIII al llamar al Concilio Vaticano II para modernizar la iglesia y fue el líder y estratega de las fuerzas más conservadoras de la iglesia una vez que el consejo se puso en marcha. […] Más de una vez el cardenal se enfrentó con los obispos progresistas en el piso del concilio en su oposición a las tendencias modernizadoras, como la de autorizar la misa en el lenguaje del pueblo o romper los siglos de separación entre católicos y otras iglesias cristianas.

Cuando la mayoría de las decisiones fueron en contra de él, usó su vasta influencia en la Curia Romana -el órgano administrativo central de la iglesia- para retrasar tanto como le fue posible el implementarlas. A veces esta táctica le salía por la culata. En 1967, ordenó que los católicos no se unieran a los protestantes en los servicios especiales de oración por la unidad de los cristianos, actividades que estaban dentro de las directrices establecidas por el Vaticano II. Muchos obispos ya habían dado su aprobación para tales servicios. El Papa Pablo VI se enteró de la controversia y derogó la orden del Cardenal Ottaviani.
El cardenal Ottaviani se opuso a la decisión del concilio que permitía la traducción de la misa del latín al idioma del pueblo y en un momento dado, otorgo el apoyo de la curia a un sacerdote estadounidense que inició un movimiento para preservar la misa en Latín.

También vale la pena recordar que fue muy poco después del comienzo del Concilio Vaticano II -según un informe del Dr. Robert Moynihan- que el propio Cardenal Ottaviani fue silenciado. En el 2012, el Dr. Moynihan se había reunido con el historiador de la Iglesia Monseñor Brunero Gherardini. Sobre aquella reunión Moynihan informa así:
(El informe completo del Dr. Moynihan no está disponible en la actualidad sin embargo, él tuvo la amabilidad de enviárselo a la autora original de este artículo, la Doctora Maike Hickson. Parte del texto se cita a continuación).

Luego le pregunté a Monseñor Gherardini sobre el Concilio. Siempre que pienso en el Concilio, tengo una imagen en mi mente: el envejecido cardenal Alfredo Ottaviani, ahora ciego, de unos 80 años, cojeando, cabeza del Santo Oficio y por lo tanto el principal oficial doctrinal de la Iglesia, nacido en Trastevere de padres que tuvieron muchos hijos, un romano de Roma, de la gente de Roma, toma el micrófono para hablar a los 2.000 obispos reunidos. Y, mientras habla, suplicando a los obispos que consideren los textos que la curia lleva tres años preparando, de pronto su micrófono fue apagado. Seguía hablando, pero nadie podía oír una palabra. Luego, perplejo y nervioso, dejó de hablar, confundido. Y los padres reunidos comenzaron a reír, y luego a ovacionar …

Sí -dijo Gherardini-. “Y fue sólo el tercer día.”

“¿Qué?” Dije.

“El micrófono de Ottaviani fue apagado el tercer día del Concilio.”

“¿El tercer día?” Dije. “No lo sabía. Pensé que fue más tarde, en noviembre, después de que el grupo progresista se organizara más … ”

“No, fue el tercer día, 13 de octubre de 1962. El Consejo comenzó el 11 de octubre. ”

“¿Sabes quién apagó el micrófono?

“Sí” dijo. “Fue el cardenal Lienart de Lille, Francia”.

“Pero entonces” dije, “casi se podría argumentar, tal vez, que tal brecha de protocolo, que hizo imposible que Ottaviani haga sus argumentos, de alguna manera dio lugar a lo que vino después , bueno, en cierto sentido, impropio …”.

“Algunas personas hacen ese argumento” -respondió Gherardini-.

Como puede se puede ver, el cardenal Ottaviani hizo todo lo que pudo para defender la tradición doctrinal católica. Por lo tanto, presentaremos su carta de 1966 en su plenitud para la reflexión de nuestros lectores sobre las cuestiones que Ottaviani planteó como especialmente pertinentes y también peligrosas.

SAGRADA CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE

Carta Circular a los Presidentes de las Conferencias Episcopales con respecto a algunas frases y errores derivados de la interpretación de los decretos del Concilio Vaticano II

Desde la reciente y exitosa conclusión del Concilio Ecuménico Vaticano II, se han promulgado muchos sabios documentos , tanto en materia doctrinal como disciplinaria, a fin de promover eficazmente la vida de la Iglesia. Todo el pueblo de Dios está obligado por el grave deber a luchar con toda diligencia para poner en práctica todo lo que ha sido solemnemente propuesto o decretado bajo la influencia del Espíritu Santo por la asamblea universal de los obispos presidida por el Supremo Pontífice.

Es el derecho y el deber de la Jerarquía supervisar, guiar y promover el movimiento de renovación iniciado por el Concilio, para que los Documentos y decretos conciliares sean interpretados y ejecutados con la mayor fidelidad a su mérito y espíritu. Esta doctrina, de hecho, debe ser defendida por los obispos, ya que ellos, con Pedro como su Cabeza, tienen el deber de enseñar con autoridad. Muchos pastores han comenzado admirablemente a explicar la relevancia de la doctrina del Concilio.

Sin embargo, debe reconocerse con tristeza que se han reportado noticias desafortunadas en diversas áreas sobre los abusos con respecto a la interpretación de la doctrina conciliar que están tomando, así como algunas opiniones descaradas circulando aquí y allá causando gran disturbio entre los fieles. Los estudios y los esfuerzos para investigar la verdad más profundamente son dignos de elogio, especialmente cuando se distingue honestamente entre lo que es central a la fe y lo que está abierto a la opinión.
Pero algunos de los documentos examinados por esta Sagrada Congregación contienen afirmaciones que fácilmente van más allá de los límites de la hipótesis o de la simple opinión, parecen plantear ciertas preguntas con respecto a los dogmas y fundamentos de la fe.

Vale la pena llamar la atención sobre algunos ejemplos de estas opiniones y errores que han surgido tanto de los informes de personas competentes como en escritos publicados.

1) En primer lugar, respecto a la Revelación Sagrada misma: Hay algunos, de hecho, que apelan a la Sagrada Escritura dejando deliberadamente de lado la Tradición. Pero entonces, restringen el papel y la fuerza de la inspiración bíblica y su inerrancia, abandonando una noción justa del verdadero valor de los textos históricos.

2) En cuanto a la doctrina de la fe, algunos afirman que las fórmulas dogmáticas están sujetas a la evolución histórica hasta el punto de que su significado objetivo es susceptible al cambio.

3) El Magisterio ordinario de la Iglesia, particularmente el del Romano Pontífice, es a veces descuidado y disminuido, hasta que es relegado casi a la esfera de una simple opinión.

4) Algunos casi se niegan a reconocer la verdad objetiva, absoluta, estable e inmutable, sometiendo todo a un cierto relativismo, con el pretexto de que toda verdad sigue necesariamente un ritmo evolutivo según la conciencia y la historia.

5) La venerada Persona de Nuestro Señor Jesucristo es cuestionada cuando en la elaboración de las doctrinas de la cristología, se utilizan ciertos conceptos para describir su naturaleza y su persona aunque sean difíciles de conciliar con lo que ha sido definido dogmáticamente. Un cierto humanismo cristológico se retuerce de tal manera, que Cristo se reduce a la condición de un hombre ordinario que, en cierto momento, adquirió una conciencia de su divinidad como Hijo de Dios. El nacimiento virginal, los milagros y la resurrección misma son admitidos sólo como conceptos, reducidos a un orden puramente natural.

6) De manera similar en la teología sacramental, algunos elementos son ignorados o no se toman en cuenta, especialmente con respecto a la Eucaristía. Hay algunos que hablan de la presencia real de Cristo bajo la especie de pan y vino como una especie de simbolismo exagerado, como si el poder de la transubstanciación no cambiase el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, sino que simplemente les otorga un significado determinado. Hay quienes, al considerar la Misa, insisten demasiado en el concepto de amor ágape a expensas del concepto de Sacrificio.

7) Algunos explican el Sacramento de la Penitencia como medio de reconciliación con la Iglesia, no expresando suficientemente el concepto de reconciliación con Dios que ha sido ofendido. Afirman simplemente que en la celebración de este Sacramento no es necesario acusarse de pecado, esforzándose por expresar sólo la función social de la reconciliación con la Iglesia.

8) Algunos consideran poco la doctrina del Concilio de Trento respecto al pecado original, o lo explican de una manera que por lo menos ofusca la falta original de Adán y la transmisión de su pecado.

9) Los errores en el campo de la teología moral no son menos triviales. Algunos, de hecho, se atreven a rechazar los criterios objetivos de la moralidad, mientras que otros no reconocen la ley natural, prefiriendo en cambio defender la legitimidad de la llamada ética situacional. Las opiniones deletéreas se extienden sobre la moralidad y la responsabilidad en las áreas de la sexualidad y del matrimonio.

10) Además, es necesario hacer comentarios sobre el ecumenismo. La Sede Apostólica elogia indudablemente a quienes promueven iniciativas, en el espíritu del Decreto conciliar sobre el Ecumenismo, que fomentan la caridad hacia nuestros hermanos separados y los llevan a la unidad en la Iglesia. Sin embargo, es lamentable que algunos interpreten el Decreto conciliar en sus propios términos, proponiendo una acción ecuménica que ofenda la verdad sobre la unidad de la fe y de la Iglesia, fomentando un irenismo pernicioso [el error de crear una falsa unidad entre las diferentes Iglesias ] y un indiferentismo completamente ajeno al espíritu del Concilio.

Estos errores perniciosos, dispersos en diversas partes del mundo, son contados en esta carta sólo en forma resumida para los Ordinarios locales, para que cada uno, según su función y oficio, pueda esforzarse por erradicarlos u obstaculizarlos. Este Sagrado Dicasterio insta fervientemente a los mismos Ordinarios reunidos en sus Conferencias Episcopales a que retomen este punto de discusión e informen a la Santa Sede, según corresponda, enviando sus propias opiniones antes de Navidad de este año. Los Ordinarios, así como aquellos otros que razonablemente decidan consultar en relación con esta carta, deben mantenerla estrictamente confidencial, ya que obvias razones de prudencia desalientan su publicación.

Roma, 24 de julio de 1966. Cardenal A. Ottaviani

Sólo un año después de la publicación de esta carta de Ottaviani en 1966, a mediados de julio de 1967, el Papa Pablo VI retiró silenciosamente, y efectivamente canceló y abolió el Juramento contra el Modernismo, que había sido establecido por el Papa San Pío X.

 

Artículo Publicado Originalmente en onepeterfive.com cuyo autor original es la Doctora Maike Hickson. Traducido y adaptado por Proyecto Emaús.